Translate

jueves, 19 de marzo de 2020

Solzhenitsyn, la revolución, y los desafíos para el Siglo XXI


Solzhenitsyn, la revolución, y los desafíos para el Siglo XXI

Por Pablo López Herrera

“Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes”
Isaac Newton (1643 –1727) 

NOTA

Estos apuntes, corresponden a una conferencia prevista para el 17 de marzo de 2020, en el Instituto Acton Argentina, a quienes agradezco haber hecho todos los esfuerzos posibles para que este mensaje llegara a nuestros amigos, especialmente a los jóvenes que no son contemporáneos de Solzhenitsyn. Si Dios quiere, algún día nos encontraremos para profundizar el dialogo… Mientras tanto, he aquí la esencia de lo no dicho personalmente.

Quizás sea este el momento, en que un virus convierte a las personas que  se nos aproximan en la mayor amenaza, en que el pensamiento de Solzhenitsyn adquiera renovado interés. Como señala Liudmila Saraskina en su biografía, "... si se considera que el siglo XIX terminó con la primera guerra mundial, lo mismo que el siglo XVIII se cerró con la Revolución francesa, entonces Solzhenitsyn nació en el verdadero comienzo del siglo XX, y, en el curso de su vida se habrá apropiado de todo el espacio histórico y todo el horizonte semántico de ese siglo.” Ceteris paribus: Si consideramos que el siglo XXI está comenzando realmente con la crisis del “coronavirus”, que da por tierra con la falaz convicción que inspiraba las vacías predicas acerca de la inevitabilidad del progreso humano a pesar de todas las señales en sentido contrario, gracias a una “evolución natural” e irracional es ahora el momento de conocer a nuestro gran escritor y combatiente, y aprender de sus reflexiones y de un liderazgo que quiso, supo y pudo navegar contra la corriente y llegar a  puerto con éxito.

Breve síntesis biográfica

La novela  “Doctor Zhivago” de Boris Pasternak (Premio Nobel 1858) fue publicada en 1957 en Italia y en 1988 en la URSS, y su capítulo final terminaba así: “Un día, Larissa Fiodorovna salió y nunca regresó. Sin duda fue arrestada en la calle. Ella debió morir o desaparecer, nadie sabe dónde, olvidada bajo un número anónimo en una lista perdida, en uno de los innumerables campos de concentración del Norte”.

Años después, como nadie nos hizo conocer la historia de esos campos Solzhenitsyn, en memoria de cuyas víctimas escribió El Archipiélago de Gulag 1 2 y 3 (1973/5/8). Con las lecturas de Un día en la vida de Iván Denísovich (1962),  Pabellón del cáncer (1968), El primer círculo (1968), Agosto de 1914 (1971; revisada y ampliada en 1983), el Archipiélago Gulag, Lenin en Zúrich (1975),  y El roble y el ternero (1975).  Por todos los acontecimientos que rodearon su vida y la escritura de estos libros, el escritor ruso ocupó justificadamente un lugar para siempre en la literatura y en la historia,.  

Nos ayuda a conocer su vida considerarla en seis partes, que se inicia cada una con un acontecimiento resonante: el comunismo, la guerra, el arresto, el reintegro a la sociedad, la expulsión de Rusia y la final “vuelta a casa”:

1)   1918-1941  - El contexto es el del comunismo de guerra (primera prueba). Allí, en Rostov (1.100.000 habitantes – 1000 kms de Moscú) con su familia, pasó su infancia, juventud, estudios escuela y universidad, (hasta los 22 años). Tuvo su vocación de escritor, fue un comunista convencido, y se casó (¿civilmente?) en 1940 y en 1957 con Natalia Alexeïevna Rechetovskaïa

2)   1941-1945 – Ahora toca la propia Guerra Mundial (segunda prueba) La experiencia de la guerra y el arresto Durante la guerra se produce un avance de la conciencia. Cuando termina, ya tiene 26 años.

3)   1945-1956: Arresto, Gulag y cáncer (tercera, cuarta y quinta pruebas) Desde los 26 hasta los 37 años pasa por el Archipiélago Gulag y luego por el exilio interior: en esta etapa (“¡bendita seas prisión!”) conoce el Gulag, el cáncer, se produce su conversión,  adquiere su compromiso con los zek de hacer conocer la verdadera historia.

