4.7. Dimensión cósmica de la revolución
- “De la
eternidad a la eternidad con Dios” (Sal 90.2)
«El
Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su
campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña
entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció
entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle:
"Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene
cizaña?" El les contestó: "Algún enemigo ha hecho esto." Dícenle
los siervos: "¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?" Díceles:
"No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad
que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los
segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el
trigo recogedlo en mi granero."»
Mateo 13:24-30 "Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Y
se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña
del campo.» El respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del
hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la
cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la
siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. De la misma manera,
pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del
mundo.El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos
los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de
fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos
brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que
oiga." Mateo 13: 36-43[1]
La
cita del Evangelio es lo suficientemente clara como para despejar toda
ambigüedad: “vino su
enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue”. Aparte de que la
cizaña crecerá “hasta la siega”, cabe destacar que la dimensión de la
confrontación, está dada por la existencia y el protagonismo de un “enemigo” en
la historia sagrada y en este marco de referencia, se entiende mejor la
naturaleza y la dimensión de la confrontación. Es imposible entender la
profundidad de la revolución sin considerar el orden sobrenatural y cósmico del
“conflicto”.
La revolución es permanente y cósmica hasta que termine la historia, y
todas las “revoluciones” menores y mayores que intentan imponer sistemas de
creencias y de organización que no respetan el orden de la propia naturaleza,
forman parte –probablemente muchas sin saberlo- de esta gran revolución
cósmica. Si queremos establecer un marco de referencia que sirva para entender
a nuestro escritor, debemos considerar sin duda alguna la realidad en su más
amplia dimensión y abarcando los distintos modos de ser, porque para Solzhenitsyn,
todo tiene que ver con la vida sobrenatural y esto comprende los
acontecimientos a lo largo de toda la historia profana y sagrada desde la
creación del mundo y del hombre hasta su fin.
Así, es mencionado en su discurso de Harvard ese “primer mundo” de
nuestro escritor, cuando afirma que ya
ha comenzado un combate físico y espiritual por nuestro planeta, en el cual las
fuerzas del mal han comenzado su ofensiva decisiva, y que este combate es de
naturaleza cósmica.
Entonces,
es posible y razonable concluir que de “los cuatro mundos” de Solzhenitsyn, el
principal se desenvuelve en el terreno sobrenatural de la historia sagrada, que
es donde se desarrolla la revolución cósmica, reflexión que nos permite llegar
al fondo del mensaje que nos ha dejado este gran pensador.
Porque
la revolución cósmica trasciende a la revolución comunista. Viene de más lejos y va mucho más allá. La
historia no es meramente historia humana, es también la historia de la
salvación. En la historia sobrenatural, los acontecimientos se consideran en su
relación con Dios. Como consecuencia, quien no cree en Dios, quien no cree en
el mundo espiritual, automáticamente deja de ver una parte de la realidad, que
existió, existe y existirá a pesar de no creer en él. El conocimiento por la
fe, no es de menor calidad; tan solo su objeto es de diferente naturaleza.
- Historia sagrada e historia de la revolución
La
historia del mundo es una historia sagrada, que empieza con el mismo inicio
(génesis) del tiempo, en si mismo creado
por Dios y en cuyo transcurso conviven yuxtapuestos el orden natural y el orden
sobrenatural, y que termina conjuntamente con el fin del mundo, confluyendo con
el universo a su propio fin. Dios trasciende al mundo y al tiempo,
interviniendo en su creación y sostenimiento existencial y la historia humana
con todos los acontecimientos que se suceden, se superpone con toda la
creación, que forma parte de la naturaleza cósmica.
La
“revolución cósmica” o la dimensión cósmica de la revolución, se vincula con
una visión de la historia humana en el mayor marco de referencia posible. Con
ese enfoque contemplamos “la acción humana”, que a partir de la irrupción del
pecado, hace que la humanidad pase por períodos de progreso y de decadencia.
Con una perspectiva positiva y llena de fe y
de esperanza, vemos a la historia de toda la humanidad como “historia de la
salvación”, que se dirige a paso firme al momento del cumplimiento total de las
promesas de Dios en el juicio final, la salvación de los justos y la perfección
del paraíso, conformándose una nueva realidad formada por “nuevos cielos y
nueva tierra” coexistentes con la misma eternidad de Dios.[2]
En este contexto, y para el mundo cristiano
del que forma parte Solzhenitsyn, “la historia sagrada” del mundo, comienza conceptualmente
como fuera relatada en el Génesis[3],
y desde entonces ya es posible precisar su naturaleza cósmica, esto es
universal. La revolución tomada en su acepción más amplia (y es la intención de
este ensayo hacerlo) también es cósmica. Porque en la historia, antes de la
caída, el destino del mundo era otro.
En el primer lugar adonde Dios ubicó al
género humano, el hombre pensó que podía elevarse por si mismo a una naturaleza
superior, y la historia de la humanidad cambió para siempre al dejarse engañar por la serpiente, que lo indujo a
creer que Dios escondía la ciencia del bien y del mal para no tener competencia.[4]
Pero Dios tuvo otros planes Por ejemplo, en
el curso de sus manifestaciones a lo largo de la historia sagrada le fue
dada al profeta Daniel[5]
(siglo VII aC) la visión del misterio de la Transfiguración y por lo tanto de
un mundo que evidentemente estaba sobre su naturaleza humana. Esa visión pasó a
formar parte de la Revelación.[6]
También en los Salmos, llamados de
entronización (96 a 102) se describe y pone de manifiesto el poder de Dios y se
exhorta a los pueblos y a toda la creación a rendir tributo, alabar, adorar y
reconocer a Dios como creador y Rey de toda la tierra, transmitiendo esa visión
cósmica a la que hacemos referencia. Así fueron agregando los que
transcribieron, santamente inspirados la
“información” necesaria para la toma de las mejores decisiones por parte
del hombre.[7]
También ¿David? en el Salmo 40 (39), en un
canto de acción de gracias, reconoce la necesidad y la vigencia de la ley
divina: “entonces dije: "Aquí estoy. En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que
hacer: yo
amo, Dios mío, tu voluntad, y
tu ley está en mi corazón".”
En el relato de la misma Transfiguración de
Lucas en el Monte Tabor, se ve como le es dado al hombre poder asomarse a la
gloria de Jesús, y poder así testificar al resto de la humanidad esta
experiencia y esta realidad.[8]
Y el mismo San Pedro va a testimoniar también
acerca de esa misma experiencia, destacando en particular la recepción de “la
voz del Padre”.[9]
En las Escrituras, se puede ver cómo queda
clara la relación entre el mundo creado y Dios Creador, la lógica relación
entre ambos, la evidencia de la realeza de Cristo y la lógica deducción del
lema de San Pablo a los cristianos de Efeso sobre la necesidad del “instaurare
omnia in Christo” retomado 19 siglos después por San Pío X al incorporarlo a su lema papal. En una homilía atribuida a San Macario de Egipto
(¿-390) – monje - Homilías espirituales, nº 15, § 30-31 se reconoce la realeza
de Cristo, venido a librarnos de la muerte: “En el mundo visible, si un pueblo
pequeño declara la guerra al rey, éste no se molesta en dirigir él mismo la
batalla sino que manda soldados con sus jefes y entran en combate. Si, por el
contrario, el pueblo que se levanta contra el rey es poderoso y capaz de
arrasar su reino, el rey se ve obligado a entrar él mismo en combate con su
corte y su ejército, y dirigir él mismo la batalla. ¡Mira, pues, cuál es tu
dignidad! Dios mismo ha combatido son su ejército, quiero decir con sus ángeles
y santos espíritus, viniendo él mismo a protegerte para librarte de la muerte.
