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sábado, 25 de febrero de 2017

Todas las revoluciones prometen el paraíso en la tierra y la liberación de las cadenas…. Y todas, sin excepción, acaban en un baño de sangre.


Francisco J. Contreras: “El Islam lleva las de ganar en el choque de trenes con la izquierda en Europa”

por Alfonso Basallo 


Todas las revoluciones prometen el paraíso en la tierra y la liberación de las cadenas…. Y todas, sin excepción, acaban en un baño de sangre. La francesa, la bolchevique -de la que se cumplen ahora 100 años-, la mexicana…


No fue una excepción la revolución sexual de los años 60. Y eso que, de entrada, parecía una revolución amable -haz el amor y no la guerra-. Flores, hippies, música, besitos… No se veían trenes blindados como en 1917, ni guillotinas como en 1789, sino amor, mucho amor.

Y en lugar de la toma de la Bastilla, lo que hubo fue la toma de la pastilla… que, por primera vez en la Historia, permitía separar placer de procreación y dejar a los Romeos y Julietas de la época de los Beatles expresar espontáneamente el amor sin la espada de Damocles de sus consecuencias.

Pero la bomba de relojería que activó la píldora anticonceptiva le ha estallado a Occidente medio siglo más tarde. Porque ha destruido el significado nupcial y el significado procreativo del cuerpo humano (para eso fue expresamente diseñado: “Creced y multiplicaos…”), ha roto hogares, ha enfrentado a hombres contra mujeres en la guerra de sexos, ha convertido el placer en un ídolo de barro al que se supedita todo lo demás, y ha sembrado Occidente de “singles” sin vínculos y sin familia, perpetuos adolescentes incapaces de asumir responsabilidades; y por lo tanto, fácilmente manipulables por los Gobiernos.

Y, como todas las revoluciones, ha acabado en sangre. Las antiguas decapitaban reyes o fusilaban zares, la revolución sexual de los años 60, acaban con bebés en el vientre materno.

Y como todas las revoluciones, lo que ha traído la de los años 60 no ha sido el paraíso en la tierra sino una dictadura. La dictadura de la cultura de la muerte y de la ideología de género, que destruye el último reducto de libertad auténtica: la familia.

Desolador panorama… si no fuera porque en la vieja Europa hay sectores de la sociedad que siguen creyendo en la familia, célula originaria de la libertad -como decía Benedicto XVI-; naciones que luchan por la dignidad humana acaso por haber sufrido en sus carnes botas totalitarias -Polonia, Hungría, Croacia, Eslovenia- o que no renuncian a la Resistencia frente a invasores más sutiles pero no menos peligrosos que los nazis -como la Francia de la Manif pour Tous-; y minorías creativas que, como los irreductibles galos de Astérix, se niegan a rendirse.

De todo eso -de la reconquista de Europa a través de la familia- he tenido ocasión de conversar con el profesor Francisco José Contreras, editor del libro La batalla por la familia en Europa (La Manif pour tous y otros movimientos de resistencia) (editorial Sekotia).

Catedrático de Filosofía del Derecho y ensayista, bien conocido por los lectores de Actuall, gracias a sus perspicaces columnas, Contreras hace un “parte de guerra” de aquella batalla en la entrevista que te ofrezco como suscriptor del periódico


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El catedrático y ensayista analiza el efecto devastador sobre Europa de la revolución sexual de los 60 -con la punta de lanza de mayo del 68-, la decadencia demográfica y la 'invasión' islamista, y la posible solución: la revolución de la familia, incoada por la Manif pour tous.


El catedrático en Filosofía del Derecho Francisco José Contreras.la autoridad. Y también en Francia ha surgido La Manif pour tous, una revolución antropológica para defender el triángulo padre-madre-hijos, cimiento de la civilización, seriamente amenazado por la cultura de la muerte y la Ideología de Género.

