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viernes, 23 de diciembre de 2016

"Temo más la cobardía dentro de la iglesia que a las presiones externas"


 ¡Gracias, Mons. Juan C. Sanahuja, heraldo fiel del Señor de la Vida!


Mª Virginia

“El hará volver el corazón de los padres hacia sus hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres, para que yo no venga a castigar el país con el exterminio total.” (Mal. 3, 24)


No dudamos que el llamado de Dios Padre a celebrar más cerca Suyo la fiesta de la Vida por excelencia que es la Navidad, ha sido el galardón más justo a una vida sacerdotal signada por la defensa de la verdad y de la vida. Así de ejemplar y consoladora para los fieles, ha sido la de Mons. Juan Claudio Sanahuja.

Nada es casual para el cristiano.

Tampoco creemos que sean casuales las lecturas de hoy, referidas a Juan, el Precursor. Porque hoy también Dios nos envía discípulos fieles, enteramente Suyos, para no desviar el rumbo en la tempestad, porque
El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.El Señor da su amistad a los que lo temen
y les hace conocer su alianza.(Salmo 25, 8-14).

La Iglesia también nos trae en este día la memoria de “otro Juan”,S. Juan de Kety, -siglo XV-, notable académico y celoso presbítero polaco, de quien hallamos palabras muy oportunas que muy bien podría hacer suyas el querido p. Sanahuja: «La tristeza no agrada a Dios. Si algún bien os he hecho en estos años, cantad un himno de alegría».

Muchos, muchos más de los que el padre Juan Claudio se imaginaría, lo echaremos de menos, Dios sabe cuánto, porque su siembra fue cuantiosísima.

Seguramente en los próximos días se multiplicarán losreconocimientos a su obra, que ha abierto los ojos de católicos de varias generaciones acerca de uno de los campos en donde más ferozmente se nos insta a librar el buen combate en nuestros tiempos: la “biopolítica”. Nos atrevemos a afirmar que casi nadie, ni laico ni consagrado, ha hablado con tanta claridad y lucidez como él, sobre estas cuestiones. Hay que admitir que muchos se extrañaban y no daban crédito, hace ya más de quince años, cuando oían al p. Juan Claudio advertir sobre el panorama siniestro que se avecinaba tras las banderas de la ideología de género.

Personalmente, damos profundas gracias a Dios por habernos dado la gracia de conocerlo y de tratarlo, y como justo reconocimiento a su labor, instamos a rogar por su eterno descanso y compartimos la semblanza que nos da su más dilecta discípula y colaboradora, Mónica del Río, en el boletín electrónicoNotivida (Año XVI, Nº 1031, 23 de diciembre de 2016):

¡GRACIAS PADRE JUAN CLAUDIO SANAHUJA!



Misa de exequias: 24 de diciembre, 10 hs, Basílica Ntra. Sra. del Pilar (Junín 1898, Recoleta)

Esta mañana y tras haber anunciado durante décadas el Evangelio de la Vida, entregó su alma a Dios el P. Juan Claudio Sanahuja.

En su trabajo empeñoso abrevaron las más de las iniciativas que se llevan adelante en el país, para la defensa y promoción de la vida humana y la familia.

Fue un luchador de la Fe que nos animó a defenderla con palabras, pero también con hechos y sin dejarnos amedrentar por las consecuencias. “Tal como están las cosas una persona que no tiene siquiera una denuncia ante el INADI debería inspirarnos desconfianza”. “¿Qué es más importante para un colegio católico, ser fiel a su identidad o evitar la demanda del profesor homosexual cesanteado?”.

Destacó reiteradamente que “la reingeniería social antinatural que intentan imponer tiene un único escollo: la religión cristiana” y describió acabadamente las nuevas formas de espiritualidad con que intentan suplantarla. Denunció sin ningún temor a los financistas del Nuevo Orden y a las mesas de consenso que marcan la agenda de la ONU.

Convirtió al boletín electrónico en una herramienta de combate. No redactaba noticias para que la gente sólo estuviera informada, advertía al desprevenido y exhortaba al militante.