Ten confianza, pues, fíjate de qué providencia eres objeto.”
También afirma el Salmo 145 que el Reino de
Dios, al que esta llamada la humanidad, es eterno: “Reina el Señor eternamente,
reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.” Que así sea. Ya es tiempo para la
humanidad de volver a enseñar y aprender la Historia Sagrada, puesto que en
ella vivimos, conscientes o inconscientes.
- Revolución francesa y revolución cósmica
El trono y el altar - relaciones entre el poder temporal y el poder espiritual
Luis XIII consagra el reino de Francia a Notre-Dame [10]
El “instaurare omnia in Christo” de San Pablo
fue y es interpretado de diferentes maneras a lo largo de la historia. Y aunque
no forma parte de este ensayo el análisis de las relaciones entre el poder
temporal y el poder espiritual, lo cierto es que por muchos siglos esta
relación era percibida de un modo diferente a la que existe en nuestra
“civilización”, y estaba integrada con naturalidad durante largos siglos la
pertinencia de hacer referencia a los dos mundos en la gestión de la “cosa
pública”. Como ejemplo, Luis XIII decidió consagrar el
reino de Francia a nuestra Señora
y se percibe claramente en el texto de consagración la naturalidad con que
están integrados “los dos mundos”. Mediante este documento se instruía
para que cada iglesia en el reino consagrara su capilla principal a la Reina
del Cielo, en la medida en que la iglesia misma no estuviera ya bajo el
patrocinio de la Virgen,
Declaración del Rey Luis XIII de Francia por la cual Su Majestad proclama que toma a la Santísima y Gloriosa Virgen como protectora especial de su reino (10 de Febrero de 1638)
Declaración del Rey Luis XIII de Francia por la cual Su Majestad proclama que toma a la Santísima y Gloriosa Virgen como protectora especial de su reino (10 de Febrero de 1638)
Dios,
que eleva a los reyes al trono de su grandeza, no contento con habernos dado el
espíritu que Él envía a todos los príncipes de la tierra para la conducción de
sus pueblos, ha querido dar una señal tan especial sobre nuestra persona y
nuestro Estado, que no podemos considerar el buen curso de nuestro reinado, sin
mirar tanto los efectos maravillosos de su bondad, como los accidentes que nos
pudieron haber perdido.
Cuando Nosotros habíamos entrado al gobierno de esta corona, la debilidad de nuestra edad dio lugar a algunos espíritus malvados para turbar la tranquilidad; pero esta mano divina sostuvo con tanta fuerza la justicia de nuestra causa que vimos a un tiempo en nacimiento y el final de sus perniciosos designios. En otros tiempos, habiendo los artificios de los hombres y la malicia del diablo suscitado y fomentado las divisiones no menos peligrosas para nuestra corona que perjudiciales para el reposo de nuestra casa, a Él le ha placido desviar el mal mal tanto con la dulzura como con la justicia.
Habiendo formado así la rebelión de la herejía había un partido en el Estado, que no tiene otro fin que de fraccionar nuestra autoridad, Él se ha servido de nosotros para abatir el orgullo, y ha permitido que nosotros hayamos restaurado sus santos Altares en todos los lugares donde la violencia de este partido injusto había quitado las señales. Cuando nosotros emprendimos la protección de nuestros aliados, Él ha dado el afortunado suceso a nuestras armas, que a la vista de toda Europa, contra la esperanza de todo el mundo, nosotros les habíamos restablecido en la posesión de sus estados de donde habían sido depuestos.
Si las más grandes fuerzas de los enemigos de esta corona se han concordado para conspirar su ruina, Él ha confundido sus ambiciosos designios para hacer ver a todas las naciones que, como su providencia ha fundado este Estado, su bondad le conserva y su poder le defiende.
Tantas gracias hechas tan evidentes que para no diferir su reconocimiento, sin esperar la paz, que nos vendrá sin duda de la misma mano de la cual hemos recibido, y que Nos deseamos con ardor para hacer oler sus frutos a los pueblos que nos son confiados, Nos hemos creído estar obligados a prosternarnos a los pies de su Divina Majestad que adoramos en tres Personas, ante los de la Santísima Virgen y la Santa Cruz, donde veneramos el cumplimiento de los misterios de nuestra Redención mediante la vida y la muerte del Hijo de Dios encarnado, de consagrarnos a la grandeza de Dios por su Hijo rebajado hasta nosotros, y en este Hijo elevado hasta Él por su Madre; a cuya protección ponemos particularmente nuestra persona, nuestro Estado, nuestra corona y todos los que están sujetos a nosotros para obtener por este medio de la Santísima Trinidad, por su intercesión y de toda la corte celestial por su autoridad y ejemplo, y sieno que nuestras manos no son tan puras para presentar nuestro ofrecimiento a la Pureza misma, creemos que Aquella que han sido digna de portarlo, le ofrezcan hostias agradables y es cosa muy razonable que siendo medianera de estos beneficios, Le tributemos acciones de gracias.
Por estas razones, hemos declarado y declaramos que tomamos a la Santísima y Gloriosa Virgen por protectora especial de nuestro reino, y a Ella consagramos particularmente nuestra persona, nuestro Estado, nuestra corona y a los que están sujetos a nosotros, suplicando que se digne inspirarnos una santa conducta y defendernos con tanto empeño este reino contra los esfuerzos de sus enemigos, que, ya sea que sufra el flagelo de la guerra o goce la dulzura de la paz que nosotros le pedimos a Dios de todo corazón, que no aparte de nosotros los caminos de la gracia que conduce a la gloria. Y a fin que la posteridad no pueda dejar de seguir nuestra voluntad en esta materia, para monumento y señal inmortal de la consagración presente que nosotros hacemos, haremos construir de nuevo el altar mayor de la Catedral de París con una imagen de la Virgen que tenga en sus brazos a su precioso Hijo descendido de la Cruz, y donde nosotros seremos representados a los pies del Hijo y de la Madre ofreciéndoles nuestra corona y nuestro cetro.
Advertimos al señor Arzobispo de París y no menos le ordenamos que todos los años y en la fiesta de la Asunción, haga hacer conmemoración de nuestra presente declaración en la Misa mayor que se diga en su iglesia catedral, y que después de las Vísperas de dicho día, sea hecha una procesión en la dicha iglesia a la cual asistirán todas las compañías soberanas (Tribunales reales) y el cabildo de la villa, con ceremonia parecida a la que se observa en las procesiones generales más solemnes; lo que queremos también se haga en todas las iglesias, tanto parroquiales como las de los monasterios de la dicha villa y suburbios, y en todas las villas, burgos y aldeas de la dicha diócesis de París.
Exhortamos igualmente a todos los arzobispos y obispos de nuestro reino y et no menos les ordenamos hacer celebrar la misma solemnidad en sus iglesias episcopales y demás iglesias de su diócesis; entendiendo que en la dicha ceremonia las cortes de Parlamento y otras compañías soberanas y los principales oficiales de la ciudad estén presentes; y todavía más en los distintos obispados que no estén dedicados a la Virgen, Nos exhortamos a los dichos arzobispos y obispos que en este caso le hagan dedicar la principal capilla de dichas iglesias y sea hecha la dicha ceremonia y elevar un altar con un ornamento conveniente a una acción tan célebre y amonestar a todos nuestros pueblos a tener una devoción particular a la Virgen, de implorar en este día su protección a fin que bajo tan poderosa Patrona nuestro reino esté a cubierto de todas las empresas de sus enemigos, que goce largamente de una buena paz; que Dios sea servido y reverenciado tan santamente en el último fin por el cual hemos sido creados; porque este es nuestro buen placer.
