Por qué el Estado no debe regular la vida de los ciudadanos
por Pablo Rodríguez
por Pablo Rodríguez
Políticamente, desde el oficialismo y sectores afines, hoy la palabra “mercados” se la muestra como algo frío, relacionado a grandes y oscuros empresarios que manejan en las penumbras los destinos de los precios, tratando por todos los medios de perjudicar a las masas.
En realidad, la palabra es mucho más amplia y aunque no lo parezca, generosa con el consumidor. El problema es que en nuestro país, como casi todo, el mercado también está totalmente desvirtuado.
La palabra, abarca desde grandes empresarios a la granja de la esquina, por algo al almacén también se lo llama de la misma forma (mercado).
Toda transacción entre 2 o más personas forman un mercado, donde por propia voluntad de las partes se establece un precio de compra / venta.
El problema se genera cuando los Estados —el actual en especial pero los anteriores no se quedaron atrás— se meten en el medio de las partes que están realizando una transacción para regular la actividad.
En realidad, la palabra es mucho más amplia y aunque no lo parezca, generosa con el consumidor. El problema es que en nuestro país, como casi todo, el mercado también está totalmente desvirtuado.
La palabra, abarca desde grandes empresarios a la granja de la esquina, por algo al almacén también se lo llama de la misma forma (mercado).
Toda transacción entre 2 o más personas forman un mercado, donde por propia voluntad de las partes se establece un precio de compra / venta.
El problema se genera cuando los Estados —el actual en especial pero los anteriores no se quedaron atrás— se meten en el medio de las partes que están realizando una transacción para regular la actividad.
Cuando este “mediador” actúa, desvirtúa la realidad de lo que pasa entre las partes, poniendo precios máximos, mínimos o aplicando impuestos que pueden desestimular a una o a ambas partes.
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