Desnudó los intereses espurios de los organismos internacionales. Transmitía con generosidad las conclusiones a las que arribaba su mirada aguda tras analizar, fatigosamente, documentación profusa. Revisaba minuciosamente documentos que seguía desde su aparición como borrador inicial, hasta su publicación oficial. Forjó un estilo de trabajo que se tradujo en información veraz e incuestionable.

No especulaba con intereses mezquinos: “Acabemos con los falsos respetos humanos y llamemos a las cosas por su nombre”.

Tampoco esquivaba sinsabores: “Si es así, así hay que transmitirlo, sin edulcorarlo”.

Movilizó muchas batallas que podía anticipar perdidas, destacando el valor del testimonio. “Lo único que falta es que ellos salgan del closet y nosotros aprovechemos el hueco para meter nuestras convicciones en el ropero”.

Impulsó ruedas de enlace entre las ong provida y convocó muchas veces a manifestarse frente a ámbitos legislativos.

Al estilo de los viejos maestros formaba el “olfato” de los jóvenes: “si escuchan hablar de ecologismo, de ecumenismo, de pacifismo… comiencen a sospechar”. Trataba de abrirles los ojos para que no fueran manipulados y entonces les lanzaba frases cortas y concretas:“Salud reproductiva es aborto”. “Luchar contra la homofobia es hacer apología del homosexualismo”. “No hay manera de conjugar catolicidad con diversidad”.

Cuando le presentaban las dificultades de este tiempo no dejaba de señalar que el martirio es una gracia, pero rápidamente hacía hincapié en el esfuerzo y la entrega cotidiana, como para que nadie pueda huir del compromiso. “Lo primero es rezar y lo segundo es tener una vida coherente con los principios que declamamos”. “Lo único que tenemos que intentar es ser buenos soldados de Cristo y sostener ese intento durante toda la vida”. Junto a su lecho advertimos el intento sostenido, que ya le mereció, seguramente, la recompensa del Cielo.

Nunca puso reparos en nuestra tarea, su confianza fue plena. El mensaje fue claro, lo único vedado es arriar las banderas.

Mónica del Río

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Para quienes nunca lo han escuchado, valga como “pantallazo” de su prédica, esta conferencia del año 2015




https://youtu.be/bpzNYL-Yr9w






y esta entrevista perfectamente actual, del 2012:

https://youtu.be/1CqVgTc2ZEE






¡Nuevamente gracias por su fidelidad, padre, y hasta el Cielo!!

Fuente: infocatolica.com

Padre Juan Claudio Sanahuja, mañana sábado a las 10 hs Misa en Nuestra Señora del Pilar


Juan Claudio Sanahuja, in memoriam

por Juanjo Romero

Mañana, sábado 24 de diciembre, a las 10, en la parroquia Nuestra Señora de Pilar (Junín 1898, del barrio porteño de la Recoleta) se oficiará la misa de exequias y luego será inhumado en el Cementerio de la Recoleta.




Acaba de fallecer el querido padre Juan Claudio Sanahuja, bloguero y colaborador de InfoCatólica. Como dice el P. Christian, él «que tantó luchó en defensa del niño por nacer, fue llamado a su encuentro con el Señor, cuando el Niño Dios está por nacer»

Licenciado en Ciencias de la Información y Doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Ordenado sacerdote en 1972, pertenecía a la Prelatura del Opus Dei.

Conocido y respetado defensor de la vida y la familia, autor de «El Gran Desafío: la Cultura de la Vida contra la Cultura de la Muerte»; «El Desarrollo Sustentable. La nueva ética internacional» y «Poder Global y religión universal» y de otros seis libros en colaboración con otros autores.

Puso sus dones naturales al servicio de la evangelización. Pionero de la publicación en internet funda en 1998 el boletín electrónico «Noticias Globales» del que, en 2001 se desprendió Notivida, boletín dedicado a los mismos temas, enfocado a Argentina, con la estrecha colaboración de Mónica del Río.