Francisco José Contreras, catedrático de Filosofía del Derecho, ensayista, conferenciante, columnista de Actuall, ha coordinado el libro La batalla por la familia en Europa (La Manif pour tous y otros movimientos de resistencia) (ed. Sekotia), en el que él mismo y otros treces cualificados autores reflexionan sobre lo mucho que se juega Europa en un momento de decadencia moral y demográfica como no se veía desde la caída del Imperio Romano.

Autores como Jean Sévillia, Ludovine de la Rochère, Luca Volonté, Sophia Kuby, Mayor Oreja o Benigno Blanco, entre otros, describen el paisaje antes y después de la batalla, y las iniciativas a favor de la familia y la vida en los distintos países de la UE, todo un movimiento de resistencia frente a una forma de tiranía más sutil pero más peligrosa que los totalitarismos nazi y comunista.

¿Comencemos por el principio, la gran crisis cultural de Occidente empieza en los años 60 con la revolución sexual?

Bueno, es difícil establecer esas cosas de manera categórica. Hay quien se remonta –buscando el origen de “la crisis cultural de Occidente”- nada menos que al nominalismo de Guillermo de Ockham (s. XIV), o a la ruptura de la cristiandad con la Reforma, o a la “filosofía de la sospecha” (Nietzsche-Marx-Freud)…

Yo me refería al ataque a la familia de la revolución de los años 60.

Pero sí, sin duda la revolución sexual de los años 60 y la consiguiente desestructuración de la familia han hecho mucho daño a la sociedad occidental. Por lo demás, ya había habido una “revolución sexual” en los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, aunque no tan masiva y definitiva como la de los 60-70.

Son inevitables los paralelismos con Roma: en el momento de máximo esplendor, una civilización se tambalea porque deja de tener hijos…

Sí. En Roma hubo intentos de reacción: el emperador Augusto promulgó leyes que incentivaban fuertemente el matrimonio y la paternidad. Pero, al final, la “invasión de los bárbaros” –que fue una infiltración paulatina, más que invasión violenta- tuvo mucho que ver con vacíos demográficos que son llenados por pueblos más jóvenes y más dispuestos a reproducirse.

Como ahora…

Exactamente igual a lo que vemos ahora.

Nuestra cultura postmoderna es la primera en la historia que se ha desentendido de la reproducción (…) Y lo vamos a pagar muy caro.

Hablando de hijos, dice vd. en el libro que lo más determinante en el matrimonio no es el amor, sino la unión de hombre y mujer para tener hijos. Explíquelo porque suena un poco feo…

El matrimonio es (o era) una institución que promociona la formación y larga duración de parejas hombre-mujer sólidas. La razón fundamental por la que el Derecho incentivaba y protegía a la pareja hombre-mujer era su fecundidad: de ahí salen niños, ahí es donde los niños pueden ser cuidados y socializados correctamente.

Es cuestión de vida o muerte para una sociedad que exista un número suficiente de parejas hombre-mujer dispuestas a procrear y educar: lo primero lleva unos minutos, pero lo segundo requiere décadas. Ahí se juega la conservación de la especie. Lo han sabido todas las culturas, y por eso institucionalizaron y sacralizaron el matrimonio bajo una u otra modalidad (monógama o polígama).

…Menos el Occidente actual

Nuestra cultura postmoderna es la primera en la historia que se ha desentendido de la reproducción, anteponiendo la libertad amorosa de los adultos al bienestar de los niños, que necesitan criarse con su papá y su mamá. Y lo vamos a pagar muy caro.

¿Mayo del 68 materializa aquello de “matar al padre” que decía Freud, al negar la autoridad?

En efecto, entre las difusas ideas de mayo del 68 destacaba la rebelión contra toda forma de autoridad (“prohibido prohibir”, etc.), incluida muy especialmente la del padre de familia. Freudomarxistas como Wilhelm Reich o Herbert Marcuse y neomarxistas como Antonio Gramsci llevaban medio siglo denunciando la “familia burguesa” como una institución represiva y castrante.

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