Dado en Saint-Germain-en-Laye, el décimo día de febrero, año de la Gracia mil seiscientos treinta y ocho, y de Nuestro reinado el vigésimo octavo.
Firmado: LUIS
Cuando Nosotros habíamos entrado al gobierno de esta corona, la debilidad de nuestra edad dio lugar a algunos espíritus malvados para turbar la tranquilidad; pero esta mano divina sostuvo con tanta fuerza la justicia de nuestra causa que vimos a un tiempo en nacimiento y el final de sus perniciosos designios. En otros tiempos, habiendo los artificios de los hombres y la malicia del diablo suscitado y fomentado las divisiones no menos peligrosas para nuestra corona que perjudiciales para el reposo de nuestra casa, a Él le ha placido desviar el mal mal tanto con la dulzura como con la justicia.
Habiendo formado así la rebelión de la herejía había un partido en el Estado, que no tiene otro fin que de fraccionar nuestra autoridad, Él se ha servido de nosotros para abatir el orgullo, y ha permitido que nosotros hayamos restaurado sus santos Altares en todos los lugares donde la violencia de este partido injusto había quitado las señales. Cuando nosotros emprendimos la protección de nuestros aliados, Él ha dado el afortunado suceso a nuestras armas, que a la vista de toda Europa, contra la esperanza de todo el mundo, nosotros les habíamos restablecido en la posesión de sus estados de donde habían sido depuestos.
Si las más grandes fuerzas de los enemigos de esta corona se han concordado para conspirar su ruina, Él ha confundido sus ambiciosos designios para hacer ver a todas las naciones que, como su providencia ha fundado este Estado, su bondad le conserva y su poder le defiende.
Tantas gracias hechas tan evidentes que para no diferir su reconocimiento, sin esperar la paz, que nos vendrá sin duda de la misma mano de la cual hemos recibido, y que Nos deseamos con ardor para hacer oler sus frutos a los pueblos que nos son confiados, Nos hemos creído estar obligados a prosternarnos a los pies de su Divina Majestad que adoramos en tres Personas, ante los de la Santísima Virgen y la Santa Cruz, donde veneramos el cumplimiento de los misterios de nuestra Redención mediante la vida y la muerte del Hijo de Dios encarnado, de consagrarnos a la grandeza de Dios por su Hijo rebajado hasta nosotros, y en este Hijo elevado hasta Él por su Madre; a cuya protección ponemos particularmente nuestra persona, nuestro Estado, nuestra corona y todos los que están sujetos a nosotros para obtener por este medio de la Santísima Trinidad, por su intercesión y de toda la corte celestial por su autoridad y ejemplo, y sieno que nuestras manos no son tan puras para presentar nuestro ofrecimiento a la Pureza misma, creemos que Aquella que han sido digna de portarlo, le ofrezcan hostias agradables y es cosa muy razonable que siendo medianera de estos beneficios, Le tributemos acciones de gracias.
Por estas razones, hemos declarado y declaramos que tomamos a la Santísima y Gloriosa Virgen por protectora especial de nuestro reino, y a Ella consagramos particularmente nuestra persona, nuestro Estado, nuestra corona y a los que están sujetos a nosotros, suplicando que se digne inspirarnos una santa conducta y defendernos con tanto empeño este reino contra los esfuerzos de sus enemigos, que, ya sea que sufra el flagelo de la guerra o goce la dulzura de la paz que nosotros le pedimos a Dios de todo corazón, que no aparte de nosotros los caminos de la gracia que conduce a la gloria. Y a fin que la posteridad no pueda dejar de seguir nuestra voluntad en esta materia, para monumento y señal inmortal de la consagración presente que nosotros hacemos, haremos construir de nuevo el altar mayor de la Catedral de París con una imagen de la Virgen que tenga en sus brazos a su precioso Hijo descendido de la Cruz, y donde nosotros seremos representados a los pies del Hijo y de la Madre ofreciéndoles nuestra corona y nuestro cetro.
Advertimos al señor Arzobispo de París y no menos le ordenamos que todos los años y en la fiesta de la Asunción, haga hacer conmemoración de nuestra presente declaración en la Misa mayor que se diga en su iglesia catedral, y que después de las Vísperas de dicho día, sea hecha una procesión en la dicha iglesia a la cual asistirán todas las compañías soberanas (Tribunales reales) y el cabildo de la villa, con ceremonia parecida a la que se observa en las procesiones generales más solemnes; lo que queremos también se haga en todas las iglesias, tanto parroquiales como las de los monasterios de la dicha villa y suburbios, y en todas las villas, burgos y aldeas de la dicha diócesis de París.
Exhortamos igualmente a todos los arzobispos y obispos de nuestro reino y et no menos les ordenamos hacer celebrar la misma solemnidad en sus iglesias episcopales y demás iglesias de su diócesis; entendiendo que en la dicha ceremonia las cortes de Parlamento y otras compañías soberanas y los principales oficiales de la ciudad estén presentes; y todavía más en los distintos obispados que no estén dedicados a la Virgen, Nos exhortamos a los dichos arzobispos y obispos que en este caso le hagan dedicar la principal capilla de dichas iglesias y sea hecha la dicha ceremonia y elevar un altar con un ornamento conveniente a una acción tan célebre y amonestar a todos nuestros pueblos a tener una devoción particular a la Virgen, de implorar en este día su protección a fin que bajo tan poderosa Patrona nuestro reino esté a cubierto de todas las empresas de sus enemigos, que goce largamente de una buena paz; que Dios sea servido y reverenciado tan santamente en el último fin por el cual hemos sido creados; porque este es nuestro buen placer.
Dado en Saint-Germain-en-Laye, el décimo día de febrero, año de la Gracia mil seiscientos treinta y ocho, y de Nuestro reinado el vigésimo octavo.
Firmado: LUIS
Cómo veía un cura de campaña la
separación del trono y el altar, en tiempos de la revolución
Ciento
cincuenta años después, se produce la toma de la Bastilla y la revolución toma
el poder en Francia. Llegados a este punto, puede apreciarse el problema y la
dificultad real que se planteaba a muchos en aceptar los cambios que se
imponían por vía de la “autoridad revolucionaria”. Estos eran considerados como
atentados a un orden secular que se consideraba casi natural -y a la recta
razón- frente a los que solo cabía resistir. Porque la revolución francesa, fue
antirreligiosa y anticatólica en su propia esencia: “El 14 de julio de 1789
el populacho toma la Bastilla
en París, lo que da fin al Antiguo Régimen
y comienzo a la Revolución francesa, que nacionaliza
los bienes del clero, deroga los votos monásticos perpetuos y las órdenes
regulares menos las que se dedican a la educación y a la caridad, y adopta una
constitución civil del clero (Asamblea Constituyente el 12 de julio de 1790)
que será rechazada por el Papa. También provoca el cisma entre sacerdotes y
obispos "constitucionales" y los que se mantienen fieles a la
Iglesia. Al ser guillotinado el Rey Luis XVI el 21 de enero de 1793, el Papa
repudia el acto y celebra exequias, y el gobierno ejecuta a 2 obispos y 216
religiosos como acto de represalia.”[11] El 10 de noviembre de 1793, la Convención proclama
a la “Diosa Razón”. Y para rendir culto a la misma, se consagra el altar mayor
de la recientemente incendiada catedral de Notre Dame de Paris.