Asesor Eclesiástico de la Fundación Nueva Cristiandad y Vice-asesor del Consorcio de Médicos Católicos de Buenos Aires.Miembro correspondiente de la Pontificia Academia Pro-Vita. Colaboró con el Pontificio Consejo para la Familia cuyo presidente, el cardenal Alfonso López Trujillo, lo llamó a participar en 1992 en el Primer Encuentro de los Movimientos Pro-Vida de América, organizado en Monterrey, México.

Allí pasó a integrar el grupo encargado de implantar la agenda pro-vida y pro- familia en América Latina. Desde entonces, su actividad fue muy intensa, siempre en colaboración estrecha con el Consejo Pontificio para la Familia.

En 2011, Su Santidad Benedicto XVI le otorgó el título de Capellán de Su Santidad, incorporándolo de esta manera a la Familia Pontificia “por su dedicación al servicio del Evangelio de la vida”.

Los que tuvimos la suerte de conocerle fuimos testigos de suentrega a las almas y su dolor por la Iglesia, siempre presentados por su inmensa sonrisa. Su labor sacerdotal siempre fue guiada por el deseo de ser «’alter Christus, ipse Christus’, otro Cristo, el mismo Cristo» como tantas veces le oyó decir a San Josemaría. Su amor al Señor era la raíz de todo lo demás, por eso su pasión en la defensa de los más pequeños, de los débiles y de la familia arrastraba a todos.

Fino analista que sazonaba los momentos más dramáticos con toques de humor, incluso sobre él mismo. Pude comprobarlo en estos últimos días, cuando la rápida enfermedad se iba desarrollando. Y cómo ofreció hasta el último momento sus dolores por la Iglesia.

Personalmente fue un apoyo en tiempos de tribulación, con su consejo y su prudente valentía; y me atrevo a decir lo mismo de otros blogueros de InfoCatólica, de muchos sacerdotes en su Argentina y de fieles por todo el mundo.

Os animo a que en las puertas de la Navidad ofrezcamos oraciones por el eterno descanso de su alma, él lo preferiría a cualquier panegírico. Poder presentarse con las «vestiduras blancas» (Ap 3, 5) y las manos llenas.

Don Juan Claudio. DEP y muchas gracias.

Fuente: infocatolica.com

jueves, 22 de diciembre de 2016

Christianity guided Western civilization for over a millennium


How Progressives Stole Christian History


By David Byrne


The Greeks invented philosophy. They gave us Herodotus, the father of history, too. Their philosophy of history was cyclical, meaning they believed history had highs and lows, but lacked purpose. The Christian intellectual tradition first proposed that history moves in a linear fashion, corresponds with progress, and culminates with a utopian end point. Modern day “progressives” have inherited this Christian philosophy, and merely substituted their values.

It was the great St. Augustine who initially posited a comprehensive teleological (with an end) philosophy of history. Drawing upon Old Testament conceptions of history, Augustine divided the past into epochs, one following the other: Adam to Noah, the time of Abraham, the era of David, the Babylonian Captivity, Jesus and the age of grace, and, finally, the Second Coming, when God’s justice reigns on Earth. “How great shall be that felicity,” Augustine imagines, “which shall be tainted with no evil, which shall lack no good and which shall afford leisure for the praises of God, who shall be all in all!” The final triumph of God is the end of history, the end of all progress. Its advent is inevitable.

Christianity corresponds with Enlightenment because one must know God in order to acquire knowledge, since all things come from God. Augustine declares in Confessions, “Can we say, then, my Lord and my God of truth, that you favor the astronomer? Far from it. Let him know all that can be known of that science, but not know you, and he is lost, while blessed is the man, ignorant of astronomy, who knows you.” The non-believers live in absolute darkness, separate from God and truth. Augustine compares them to those described in 2 Timothy 3:7 who are always learning and never able to arrive at a knowledge of the truth. The enlightened, righteous man knows God and his wisdom.

