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viernes, 12 de julio de 2013

El milagro de Álvaro del Portillo

A un bebé, clínicamente muerto, 
le volvió a latir el corazón


El milagro atribuido a la intercesión de Álvaro del Portillo, uno de los colaboradores más cercanos de San Josemaría Escrivá, con el que se avanza en su proceso de beatificación, es una historia sorprendente, que sucede bajo los ojos asombrados de un equipo médico del s.XXI en un hospital de Chile, el país de América con mejor salud maternal y neonatal (solo por detrás de Canadá). 

Todo comenzó en Santiago de Chile, en junio de 2003, cuando el bebé José Ignacio Ureta Wilson fue declarado clínicamente muerto.

A los dos días después de nacer, el pequeño José Ignacio fue operado a causa de una grave malformación en el abdomen y en el corazón. La operación salió bien, pero repentinamente empeoró su estado de salud.

Susana Wilson, la madre del bebé, comenta hoy, diez años después: “Estábamos en la casa de mis suegros y a las 2,30 de la tarde, por ahí, nos llamaron de la clínica y nos dijeron que fuéramos allí inmediatamente porque José Ignacio no estaba bien”.

Un corazón de bebé, 30 minutos sin latir

El corazón del bebé había dejado de latir: había sufrido un paro cardíaco. Los médicos trataron de reanimarlo. Lo intentaron durante 30 minutos. Al final se rindieron. 


Así se curó José Ignacio
 

Una historia más extensa del milagro



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