Es
interesante apreciar cómo un cura de campaña
veía la separación del trono y el altar en
tiempos de la revolución y es posible
hacerlo a través de los sermones que se conservan de Yves-Michel
Marchais, cura de La Chapelle-du-Genet, Anjou de 1763 a 1798. Sus observaciones
son pertinentes y dignas de reflexión, porque avanzado ya el siglo XXI, y más
allá del análisis puramente político o filosófico de la revolución, hay un
aspecto que la herencia del iluminismo todavía vigente en el siglo XXI acepta con
facilidad: que la legitimidad social del orden monárquico y la unión del trono
y el altar carecen de lógica y fundamento. De hecho, solo por el terror y por
la fuerza pudo imponerse la revolución y lograr sus fines.
El padre Marchais explicaba esta siempre compleja relación
a sus feligreses en un sermón del 4 de junio de 1775, en ocasión de los
sabotajes que provocaban la desaparición de granos y harina con intención de
echarle la culpa al gobierno y provocar una sublevación: “En todos los tiempos,
mis queridos hermanos, en lo que tiene que ver entre sacerdocio e imperio, es
decir el gobierno de un reino y de la Iglesia, se han ayudado mutuamente,
siendo ese acuerdo mutuo el que ha ayudado a florecer a ambas instituciones.
Por lo sublime de su doctrina y la santidad de su moral, la religión instruye y
hace espirituales a los pueblos; y enseñándoles a adorar solamente a Dios como
único ser independiente, creador y señor soberano de todas las cosas, también
les enseña a honrar, respetar y a amar a los reyes como depositarios del poder
de Dios y encargados por el mismo del gobierno civil o exterior de los reinos.
Y los reyes, a su vez, usufructuando de los felices efectos de esas grandes
verdades y –en su favor- reinando tanto sobre los corazones como sobre las
personas respondiendo a la religión por el honor que reciben de ella, y
autorizan sus decretos y ordenanzas, apoyan a sus ministros y con su autoridad
mantienen a todo en la legitimidad del deber. Tal es el orden de esta soberana
sabiduría que habiendo creado a uno y a otra y disponiendo de todo a su
voluntad, ha juzgado necesaria esta dependencia recíproca y quiere que el
Estado proteja a la religión, al mismo tiempo que la religión santifica al
Estado.”
En 1789, con la revolución en marcha, el rey escribe
una carta a la población pidiendo oraciones por la paz civil (2 de septiembre).
En su sermón del 27 de septiembre el Padre Marchais condena entonces los principios
mismos de la revolución: “Los conjuro, mis hermanos, a no fiarse ni hacer caso
de algunas declamaciones que puedan oír provenientes de algunos fanáticos.
¡Cuídense! Porque bajo el imponente rótulo de “la libertad natural del hombre”
y “la igualdad debida al solo nacimiento”, los inspirarían al más peligroso de
todos los males, que es la independencia, y al pretendido placer de vivir según
su voluntad. Y pronto los persuadirían que en calidad de hombres iguales, cada
uno es totalmente dueño de si mismo en esa condición, y que los derechos,
privilegios y exenciones particulares atribuidos hasta ahora a algunas familias
y dignidades son solamente abusos. Sin distinguir ni explicarles en qué
consisten esos abusos –que podrían existir y que existen sobre algunos puntos.
Y podrían fácilmente inducirlos a error, incluyendo también a las mismas propiedades
como abusos, o a los bienes, o a los fondos. Quizás los harán creer, como han
creído ya algunos pertenecientes a vuestro estado, que pronto los bienes que
ustedes tienen bajo contrato, serán personalmente vuestros, porque con los
pagos efectuados y las penas sufridas ya los han comprado. ¡Qué deplorable
extravagancia! Mis hermanos, que Dios los preserve de tales groserías. Háganse
ustedes mismos el honor de pensar de mejor manera, respetando y honrando al rey
como jefe de la nación, a quién no podemos rechazar sin culpa, y obedeciendo a
todo lo que no sea contrario a la ley de Dios; respeten también y honren, en el
grado que corresponde, a la nobleza y a los señores que tienen el primer rango
y que merecen prerrogativas y distinciones del rey. No deseen ver caer sus
privilegios con demasiada intensidad, sino solamente los abusos que podrían
hacer de esos privilegios y el fardo demasiado pesado de algunas cargas que los
oprimen”.
Sesenta años después, al comienzo del Manifiesto del Partido Comunista
(1848), Marx y Engels comienzan con la enumeración de quienes se habían
conjurado “en santa jauría” frente al espectro del comunismo: “todas las
potencias de la vieja Europa, el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, los
radicales franceses y los polizones alemanes”, continuando con la imagen
“potencias de la vieja europa + papa + zar” como el gran enemigo a ser abatido.
- Revolución
rusa y revolución cósmica
Dostoievski: “como los demonios entraron en la piara de cerdos”
En 1872, casi medio siglo antes de la revolución rusa, Dostoievski
incluye un crimen “que se produce en Moscú a
finales de 1869 en su novela Los demonios. Describe que Serguéi
Necháyev, revolucionario, terrorista, anarquista y nihilista,
asesina por diferencias ideológicas, a Iván Ivanov, estudiante y compañero en
la célula revolucionaria a la que ambos pertenecían.” Fiódor
Dostoyevski explica los cambios que se pueden producir en
quienes pierden la fe: “un hombre que se aleja de su gente y sus raíces
nacionales también pierde la fe en sus ancestros y su Dios, bien, si quieres
saberlo, este es en esencia el tema de mi novela. Se llama Los
demonios y describe cómo estos demonios entraron en la piara de cerdos”[12]Dostoievski
también fue revolucionario. Las ideas liberales que predicaba la inteligentzia rusa
en la década de los 40 habrían sido las semillas “de los brotes de nihilismo en
la generación posterior”, de donde germinaron personajes como los protagonistas
de su novela Los demonios[13],
posiblemente inspirados en los círculos de anarquistas, que Dostoievski conocía
bien. Estos personajes, no son simples
protagonistas de una aventura meramente “humana”… La proximidad y la perenne
vigencia de los temas y de los personajes de Dostoievski llamó la atención de
Camus[14]:
“Los endemoniados es una de las cuatro o cinco obras que yo pongo por
encima de todas las demás. En más de un aspecto, puedo decir que me alimenté de
ella y que con ella me he formado... Las criaturas de Dostoievski, lo sabemos
bien ahora, no son ni extrañas ni absurdas. Se parecen a nosotros, tenemos el
mismo corazón.”
Dostoievski
reflejó la cultura de su época, planteó los conflictos que sucedían en la
realidad, y utilizó personajes reales como modelos, e ideas también vigentes en
su tiempo. Respecto del futuro, profetizó en “Los endemoniados” que “el
comunismo conquistará un día, sin importar si los comunistas tienen razón o no.