No thinker in history has been surrounded by so much change as Augustine, because the Roman Empire was crumbling. The Mother of the World, the Eternal City, was sacked three years before Augustine published his City of God, but the barbarian rampage was just a necessary condition for a new age. The fall of Rome meant the world was progressing, in a linear manner, from pagan darkness toward Christian Enlightenment. The Roman world was sin-ridden, its gods were helpless, hence its collapse. A new dawn beckoned.

For roughly a millennium, Augustine’s conceptions of history—as well as Christian views on progress and Enlightenment—dominated Western thought. These concepts were challenged during the Renaissance when humanist critics of scholasticism, favoring Greco-Roman culture and intellectual insights, argued for a cyclical narrative of history, again void of purpose. Unlike Christian humanists, such as Erasmus and his circle, these pagan humanists thought history did not move in a straight line, but was littered with highs and lows. Contra Augustine, the Classical Era became a new high point in history, and the Middle Ages was deemed a “dark age,” characterized by barbarianism and Catholic Church domination. The humanists hoped to restore the best aspects of Western civilization by harkening back to the glory of antiquity. Instead of relying exclusively on Scripture and Thomistic philosophy for wisdom, they encouraged the study of pagan authors like Cicero and Virgil. Man is the measure of all things, they insisted. What Augustine deemed a bygone era, humanists found inspiring. (Yet, we should not miss the irony that both Augustine and Thomas, following their patristic forebears, also mined the insights of pagan authors.)

This cyclical narrative was short-lived, however, as the linear conception of history returned with a vengeance during the eighteenth century “Enlightenment,” complete with new notions of progress, and new ends of history. Like they did with so many ideas, Enlightenment philosophes adopted Christian concepts, and merely cloaked them with secular details. Like all of us, Enlightenment philosophes could not completely separate themselves from their past. Augustine’s teleological, epochal, and linear conception of history provides a paradigmatic example. The details changed, but the Christian belief that societies progress toward a final utopian end as certain values thrived continued.

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Read more: www.crisismagazine.com

Lighting candles: on the curious habits of the spiritual-but-not-religious


Like a Candle In Berlin


by Theodore Dalrymple


A moment used to be defined as the amount of time between a Mexico City traffic light turning green and the sound of the first car horn, but now it might be defined as the period between a terrorist attack in a Western city and the first public appearance of a candle. Every terrorist attack, including the latest one in Berlin, is immediately followed by the public exhibition of lighted candles. It is almost as if the population keeps a store of them ready to hand for this very purpose.

What do they dignify, these candles? We are all accustomed to the lighting of candles in Catholic churches, but Berlin is not a Catholic city and, like most Western capitals, is not notably observant of any religion. Its Christmas markets belong more to folkloric tradition than to a living faith. It is likely, indeed, that most of the people whose first impulse was to light candles were proud of their lack of religious belief. On the other hand, quite a few of them might say that they were not religious, but spiritual.

The reason (I surmise) that so many people claim to be spiritual rather than religious is that being spiritual imposes no discipline upon them, at least none that they do not choose themselves. Being religious, on the other hand, implies an obligation to observe rules and rituals that may interfere awkwardly with daily life. Being spiritual-but-not-religious gives you that warm, inner feeling, a bit like whiskey on a cold day, and reassures you that there is more to life—or, at least, to your life—than meets the eye, without actually having to interrupt the flux of everyday existence. It is the gratification of religion without the inconvenience of religion. Unfortunately, like many highly diluted solutions, it has no taste.

The candles, then, are a manifestation of modern paganism, a striving for transcendence without any real belief in it. They are also a somewhat self-congratulatory symbol of our own peaceable temperament: the violent are not great candle-lighters. We cannot, for example, imagine Genghis Khan lighting many candles for the souls of the departed (not that we really believe in souls).

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Read more: city-journal.org


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Book reviews – Faking It: The Sentimentalisation of Modern Society



by Robert Sibley
The Next City


Edited by Digby Anderson and Peter Mullen 

YOU MIGHT REMEMBER THE SCENE LAST SEPTEMBER 6TH ON THE STREET outside Westminster Abbey where thousands had gathered for the funeral of Diana, Princess of Wales. An American television reporter, her voice choking with emotion, repeatedly referred to the “parade” that would soon take Diana’s body into the cathedral.