4)   1956-1974: Entre los 37 y los 55 años de edad, se reintegra a la sociedad y pasa en 18 años desde la obscuridad hasta lograr tener influencia nacional por sus libros, que culmina con el premio Nobel en 1970. Entre 1957 y 1969 vive en Riazan (500.000 hab – 200 kms de Moscú). Asume el rol de escritor exitoso con su lugar en la Unión de Escritores y el de un ciudadano comprometido y activo. Ahora la vida tiene un origen y un sentido, y es vista como un camino en ascenso de purificación y de autolimitación, con un sentido profundo y trascendente. En 1972, se divorcia y se casa el año siguente con Natalia Dmitrievna Svetlova, con quien tendrá a Yermolai (1970), Ignat (1972) y Stepan (1973) . En 1965 tiene su Datcha en Rojdestvo, al borde del río Istia (al sud-oeste de Moscu)

5)   1974-1994: Expulsado de la Unión Soviética, privado de su ciudadanía, adquiere proyección internacional en un período de veinte años (desde  los 55 a los 75). Su destierro es creativo, productivo y combativo. Muestra su carácter “ruso”, muchas veces mal interpretado, de buena o mala fe. Su gran prueba aquí es vivir fuera de Rusia. La revolución está en esta época en el centro de la escena (escribe “La Rueda Roja”). Pasa una buena época de familia y educa a sus hijos con su mujer. En este período lanza sus mensajes al mundo, que tienen una gran actualidad.

6)   1994-2008: A los 75  años vuelve a Rusia donde su realismo lo hace ver la herencia del comunismo. De vuelta en su patria, su campaña final es la de intentar contribuir en la reconstrucción del país hasta su muerte a los 89 años.

De Solzhenitsyn,  su gran biógrafa Lioudmila Saraskina afirmó que. “en el curso de su vida, se habrá apropiado de todo el espacio histórico y todo el horizonte semántico de ese siglo. El siglo XXI deberá redescubrir el sentido escondido de las lecciones del siglo XX, y en consecuencia estudiar y comprender los signos que marcaron el destino de Solzhenitsyn. Comienza un pesado trabajo de acceso al conocimiento”.

Son necesarias algunas claves para entender al autor.

Enorme personaje de una vocación “múltiple”, fue escritor, documentalista, historiador, cronista, novelista,  poeta, lingüista… y además protagonista principal de muchos de sus escritos. Frente a la historia fue “juez” y profeta para su país y para el mundo. Fue un gran pensador, “filósofo”, “epistemólogo”, moralista,  creyente, “apologeta”. Y también a su manera un líder “político”, un militar, un estratega, un disidente, un “cabeza de cordada”, un líder de equipo (los “invisibles”). Y como si todo eso fuera poco, también fue un excelente marido y padre de familia… A su vocación de escritor, agregó la de luchador  y de “mega-influencer”. Su estilo de liderazgo fue superior.   

Su carácter fue el de un clásico “ruso”. André Siniavski en « La Civilisation Soviétique » describe el carácter ruso (no pensando en Solzhenitsyn) y describe varias características de ese carácter, en el que el espíritu patriótico acendrado adquiere la fuerza de un sentimiento religioso. “La patria es a veces para los rusos un principio supra individual y supra nacional que se convierte en algo como un sentimiento religioso”. Con un pensamiento con límites y contornos imprecisos: el “carácter nacional ruso le parece a Siniavski un poco “amorfo”, inacabado en su forma”, quizás debido a la cantidad de influencia de extranjeros varegues, griegos, tártaros, polacos, alemanes”. El ruso tiene un espíritu de conmiseración por el resto del mundo, animado por una especie de “compasión universal”, y se caracteriza por “una aspiración a la universalidad, a la integralidad”. Es un espíritu provisto de compasión universal, es decir, la de percibir y compenetrarse con los  sufrimientos de la humanidad, y “del deseo y la acción de aliviar, reducir o eliminar por completo tal situación dolorosa”.  Además, la elevada autoestima es un condimento que difícilmente falte.  La elevada autosatisfacción por el mero hecho de “ser ruso” lo puede transformar a este en bueno, le genera cierta desconfianza respecto de otros pueblos, y puede llevarlo de la xenofobia al confinamiento. ¿Para qué deberían los rusos aprender otras lenguas? ¿Qué nos pueden aportar que no tengamos? “la consciencia nacional rusa oscila entre la aceptación de todas las naciones, o casi todas (internacionalismo, universalismo) y el rechazo de cualquiera que no sea ruso (xenofobia).

Puede ser interesante agregar estos matices al releer el discurso de Harvard, o para entender también lo que subyace atrás de la vocación universal del comunismo ruso.

Visión del mundo de Alexander Solzhenitsyn…

En ese largo peregrinar que fue su vida, desarrolló una visión del mundo en la que todos los seres humanos estamos inmersos en tres mundos, tres “conjuntos de circunstancias” que se superponen: el mundo de la naturaleza, donde transcurre nuestra vida personal con todos los avatares de la época y lugares en que nos toca vivir, el mundo del pensamiento,  de la razón, y el mundo sobrenatural al que se accede mediante la fe

El escritor se asume como protagonista de la historia, de la que se nutre, se inserta en el mundo natural, social; del conocimiento, la ciencia y la ética racional, accede a la armonía del mundo a través del arte y de la estética, accede al conocimiento por la vía del realismo y accede al mundo sobrenatural a través de la reflexión  e incorpora en su visión las verdades de la fe, el universo de la creación, y un sistema ético con fundamento religioso

En el orden natural se acerca a la cumbre apoyado en las tres columnas de la tríada platónica, que conforman el cimiento de su pensamiento. Esto se percibe claramente respecto de la Verdad en  “Vivir sin la mentira”, respecto de la Bondad en el camino de “purificación” del Archipiélago Gulag y respecto de la Belleza en el discurso del Nobel

En el orden sobrenatural, llega a la cumbre apoyado en la revelación  en  el discurso que pronuncia al recibir el Premio Templeton.

