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lunes, 16 de enero de 2017

La tentación de las soluciones mágicas ¿Existen soluciones integrales para resolver problemas económicos de alta complejidad?


Reforma del sistema monetario mundial:
¿Utopía o falso debate? 

Por Pablo López Herrera 

"El sabio sabe que ignora." Confucio 


Las reflexiones que siguen están basadas en certezas acumuladas en un cuarto de siglo de actividad en el mundo de las finanzas y de casi medio siglo de seguimiento general de la economía mundial de quien escribe. 

Responden a un espíritu ordenado a la búsqueda de la verdad. Y no deberían contener razonamientos contestatarios respecto de las jerarquías eclesiásticas, sino más bien a los aspectos opinables, en pleno acatamiento externo e interno a la Doctrina Católica y a las verdades de la fe. 

El problema es que la libertad supone elección, y la elección supone discernimiento, para laicos y consagrados. Y en materias opinables, como la del m
ejor sistema monetario posible, el pensamiento utópico también podría vestirse con sotana. 

Algunos problemas que convendría considerar para profundizar el análisis:

• ¿Existen soluciones integrales para resolver problemas económicos de alta complejidad?
• ¿Qué función podría desempeñar eficazmente un sistema financiero global?
• ¿Por qué parece darse menos importancia en medios religiosos al factor moral en el
proceso de creación o destrucción de riqueza que a las técnicas de ingeniería social?
• ¿Cuál es el verdadero papel del estado en la creación y en la distribución de la riqueza?

¿Existen soluciones integrales para resolver problemas económicos de alta complejidad?

Los problemas complejos rara vez se solucionan a partir de propuestas simples. La complejidad no es atractiva, y el maniqueísmo es una tentación de todos los tiempos. Casi siempre es más agradable elegir el lado de los justos y los buenos (las víctimas), antes que a los arbitrarios los malos (los victimarios). Los primeros hoy focalizan sus ideas y energías en defender la distribución estatal de los recursos y de la riqueza, en luchar contra la desnutrición con programas del tipo “hambre cero”, contra la pobreza con proyectos como “pobreza cero”, por la sustentabilidad alimentaria y laboral, por la eliminación de las enfermedades “evitables”, por la protección ambiental, y por la continua ampliación de los derechos humanos, políticos y sociales.

Frente a ellos, se alinean los victimarios, egoístas, acumuladores del poder sin fin y sin medida, acaparadores de los recursos y de la riqueza concentrada, insensibles a las necesidades básicas insatisfechas y a la propagación del hambre y de las epidemias, destructores del empleo a través de su reemplazo por la tecnología, activos agentes tóxicos del medio ambiente, y activos luchadores para la restricción de los derechos humanos, políticos y sociales.

A una persona o grupo que se ubique en el lugar de los “débiles” se le hace relativamente fácil y poco exigente hacer planteos que generen adhesiones y loas públicas, aunque le sea imposible demostrar cómo se va a realizar lo que se promete. Es demagógico afirmar a priori que los costos deben ser asumidos por los “fuertes”, dando por sentado que los deben y pueden asumir por ser fuertes y por ser los “responsables” de los males del mundo, sin analizar en profundidad y técnicamente como será posible hacerlo. Es demagógico afirmar que a los “débiles”, su debilidad los exime de pagar las consecuencias de su irracionalidad y de sus libres elecciones, sin separar las verdaderas víctimas de los responsables corruptos y “podridos” y sin separar las necesidades de base de lo que es accesorio.

Con respecto al desarrollo de un mercado financiero libre y ético una tentación en la que se puede caer fácilmente es demonizar en seguida al mercado como si fuera un sujeto consciente y el resto del mundo estuviera formado y gobernado por ángeles, o –desde el punto de vista de “los mercados- abogar por un frío eficientismo y despreciar el factor moral como si este fuera una variable a no tener en cuenta. Las soluciones mágicas pueden surgir fácilmente de un lado y del otro.

A los humildes, la historia les puede enseñar, siempre que quieran aprender.

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Leer más aquí: iifv.wordpress.com

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