Eventually, the reporter twigged to her mistake and turned the “parade” into a “procession.” Perhaps, though, her choice of words wasn’t inappropriate. Perhaps she was unconsciously expressing some new zeitgeist. Perhaps in the age of entertainment, funerals have become carnivals.

You might come to such a conclusion after reading Faking It: The Sentimentalization of Modern Society, which skewers many of western liberal civilization’s cherished shibboleths. The editors, Digby Anderson and Peter Mullen of The Social Affairs Unit, a London-based conservative think tank, encapsulate the book’s theme this way: “There is a word for the decadent disposition in our culture which falls for the fake: it is ‘sentimentality.’ The sentimentalist is a person in denial, and what he avoids or denies is reality. He likes to think that good ends can be achieved without unpleasantness. He would rather not be reminded that pain, effort, personal responsibility, self-control and patience are inevitable. He is attracted by schemes which offer good ends without the need for any striving — learning, a just society, community and even pleasure. Most of all the sentimentalist is frightened by the idea that men have a natural capacity for evil. For to admit evil, and the will to evil, is to destroy his world which rests upon the supposition that utopia may be ushered in by the mere adoption of the right plan.”

Building on this foundation, Faking It‘s 12 essays depict a flaccid and phony society in which self-indulgence, fakery, and a “voracious appetite for sentimentality” shape politics, religion, art, and even our eating habits. (Most of the essays focus on British society, but readers will have no difficulty finding Canadian parallels.) One contributor castigates our fondness for therapeutic relief and feel-good counselling as a refusal to grow up; another describes the psychologists who indulge us as “peddlers of utopia.” And yet another portrays alternative medicine as catering to immature people unable to accept medical realities with fortitude. According to these writers, radical environmentalism reflects the false assumption that nature is benign and that the manmade world is alienating. Contemporary literature and music represent, in the main, emotional fakery.

Trendy religious practices come in for a particularly scathing critique. Peter Mullen, an Anglican cleric, writes that our sentimental society is reducing mainstream Christianity to a clap-happy form of wish fulfilment that seeks to evade the realities of life and death. “The new sentimentality in religion glosses over our dark side, and therefore it is not only a doctrinal failure; it is psychologically inaccurate and so finally incoherent.”

Nicholas Capaldi, an American academic, argues that sentimentality has eroded the values and coherence of middle-class virtues, resulting, in less than 20 years, in “a dependent underclass — the drug-addicted, the violent, the unemployed and the promiscuous.” Moreover, as Capaldi writes, “The lifestyle of this underclass is sentimentalised — as poverty once was — as real life. The word disadvantaged is used to identify the underclass with the stultifying badge of dependency. This has now reached the extreme limit in which we even sentimentalise crime and so abolish the moral distinction between right and wrong. No one is to blame for anything, except wicked capitalists and conservatives.”

However, the most devastating essay in the book — and the one that created the most controversy in Britain — is “Diana, Queen of Hearts” by Anthony O’Hear, a professor at Bradford University. The Princess’s funeral, the extreme grief shown at her death, and her subsequent idolization betray a fake society that has shifted away from traditional standards of conduct. “Diana’s personal canonization, for it amounts to no less, was at the same time a canonization of what she stood for. What she stood for was the elevation of feeling, image and spontaneity over reason, reality and restraint. The Britain of our fathers and grandfathers, the Britain of World War II has been replaced by the New Britain in which the mother of the future King publicly weeps at the funeral of a vulgar and self-publicizing Italian dress designer.”

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Read more: urbanrenaissance.probeinternational.org

Catholic Conservative or Liberal Catholic?


Conservative or Liberal?


by Fr. Dwight Longenecker

One of the websites I write for is The Imaginative Conservative, and if I have to take any kind of label, then it would be “conservative”. I’m conservative because, by instinct and upbringing I’d rather put my energies into conserving the best from the past rather than innovating for the future.

