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sábado, 11 de julio de 2015

Ayer mismo, un impertinente dirigente de un país del mundo, le regalaba al Papa un Jesucristo clavado sobre una hoz y un martillo


¿Vuelve el comunismo?



por Luis Antequera

Uno, que vivió en los mejores años de su juventud y con el apasionamiento propio de la edad, la caída de todos los regímenes comunistas del planeta menos el chino y el cubano en los años 1989 y siguientes, llegó a pensar que tal vez, el comunismo estaba definitivamente derrotado, y que jamás volveríamos a contemplar la implementación de un régimen comunista en ningún lugar del mundo.

Los que alguna vez habían profesado el comunismo se escondían, y hasta negaban, cuando les era posible, haberlo hecho; se almacenaban hoces y martillos y banderas rojas; se arrinconaban anquilosadas siglas; se derribaban oprobiosos muros… Todo ello mientras en los países excomunistas, que habían permanecido herméticamente cerrados precisamente para que la opinión pública no conociera lo que pasaba tras las fronteras que los separaban del mundo libre, afloraba impúdicamente la inmensa pobreza que después de sólo siete décadas, en muchos aún menos, se había acumulado en ellos, y la enorme tristeza que impregnaba hasta los más íntimos aspectos de la vida en su interior.

Pues bien, bien al contrario, cuando todavía no ha transcurrido ni un cuarto de siglo desde que uno tras otro caían derribados todos y cada uno de los regímenes que habían hecho bandera del comunismo, lo vemos renacer de sus cenizas, y a decir verdad, pavonearse por las calles del mundo con mayor desvergüenza y menor disimulo cada día. Ayer mismo, un impertinente dirigente de un país del mundo, le regalaba nada menos que al Papa un Jesucristo clavado sobre una hoz y un martillo cuyo significado no termina de quedar claro, pero que en todo caso, revela a todas luces la reivindicación de unos símbolos que hicieron posible durante más de siete décadas en Europa y en el mundo entero, tanta miseria, tanta sangre, tanta desolación, tanta muerte, tanta tristeza, tanto odio, tanta opresión, tanta persecución, tanta indignidad…

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