Pero este triunfo se mantendrá muy lejos del Reino de los Cielos. De todos
modos, debemos aceptar que este triunfo llegará un día, aunque ninguno de los que
dirigen el destino de la humanidad tienen alguna idea al respecto” El personaje central Stavroguin “ha perdido la capacidad de distinción entre
el bien y el mal” que no solo desconoce para si, sino que no cree en su mera
existencia: “no hay bien ni mal”. Se casa con una discapacitada cuyo asesinato
sabe que se está tramando, y no solo no hace nada para impedirlo, sino que se
juzga finalmente a si mismo en conciencia como culpable de la muerte de su
mujer. Personificaba a un revolucionario con toda la lógica del ateísmo, la
absoluta primacía de la voluntad humana, como si esta misma ocupara el lugar de
Dios. Piotr Stepanovich que conspira para voltear al gobierno e implantar el
socialismo, cree en Stavroguin como un líder despotico necesario, con “extraordinaria
aptitud para el crimen” y Shigalov,
intelectual y revolucionario, piensa en el lado humano de la revolución
triunfante, que estará llamada a reemplazar a la libertad por el despotismo,
con la esclavización del 90 % de la sociedad, un gobierno policial, el reino
del terror por parte de un estado opresor y supresor de toda vida cultural y
artística.
Lenin y la religión
Desde el mismo comienzo de las revolución
rusa, Lenin prosigue la lucha y plantea respecto de la religión y la iglesia[15] una posición resueltamente desafiante: “Dios
es (en la historia y la vida real) ante todo el conjunto de ideas engendradas
por el bestial sometimiento del hombre, tanto por la naturaleza que lo rodea
como por el yugo de clase, ideas que afianzan ese sometimiento, adormecen la
lucha de clases” … “El marxista debe ser materialista, o sea, enemigo de la
religión; pero debe ser un materialista dialéctico, es decir, debe plantear la
lucha contra la religión no en el terreno abstracto, puramente teórico, de
prédica siempre igual, sino de modo concreto en el terreno de la lucha de
clases que se despliega en la práctica y que educa a las masas más que nada y
mejor que nada”
Para describir cómo veía Lenin la religión, Mario
Noya utiliza una cita de Paul Johnson[16]:
“La religión era importante para él, en el sentido de que la odiaba. A
diferencia de Marx, que la despreciaba y la trataba como un fenómeno marginal,
Lenin entendía que era un enemigo poderoso y ubicuo. (…) “No puede haber nada
más abominable”, escribió, “que la religión”. Desde el principio, el estado
creado por él organizó (…) una enorme máquina de propaganda académica dirigida
contra la religión. No era sólo anticlerical como Stalin, que experimentaba
antipatía hacia los sacerdotes porque eran individuos corruptos. Por el
contrario, Lenin no manifestaba verdaderos sentimientos con respecto a los
clérigos corruptos, porque a éstos resultaba fácil derrotarlos. Los hombres a
quienes temía y odiaba realmente, y a los que después persiguió, eran los
santos. Cuanto más pura la religión, más peligrosa era. Afirmaba que un clérigo
abnegado tiene una influencia mucho mayor que uno egoísta e inmoral. Era
necesario reprimir no a los clérigos comprometidos con la defensa de la
explotación, sino sobre todo a los que expresaban su solidaridad con el
proletariado y los campesinos.”
Paul Kengor recordaba hace poco a la
izquierda religiosa contemporánea norteamericana que el socialismo es
anticristiano en su esencia: “¿Qué decía Lenin sobre la religión? Haciéndose
eco de su héroe, Karl Marx escribía en diciembre de 1905 que "La religión
es el opio del pueblo"; "La religión es una especie de bebida
espiritual". Lenin veía al socialismo como algo incompatible con las
creencias religiosas: "Todos deben ser absolutamente libres de... ser ateos,
lo que es todo socialista por regla general”. Esa era la evaluación moderada de
un hombre que escribía que "no hay nada más abominable que la
religión" y "toda adoración a una divinidad es una necrofilia".
Sí, necrofilia. Declaraba también que: " lo que el proletariado socialista
demanda del estado moderno y de la iglesia moderna es la separación completa de
la Iglesia y el Estado”. Lenin insistía, como hoy afirmaría en Estados Unidos
un progresista secular del siglo XXI, que" la religión debe ser declarada
un asunto privado ", aunque por supuesto, una vez que Lenin y sus
bolcheviques se hicieron cargo del poder una década más tarde, se negaron a
tolerar la religión incluso como un asunto privado. De hecho, incluso en esa
carta de 1905, Lenin lo admitía: “exigimos que la religión se mantenga como un
asunto privado en lo que respecta al estado. Pero de ninguna manera podemos
considerar la religión como un asunto privado en lo que respecta a nuestro
Partido”. En su estado soviético, el Partido era la autoridad suprema e
infalible, y el Partido Comunista de la Unión Soviética perseguiría sin
descanso lo que Mikhail Gorbachov llamó" una guerra total contra la
religión”.[17]
- La revolución cósmica en el marco de la
cristiandad
El mundo de la teología
Ya en nuestros días[18],
Stefano Fontana se pregunta “si el concepto de revolución encuentra acogida en
la Doctrina Social de la Iglesia, teniendo en cuenta que durante mucho tiempo
los pontífices, en sus encíclicas sociales, condenaron el uso de esa expresión”.
Realiza al respecto varias afirmaciones de gran interés, sobre conceptos como
el orden, la verdad y la lógica, la continuidad, el gnosticismo, el progresismo
y la teología, que simplemente enumeramos.[19]
Orden: “la revolución
destruye el orden precedente al que, a veces, quiere sustituir por otro nuevo.
¿Por qué digo “a veces” y no siempre? Porque en la revolución hay un elemento
que le impide pararse en un cierto orden nuevo, pero que la obliga a destruir
cualquier orden. Una revolución coherente con su propia lógica no se sacia
nunca. La revolución, de hecho, no es contraria a este orden,
sino al orden”
Verdad
y lógica: “toda revolución está en contra de la lógica y de
la verdad y, como consecuencia, se opone a todo orden, al orden en sí. El
rechazo de la naturaleza humana, de moda hoy, no es el rechazo de un cierto
orden antropológico, sino del orden antropológico como tal”
Continuidad: “La revolución
rompe la relación entre el orden que nos precede y el orden que está delante:
destruye el primero y reduce el segundo a puro arbitrio”
Gnosticismo: “En cada
revolución hay un alma gnóstica. La gnosis, de hecho, presenta sobre todo este
carácter: no acepta ningún orden que la preceda porque limitaría la libertad y,
por tanto, quiere destruir cada principio de realidad para remodelarlo según la
autodeterminación. La gnosis no acepta la creación y la naturaleza y quiere dar
vida a una nueva creación y a una nueva naturaleza.” … “todas las herejías son
revoluciones gnósticas. Todos los mecanismos políticos tienen un alma religiosa
gnóstica. Toda la política moderna responde a estos criterios”
Progresismo: “el progresismo
es una sucesión de micro-revoluciones cuyo sentido no se basa en construir un
orden, sino en destruir el orden precedente y cada orden en cuanto precedente.”