Somebody has to do it.

But that’s about as far as I go in claiming the conservative label. Although I write for that website I’m not happy to be “a Conservative”.

If there were a website called The Liberal Conservative I’d happily write for it.

Here’s why:

  1. both Conservatives and Liberals speak truth and I’m for truth wherever it appears.
  2. both Conservatives and Liberals have blind spots. They don’t know what they don’t know.
  3. I abhor labels, pigeonholes, clubs, gangs, parties, sects and holy huddles of all kinds.
  4. Belonging to a party, a gang, a club or a holy huddle encourages you to blame “the other side” for your own problems
  5. When you join a gang you need an enemy gang. Attacking them becomes your raison d’être. That’s dumb.
  6. Attacking the enemy gang re-inforces your prejudices. It doesn’t challenge them.
  7. Recognizing the good in Liberals stands conservatism on its head.
  8. Recognizing the good in Conservatives stands Liberalism on its head. I’m for Standing on My Head.
  9. Avoiding labels keeps people guessing. Guessing is another form of thinking. Thinking requires an open mind. That’s good.
  10. I’m Catholic.

The final reason I eschew both the Conservative and Liberal labels is because I’m Catholic. Catholicism transcends political labels. Catholicism seeks truth wherever it is found and claims that truth as its own.

What kind of Catholic am I? I have a reputation as a conservative Catholic. However, I’d prefer the name Faithful Catholic.

In other words, all I aim to do is be faithful to the historic Catholic faith once delivered to the saints and apply it the best I can as a priest here where I am–doing what I can with what I have where I am.

The rest is hogwash.

Down the years on my blog I’ve been proud of one thing: that both the Conservatives and the Liberals have attacked me.

I don’t always get it right. I’m a human being. I have limited sight. I have prejudices and blind spots. I have passions and hates.

But the fact that Conservatives and Liberals have attacked me (often for the same post) makes me hope I’m on the right track.


Italia: la fidelidad en el matrimonio “es una visión anticuada de la pareja” y una “cosa del pasado” que se debe eliminar


Italia planea eliminar la obligación de «fidelidad» en el matrimonio, «algo del pasado y anticuado»



J.L. / ReL


Hasta ahora el Código Civil italiano mantiene la "fidelidad" como obligación de los esposos




Tras la aprobación de las uniones civiles homosexuales en Italia, el Partido Democrático que es el que da sustento al gobierno, está preparando otro ataque a directo a la institución familiar.

La senadora Laura Cantini ha presentado un proyecto de ley que ya estudia el Comité de Justicia de la Corte que tiene como único objetivo acabar con el artículo 143 del Código Civil Italiano que establece como condición para el matrimonio la “fidelidad” entre los cónyuges.

Concretamente, el artículo 143 dice lo siguiente:

“Con el matrimonio el marido y la mujer adquieren los mismos derechos y asumen las mismas obligaciones.

»Del matrimonio deriva la obligación recíproca de fidelidad, moral y material, a la cooperación en el interés de la familia y la convivencia Cod. Pen. 570)”.

"Visión anticuada de la pareja"

Para la promotora de este proyecto la fidelidad “es una visión anticuada de la pareja” y una “cosa del pasado” que se debe eliminar.


La senadora del Partido Democrático, Laura Cantini, es la promotora de este proyecto de ley

De este modo, el grupo que pretende cambiar el ordenamiento italiano insiste en que dicho punto muestra “el legado cultural de una visión obsoleta y anticuada del matrimonio y la familia y de los derechos de los cónyuges”.

De hecho, el proyecto de ley tiene un solo punto aunque puede dar un vuelco a la visión del matrimonio que deriva de la normativa italiana.

La senadora Cantini exige que el Código Civil asuma el contenido de la llamada Ley Cirinna que aprobó las uniones civiles homosexuales y en la que tras grandes controversias no aparece la “fidelidad”, concepto que dejaba únicamente para el matrimonio y que ahora también se pretende eliminar.

