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viernes, 7 de diciembre de 2012

La fuente de la educación es la belleza: como escribía Dostoevskij: “La belleza salvará al mundo”.


 ''SE EDUCA CON LO QUE SE ES''

Elena Ugolini, subsecretaria del Ministerio de Educación de Italia


Conferencia inaugural del centro Studium Granatense et Sacromontanum

Elena Ugolini, subsecretaria del Ministerio de Educación de Italia, pronunció la conferencia inaugural del recién abierto centro del Arzobispado de Granada, España, Studium Granatense et Sacromontanum. Ofrecemos a los lectores el texto de la conferencia inagural, pronunciada hoy.
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Saludo con afecto a todos los participantes en esta ceremonia de inauguración del nuevo edificio de la escuela superior construida por la Archidiócesis de Granada para albergar el “Centro de Magisterio La Inmaculada”, y algunas otras instituciones educativas de grado superior como la International Academy of Philosophy.
Educar para la belleza
Lo que más impresiona al llegar aquí y ver este nuevo edificio es su belleza, su magnífica belleza.
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¿Cuál es el mensaje educativo más hermoso que podemos ofrecer a nuestros jóvenes? En un momento de grave crisis como el actual, en el que parece que el nihilismo y el escepticismo (también de los adultos) toman la delantera, un lugar como éste es la prueba concreta, encarnada, de que hay una esperanza.
Aquí se ve concretamente que la fuente de la educación es la belleza: como escribía Dostoevskij: “La belleza salvará al mundo”.
Es la frase que ha dicho la directora de un colegio de S. Luca d’Aspromonte, en Calabria, una de las poblaciones de Italia que tienen una tasa más alta de densidad mafiosa.
Me encontré con ella hace cinco meses, en primavera, lloraba. Me hizo ver en su móvil las fotos de su colegio: completamente destruido, con los baños fuera del edificio, expuestos al frío y en condiciones higiénicas indecorosas. Me pidió ayuda; hice poquísimo pero me parecía un delito no hacer nada. Llamé entonces al prefecto de la región (Reggio Calabria), que en pocos meses le ayudó a hacer lo que nadie había conseguido en diez años. Ella, que el año pasado había asumido de mala gana el cargo de directora, con su fuerza de voluntad y su deseo de cambiar las cosas, por fin había conseguido dar a sus muchachos lo que nunca habían tenido, ni pensaban que podrían tener.
Esos mismos muchachos que sólo eran capaces de destruir el edificio, encerrados en sí mismos, tristes y enfadados con el mundo. Después de un año, tras la reestructuración del colegio, con sus padres, los mismos padres que la primera vez que fui a Reggio Calabria ni siquiera me indicaban el camino para llegar al instituto, ahora, durante la inauguración del colegio, nos acogían con gestos de amabilidad, sonrisas y atenciones. Todo el pueblo acudió a ver el nuevo colegio: niños, fontaneros, electricistas, comerciantes.

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