… “el progresismo no sabe juzgar cuándo un paso hacia delante es verdaderamente
un paso hacia adelante y cuando no. Más bien lo aprende a medida que se
desarrolla, pero en base a criterios que son sólo operativos. La práctica como
verdad es, por consiguiente, la última razón (no-razón) del progresismo”
Teología: “la idea de
revolución, como también de progresismo, ha penetrado con profundidad en
la teología católica. Hoy esta presencia está centrada, sobre todo, en la
prioridad de la pastoral respecto a la doctrina”
La revolución satánica
El Prof. Roberto
de Mattei presento hace poco un informe[20]
en el que define a la Revolución como “satánica en su esencia, porque tiene
como objetivo deshacer la obra de la Creación y de la Redención para construir
el Reino social del demonio, un infierno en la tierra que prefigura el de la
eternidad, como así también el Reino social de Cristo prefigura el Reino del
Paraíso celestial.” Describe allí con claridad la posición de la Iglesia frente
al comunismo: “Para intentar hacer un poco de luz sobre el mysterium iniquitatis, es necesario volver al primer
momento de la historia universal. Así León XIII afirma en su Encíclica Humanum genus del 20 de abril de 1884 contra la masonería: “El género humano, después que, por ´por la envidia de Lucifer´ se
rebeló desafortunadamente contra Dios, creador y dador de dones sobrenaturales,
se dividió en dos campos contrarios y enemigos uno del otro, de los cuales uno
combate sin descanso por el triunfo de la verdad y la virtud, y el otro lucha
por el triunfo del mal y del error. El primero es el reino de Dios en la
tierra, es decir, la verdadera Iglesia de Jesucristo. Los que quieren
pertenecer a ésta de corazón con sincero afecto y como conviene para su
salvación, deben entregarse al servicio de Dios y de su Unigénito Hijo con todo
su entendimiento y toda su voluntad. El segundo es el reino de Satanás. Bajo su
jurisdicción y poder se encuentran todos quienes, siguiendo los funestos
ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, se niegan a obedecer la
ley divina y eterna y emprenden multitud de obras prescindiendo de Dios o
combatiendo contra Dios.»
El Papa León XIII enseña entonces que la
humanidad está dividida en dos campos que se combaten sin tregua: el reino de
Dios, constituido por la Iglesia de Cristo, y el reino de Satanás, constituido
por los secuaces del demonio. Esta lucha no es un episodio en la historia, sino
que se remonta al primer momento de la creación del universo y durará hasta el
fin de los tiempos.”
En su exposición, el Prof. de Mattei
transcribe una adaptación a nuestros días de una célebre página de Mons.
Jean-Jacques Gaume (1802-1879): “Si, arrancando la máscara a la Revolución, le
preguntáramos: ¿Quién eres?, ella os dirá: Yo no soy lo que se cree. Muchos
hablan de mí y poquísimos me conocen. Yo no soy ni la oligarquía financiera, ni
el mundialismo norteamericano, ni el Moloch ruso, ni el dragón chino. No
soy los inmigrantes islámicos que invaden Europa para conquistarla, ni los
sodomitas que se manifiestan contra la familia para destruirla Yo no soy ni
Marco Pannella ni Emma Bonino. No soy Obama ni Soros. Estos hombres son mis
hijos, no son yo. Estas cosas son mis obras, no son yo. Estos hombres y estas
cosas son hechos pasajeros y yo soy un estado permanente.“Yo soy el odio a todo
orden religioso y social que el hombre no ha establecido y en el cual él no es
rey y Dios conjuntamente. Yo soy la proclamación de los derechos del hombre contra los derechos de
Dios. Yo soy la
filosofía de la rebelión, la política de la rebelión, la religión de la
rebelión: yo soy la negación armada (nihil armatum); soy la fundación del estado religioso y
social ¡según la voluntad del hombre en lugar de la voluntad de Dios! En una
palabra, soy la anarquía, porque soy Dios destronado y el hombre en su lugar.
Es por ello que me llamo Revolución, es decir, derrocamiento”. Para de Mattei,
se trata de “una marcha organizada, una marcha armada hacia la nada, bajo el
poder de aquel poder de las tinieblas del que muchas veces habla San Pablo en
sus Epístolas. (Ef.
6 12; Col. 1, 13; Lc. 22, 53).”[21]
Revolución cósmica y revolución
cultural: orden y ruptura moral y social
“Las revoluciones
populares pueden derrocar a los tiranos, pero generalmente provocan el caos
porque no solo derriban al jefe de estado, sino que además desmantelan muchos
de los hábitos normales del trato social y de la interacción económica” The
sensate culture, Harold O.J. Brown, 1996
En estos días, Regis Nicoll[22]
analiza también las consecuencias del abandono de Dios por la sociedad: pronto
esa ruptura lleva a la ruptura social, enlazando el enfrentamiento de Satan con
Dios, la rebelión del hombre y las repercusiones en una cultura sin valores. La
ruptura del orden moral –uno de los objetivos de la revolución- lleva irremediablemente
a la ruptura del orden social. Y de este modo se relaciona la revolución
cósmica con la revolución cultural.
“Debido a que Dios, la Fuente del ser, es
social, nosotros, hechos a su imagen, también somos sociales. Por esta razón,
la alegría, la paz y la plenitud para las que fuimos creados se experimentarán
solo en la medida en que estemos unidos verticalmente hacia El y
horizontalmente hacia cada uno de nuestros semejantes. También significa que
cuando trabajamos para restaurar lo que Satanás ha dividido (nuestras
relaciones con Dios, esposos, vecinos y con la naturaleza) cumplimos con las
directivas divinas de amor, discipulado y mayordomía.”
En “Lo que la Trinidad revela sobre Dios y
nosotros[23]”, Regis
Nicoll afirma que “a medida que la sociedad "se ha vuelto más
individualista, también se ha vuelto menos consciente moralmente", lo que
se traduce en "ciertas formas de ruptura social". … nuestra ruptura
moral ha llevado a nuestra ruptura social y las patologías asociadas con
nuestra La atomización de Dios y del prójimo. Es una trayectoria que se remonta
al principio. Una vez que Dios proclamó: "¡Es bueno!", Satanás
comenzó a desgarrar lo que Dios había reunido. Al sembrar la semilla de la
desconfianza, Satanás enfrentó con éxito al hombre contra Dios. Luego, en
rápida sucesión, volvió al marido contra la esposa, al hermano contra el
hermano, al vecino contra el vecino, al hijo contra el padre, al hombre contra
su propia naturaleza y, eventualmente, a la madre contra su hijo. Si no se
puede confiar en Dios, no se puede hacerlo en nadie, ni en nuestro gobierno, ni
en nuestras iglesias, ni en nuestras familias, en nadie. Nuestra pérdida de fe
no solo nos aísla de Dios, nos aísla de la tradición, de la sabiduría
generacional, de los valores compartidos y entre nosotros mismos, creando una
sociedad balcanizada de “los otros” transformados en competencia, donde incluso
el niño en el vientre de su madre representa una amenaza para nuestro
bienestar. Durante los últimos cuarenta años, los "frutos" de la atomización
de Dios y del prójimo incluyeron la escalada del divorcio, los hogares sin
padres, las familias mono parentales, el sexo sin matrimonio, el matrimonio sin
hijos, los niños no unidos a sus padres biológicos y la pérdida de dos mil
millones (! ) de niños en todo el mundo gracias al aborto[24] .
Además, la insatisfacción personal, la decepción y la depresión se encuentran
en niveles récord en una era de progreso tecnológico, médico y económico sin
precedentes en la historia.”