España aún mantiene este concepto

En España, por ejemplo, el Código Civil sigue estableciendo la “fidelidad” como obligación de los cónyuges. Así, en el artículo 68 se dice que éstos “están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente. Deberán, además, compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y otras personas dependientes a su cargo”.

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Las leyes sobre orientación sexual e identidad de género: una respuesta subversiva a un problema inexistente




Un abogado experto en libertad de conciencia avisa: pactar con la ideología de género es un error



El heroísmo de las víctimas de las leyes LGTB, acicate para «no negociar la rendición»


James Gottry es abogado y escritor en la Alliance Defending Freedom, un grupo cristiano de abogados y expertos en Derecho fundado en 1994 para preservar y defender la libertad religiosa. Recientemente escribió un artículo en The Public Discourse donde plantea una estrategia radical ante el avance de la ideología de género. "No es el momento", sostiene, "para que los defensores de la libertad religiosa se asocien a los defensores de la legislación de la orientación sexual y la identidad de género con la esperanza de poder recoger las migajas de libertad que quedan sobre la mesa". Por su interés lo traducimos en su integridad:

Las leyes sobre orientación sexual e identidad de género: una respuesta subversiva a un problema inexistente
El "precio de la ciudadanía" en una sociedad libre no puede incluir nunca nuestra libertad de conciencia. Si la sometemos, estaremos sometiendo también a la sociedad libre.

A lo largo de la historia cada persona, bajo cada régimen político, ha tenido -en su significado más elemental- la libertad de formar una serie única de credos y valores. A los ciudadanos de los Estados Unidos se les garantizó hace tiempo, de una manera excepcional, el cumplimiento de esa libertad. Es decir, poseemos la libertad de vivir pacíficamente según nuestras creencias y de seguir los dictados de nuestra conciencia.

Las leyes de Orientación Sexual e Identidad de Género

Esta libertad -codificada en la Primera Enmienda- es un derecho pre-político inherente a nuestra dignidad como seres humanos. Pero el movimiento cultural para la "tolerancia" y la "inclusión" ha reducido la libertad de conciencia a algo inferior al derecho; algo cuya existencia está sometida a las decisiones de los jueces y los legisladores.

En los últimos años han surgido en todo el país leyes que proporcionan privilegios especiales a personas individuales según su autoproclamada identidad de género o preferencias sexuales. Conocidas comúnmente como leyes SOGI [según sus siglas en inglés, Sexual Orientation and Gender Identity], estos proyectos legislativos están alimentados habitualmente por grupos activistas y representan una respuesta subversiva a un problema inexistente. Los datos disponibles confirman que no existe un patrón o una práctica social significativa de discriminación injusta hacia estos grupos. Esto es debido no sólo a que la gran mayoría de los americanos se respeta y es justa, sino también al hecho de que cualquiera que esté implicado en una discriminación infundada se enfrenta a unas consecuencias sociales y económicas provocadas por la presión pública y los boicots.

Las leyes SOGI utilizan todo el peso de la ley para castigar a personas que quieren vivir pacíficamente y llevar adelante sus trabajos según les dicta su conciencia. Elaine Huguenin, Barronelle Stutzman, Jack Phillips y Blaine Adamson son sólo algunos de los propietarios de pequeños comercios que prestan sus servicios con alegría a todo tipo de personas, pero que se enfrentan a penas legales por haberse negado a participar en algunos eventos o a poner su arte al servicio de clientes por problemas de conciencia.

En el caso de Elaine, ésta declinó educadamente una petición para usar su habilidad como fotógrafa para narrar la historia de una ceremonia de compromiso de una pareja del mismo sexo. Su intento de permanecer pacíficamente fiel a la enseñanza de su fe sobre el matrimonio la llevó a una batalla legal que ha durado siete años y que ha culminado con el fallo del Tribunal Supremo de Nuevo México contra ella y su marido, Jon.Un juez declaró que el matrimonio Huguenin "está ahora obligado por ley a comprometer la fe religiosa que ha inspirado sus vidas", añadiendo que esta obligación "es el precio de la ciudadanía”.

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