Uno podría sentirse más inteligente
pensando que la humanidad “no tiene la culpa” de la elección y decisión
equivocada de Adán y Eva, o pensar que es el mejor ejemplo de lo que no hay que
hacer, y que los resultados han sido simplemente los naturalmente derivados de
las causas que los produjeron, aunque no nos sea posible comprender todo el
proceso, todavía. Después de todo, lo que sucede en toda la humanidad es el
resultado de la acción humana, por naturaleza libre y responsable. No
hay nada nuevo bajo el sol. Para completar esta reflexión recordamos que
Orígenes advertía ya a principios de
primer milenio[25] la
relación entre conductas individuales y “Reino de Dios”: y que “no pueden
coexistir el reino de Dios y el reino del pecado. Por consiguiente, si queremos
que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo «el pecado siga
dominando nuestro cuerpo mortal» antes bien, mortifiquemos «todo lo terreno que
hay en nosotros» y fructifiquemos por el Espíritu; de este modo, Dios se
paseará por nuestro interior como por un paraíso espiritual y reinará en
nosotros él solo con su Cristo, el cual se sentará en nosotros a la derecha de
aquella virtud espiritual que deseamos alcanzar: se sentará hasta que todos sus
enemigos que hay en nosotros sean puestos «por estrado de sus pies», y sean
reducidos a la nada en nosotros todos «los principados, todos los poderes y
todas las fuerzas».” Así, como causa y consecuencia de las
actividades de la las vidas y el mundo, en el centro y en la periferia de esta nueva
trama basada en el orden y el desorden nacional e internacional, actúan hoy los
líderes, los movimientos, las naciones y alianzas unidos por concepciones y
sentimientos basados en la “soberanía y la identidad”, como causas de la guerra
y la paz… “El pensamiento internacional
católico anterior al siglo XX localizaba las causas de la guerra tanto en la
naturaleza caída de la humanidad como en la naturaleza anárquica del sistema
internacional. Con respecto a la primera de ellas, desde la época de los Padres
de la Iglesia, pensadores cristianos clave como Orígenes, Tertuliano y Agustín
argumentaron que la guerra era un subproducto del pecado personal. Todos están
de acuerdo en que, como resultado de la caída de Adán, el orgullo, la vanidad y
lo que Agustín llamó libido dominandi,
el deseo de dominación, conducen a los príncipes a tratar de someter a sus
vecinos o a provocar otros males graves. Como Agustín y Aquino argumentaron más
explícitamente, la naturaleza caída de la humanidad da lugar a dos tipos de
guerra: las guerras injustas motivadas por el orgullo, la vanidad y la libido dominandi, y las guerras justas, luchadas en defensa
propia sea contra las agresiones injustas o para castigar a los malvados. A
partir de la Edad Media, pensadores católicos como Dante Alighieri y Pierre
Dubois también llegaron a ver lo que ahora llamaríamos un "sistema
internacional anárquico" como una importante -aunque meramente permisiva-
causa de la guerra. Argumentaban que dicho sistema internacional carecía, por
su propia naturaleza, del poder político universal que le permitiera juzgar las
disputas entre reinos y otros poderes menores y, por lo tanto, mantener la paz.
Como resultado, argumentaban que los conflictos que surgen naturalmente entre
unidades políticas que persiguen sus propios intereses solo pueden resolverse
mediante el arbitraje o la diplomacia; y en caso de fallan de ambos, la guerra.
Este argumento tomó una forma específica para Dante: la guerra está causada por
la falta de un imperio universal que pueda juzgar definitivamente las disputas
entre las potencias menores. Para Dubois, la guerra es igualmente causada por
la falta de un consejo internacional encargado de mantener lo que ahora
llamaríamos seguridad colectiva. Esta era la etiología predominante de la
guerra en el mundo del pensamiento católico internacional hasta principios del
siglo XX: la guerra es el producto de la naturaleza humana caída y la
naturaleza anárquica del orden internacional.”[26]
Los modos de manejar el poder y de
generar y transmitir influencia, varían según el tipo de organización social,
desde las tribus, clanes, monarquías, imperios, democracias, repúblicas, hasta
los grupos internacionales privados no atados a alguna nación específica o
públicos ligados a naciones y grupos de poder muchas veces anónimos, a los que
se suma lo que permite la tecnología de comunicaciones y financiera
globalizada. En el colosal tramado que constituyen las diferentes formas de
organización social, mas aquellos lugares donde reina la anarquía, siempre hay
personas -y acción humana- que provocan que la dirección que tomen los grupos
humanos sea una u otra.
De cualquier modo, el principal problema está
siempre en el interior: "Una nación puede sobrevivir a sus tontos, e
incluso a sus ambiciosos, pero no puede sobrevivir a la traición desde dentro.
Un enemigo de frente es menos peligroso porque es conocido y lleva su bandera
abiertamente. Pero el traidor se mueve con libertad entre los que están. El
traidor pudre el alma de una nación, trabaja en secreto y por la noche para
minar los pilares de la ciudad, infectando el cuerpo político de modo que ya no
pueda defenderse." (Marco Tulio Ciceron).
“Nuestras iniquidades”,
siempre tienen consecuencias en la vida social. De allí las llamadas de
Solzhenitsyn a la auto moderación y el auto control. Si las enseñanzas y el ejemplo de Alexander Solzhenitsyn pudieran
sintetizarse en un solo pensamiento, este sería que el futuro de nuestras
vidas, la de nuestras familias, empresas, comunidades y el de la misma
humanidad entera, depende de cómo cada ser humano utilice -en el presente- su
cabeza para pensar rectamente, que sea
capaz de pronunciar las palabras correctas para que quien caiga en su esfera de
influencia piense y actúe con integridad y virtuosamente, y haga en cada
momento todo lo que se espera de él, sin holgazanear ni escaparle a nada,
aunque no le parezca placentero o gratificante en primera instancia.
En definitiva, la ruptura moral es causa de
ruptura social, y en definitiva se trata de que en la relación entre las
conductas de las personas y el “Reino de Dios”, hay incompatibilidad entre este
Reino y los pecados individuales. En el Libro
de Esdras, probablemente escrito entre el
460 y 440 a.C se pueden realizar dos lecturas. Una es la del arrepentimiento de
la conducta del pueblo elegido frente a Dios y en la relación creador-creado.
Pero también se aprecia que hay consecuencias terrenales debidas a la falta de
conducta y a la inmoderación: “Entonces
me levanté, y con la túnica y el manto desgarrados, caí de rodillas, extendí
las manos hacia el Señor, mi Dios, y dije: Dios mío, estoy tan avergonzado y
confundido que no me atrevo a levantar mi rostro hacia ti. Porque nuestras
iniquidades se han multiplicado hasta cubrirnos por completo, y nuestra culpa
ha subido hasta el cielo. Desde los días de nuestros padres hasta hoy, nos
hemos hecho muy culpables, y a causa de
nuestras iniquidades, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes, fuimos
entregados a los reyes extranjeros, a la espada, al cautiverio, al saqueo y a
la vergüenza, como nos sucede en el día de hoy. Pero ahora, hace muy poco
tiempo, el Señor, nuestro Dios, nos ha concedido la gracia de dejarnos un resto
de sobrevivientes y de darnos un refugio en su Lugar santo. Así nuestro Dios ha
iluminado nuestros ojos y nos ha dado un respiro en medio de nuestra
esclavitud. Porque nosotros estamos sometidos; pero nuestro Dios no nos ha
abandonado en medio de la servidumbre. El nos obtuvo el favor de los reyes de
Persia, para animarnos a levantar la Casa de nuestro Dios y restaurar sus
ruinas, y para darnos una muralla en Judá y en Jerusalén.” [27]
[1] Mateo,
13 -
Bíblia Católica Online Leia mais em: https://www.bibliacatolica.com.br/la-biblia-de-jerusalen/mateo/13/
[2] “Recuerden la Escritura: Ni ojo vio, ni oído oyó, ni
por mente humana han pasado las cosas que Dios ha preparado para los que lo
aman.” Primera Carta de San Pablo a los Corintios
[3]
"Génesis, 2 1.Concluyéronse, pues, los cielos y la
tierra y todo su aparato, 2.y dio por concluida Dios en el séptimo día la labor
que había hecho, y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera. 3.Y
bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él cesó Dios de toda la
obra creadora que Dios había hecho. 4.Esos fueron los orígenes de los cielos y
la tierra, cuando fueron creados. El día en que hizo Yahveh Dios la tierra y
los cielos, 5.no había aún en la tierra arbusto alguno del campo, y ninguna
hierba del campo había germinado todavía, pues Yahveh Dios no había hecho
llover sobre la tierra, ni había hombre que labrara el suelo. 6.Pero un
manantial brotaba de la tierra, y regaba toda la superficie del suelo.
7.Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus
narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente. 8.Luego plantó
Yahveh Dios un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre que había
formado. 9.Yahveh Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles deleitosos a
la vista y buenos para comer, y en medio del jardín, el árbol de la vida y el
árbol de la ciencia del bien y del mal." Génesis, 2 Bíblia
Católica Online http://www.bibliacatolica.com.br/la-biblia-de-jerusalen/genesis/2/
[4]
Génesis, 3 - 1.La
serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios
había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de
ninguno de los árboles del jardín?» 2.Respondió
la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. 3.Mas
del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de
él, ni lo toquéis, so pena de muerte.» 4.Replicó
la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis. 5.Es
que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los
ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.» 6.Y
como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y
excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su
marido, que igualmente comió. 7.Entonces
se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban
desnudos; y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceñidores.
[5] Daniel 7,
9-10.13-14
[6] Yo, Daniel, tuve
una visión: vi que colocaban unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestido era
blanco como la nieve, sus cabellos como lana blanquísima; su trono, llamas de
fuego con ruedas encendidas; un río de fuego brotaba delante de él. Miles y
miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó el juicio y se
abrieron los libros. Yo seguí
contemplando en mi visión nocturna, y vi a alguien, semejante a un Hijo de
hombre. venir entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el Anciano de muchos
siglos y fue introducido a su presencia. Entonces recibió la soberanía, la
gloria y el reino. Y todos los pueblos y naciones de todas las lenguas le
servían. Su poder nunca se acabará porque es un poder eterno. Su reino jamás
será destruido.
[7]
Salmo 97 - 1El SEÑOR reina; regocíjese la tierra; Alégrense las muchas
islas.2Nubes y densas tinieblas Lo rodean, Justicia y derecho son el fundamento
de Su trono.3Fuego va delante de El, Y quema a Sus adversarios en derredor.4Sus
relámpagos iluminaron el mundo; La tierra vio y se estremeció.5Como cera se
derritieron los montes ante la presencia del SEÑOR, Ante la presencia del Señor
de toda la tierra.6Los cielos proclaman Su justicia, Y todos los pueblos han
visto Su gloria.7Sean avergonzados todos los que sirven a imágenes talladas,
Los que se glorían en los ídolos. Póstrense ante El todos los dioses.8Oyó Sion
esto y se alegró, Y las hijas de Judá se han regocijado A causa de Tus juicios,
oh SEÑOR.9Porque Tú eres el SEÑOR, el Altísimo sobre toda la tierra, Muy
excelso sobre todos los dioses.10Los que aman al SEÑOR, aborrezcan el mal; El
guarda las almas de Sus santos; Los libra de la mano de los impíos.11Luz se ha
sembrado para el justo, Y alegría para los rectos de corazón.12Justos,
alégrense en el SEÑOR, Y alaben Su santo nombre.
[8]
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 28b-26 En aquel tiempo, Jesús se
hizo acompañar de Pedro, Santiago y Juan, y subió a un monte para hacer
oración. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se
hicieron blancas y relampagueantes. De pronto aparecieron conversando con él
dos personajes, rodeados de esplendor: eran Moisés y Elías. Y hablaban de la
muerte que le esperaba en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban rendidos de
sueño; pero, despertándose, vieron la gloria de Jesús y de los que estaban con
él. Cuando éstos se retiraban, Pedro le dijo a Jesús: "Maestro, sería
bueno que nos quedáramos aquí y que hiciéramos tres chozas: una para ti, una
para Moisés y otra para Elías", sin saber lo que decía. No había terminado
de hablar, cuando se formó una nube que los cubrió; y ellos, al verse envueltos
por la nube, se llenaron de miedo. De la nube salió una voz que
decía: "Este es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo". Cuando cesó
la voz, se quedó Jesús solo. Los discípulos guardaron silencio y por entonces
no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.
[9]
“Nosotros escuchamos esta voz del cielo” - Lectura de la segunda carta del
apóstol san Pedro 1, 16-19 Hermanos: Cuando les anunciamos la venida
gloriosa y llena de poder de nuestro Señor Jesucristo, no lo hicimos fundados
en fábulas hechas con astucia, sino por haberlo visto con nuestros propios ojos
en toda su grandeza. En efecto, Dios lo llenó de gloria y honor, cuando la
sublime voz del Padre resonó sobre él diciendo: "Este es mi Hijo amado, en
quien yo me complazco". Y nosotros escuchamos esta voz, venida del
cielo, mientras estábamos con el Señor en el monte santo. Tenemos también la
firmísima palabra de los profetas, a la que con toda razón ustedes consideran
como una lámpara que ilumina en la oscuridad, hasta que despunte el día y el
lucero de la mañana amanezca en sus corazones.
[10] http://wwwmileschristi.blogspot.com/2017/02/el-voto-del-rey-luis-xiii-de-francia.html - https://www.lesalonbeige.fr/15-aout-fete-nationale-de-la-france-consecration-de-la-france-a-la-sainte-vierge/
[14] ( Albert Camus. Brody, 1975, p. 291) A
Camus se le atribuye la famosa afirmación
“el siglo XXI será espiritual, o no será”, sin poderse afirmar cuando la
habría pronunciado.
[15] En “Acerca de la Religión”
[16] Paul
Johnson, Tiempos modernos, Vergara, Barcelona, 2000, p. 73. http://www.marionoya.com/2011/07/19/lenin-la-religion-y-los-religiosos/
[17] The Religious Left Just Doesn’t Get It: Socialism Is
Anti-Christian, PAUL KENGOR, SEPTEMBER 11,
2019 https://www.crisismagazine.com/2019/the-christian-left-doesnt-get-it-socialism-is-anti-christian
[20] (el 16 de
mayo de 2019 en el Rome Life Forum, celebrado en la Pontificia
Universidad Santo Tomás de Aquino (Angelicum))
[21] Misterio de iniquidad: del Nuevo orden
mundial al caos global - 7
junio 2019
https://es.corrispondenzaromana.it/misterio-de-iniquidad-del-nuevo-orden-mundial-al-caos-global/
[22] What the Trinity Reveals About God and Us, Regis
Nicoll - Regis Nicoll is a retired nuclear engineer and a fellow of the Colson
Center who writes commentary on faith and culture. His new book is titled Why There Is a God: And Why It Matters. https://www.crisismagazine.com/2018/trinity-mystery-revealing-nature-god
[24] https://www.crisismagazine.com/2018/can-handle-truth
[25]
Orígenes”, La oración, 25; GCS 3, 356 (c. 185-253).
[26] On War: The
Strange Death of Catholic International Thought - by Andrew Latham and Chris
Werbos - Sobre la guerra: la extraña muerte del pensamiento católico
internacional por Andrew Latham y Chris Werbos -
https://onepeterfive.com/death-catholic-war/
[27] Libro de Esdras 9,5-9.
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