Alexander Solzhenitsyn es consciente de que la vida tiene un origen y un sentido, profundo y trascendente, que el camino a seguir es uno de purificación y de autolimitación, que las pruebas personales son necesarias para el crecimiento, que los problemas y las soluciones del mundo residen en el interior de cada persona.

También sabe que la revolución ocupa un lugar en el centro de la escena de la historia universal. En el mencionado discurso de Templeton afirma: “Siendo ya niño, hace más de medio siglo, muchas veces oí decir a las personas mayores, para explicar las terribles convulsiones que habían quebrantado Rusia: “los hombres se han olvidado de Dios, esa es la causa de todo”. Desde entonces, he dedicado casi medio siglo al estudio de nuestra revolución. He leído cientos de libros. He reunido centenares de testimonios personales, y –para empezar a despejar los escombros- he escrito ya ocho volúmenes. Ahora bien, si me pidieran hoy precisar en forma breve, la causa principal de esa revolución devastadora, que nos ha devorado más de 60 millones de individuos, no encontraría nada mejor que repetir: “los hombres se han olvidado de Dios, esa es la causa de todo”.” “Pero, todavía hay algo más: los sucesos de la revolución rusa no pueden entenderse hoy, en este fin de siglo, sino sobre el marco de fondo de lo que ocurre en los demás países. Hay un proceso universal que se perfila claramente. Si se me exigiera señalar, en una fórmula breve, el rasgo principal de este siglo XX, nuevamente no encontraría nada más exacto, más sustancial que decir: los hombres se han olvidado de Dios.” 

Y aquí cabe detenerse en ese camino de ascenso y contemplar hasta donde lo ha llevado al escritor, y preguntarse: ¿Conocía Solzhenitsyn a Santo Tomás? …

En efecto. Como afirma en “La escala de los seres en la filosofía de Tomas de Aquino Francisco Tomar Romero de la Universidad de Barcelona: “El orden de la Naturaleza, con cada uno de los seres que la componen, se explica por la participación común de todos ellos en un movimiento ascensional, de convergencia hacia Dios, buscando la unión con El, como con su Bien.” Y cita a Santo Tomás: «De la misma manera ocurre, pues, en las partes del Universo. Cada criatura, primeramente, es para su propio acto u operación. En segundo lugar, las criaturas menos nobles son para las más nobles, como las inferiores al hombre para el hombre. Cada una de ellas, en tercer lugar, es para la perfección del Universo. Finalmente el Universo todo, con cada una de sus partes, esta ordenado a Dios como a su Fin, en tanto que representan por cierta imitación la Bondad divina, para gloria de Dios; aunque las criaturas racionales tienen por fin a Dios de un modo especial, ya que son capaces de alcanzarlo por su operaci6n conociéndole y amándole» (Summa Theologiae, I, q. 65, a. 2.)

Si no lo conocía, la evolución de su pensamiento mostraría una vez más por un lado la posibilidad y el alcance de la ”recta razón” y por el otro la potencia e importancia de su pensamiento que justo ocupa este siglo ”abandónico” como posibilidad del hombre de retomar el camino de la sensatez.

Discursos en Occidente

Desde ese camino en ascenso Solzhenitsyn hace una serie de comunicaciones, ya sea bajo la forma de artículos, reportajes o discursos, donde transmite –además de en sus libros- la visión del mundo que se ha ido formando con los años. Allí es posible apreciar los cimientos de su pensamiento integral: la verdad, el bien y el mal, las normas morales del derecho, el precio de la libertad y el mundo sobrenatural.

En su discurso del Nobel, de la primavera de 1972 (escrito en Rusia y enviado a Estocolmo) describe las circunstancias del mundo y la situación en el siglo XX. Y en ese lugar, plantea su visión de la belleza, del arte y del artista, de las escalas de valores vigentes, y del rol salvador de la literatura. Afirma que el arte tiene la posibilidad –en particular la literatura- de ayudar a un mundo contemporáneo en riesgo de desmoronamiento gracias a su renovado y cobarde “espíritu de Munich” frente al poder y la barbarie que avanzan sobre una civilización dividida por una profunda grieta que separa visiones del mundo y escalas de valores totalmente opuestas. Para Solzhenitsyn, la literatura “posee el poder de ayudar a la humanidad” con la condición de que cada escritor se asocie en la lucha vinculado con sus colegas del resto del mundo, y siempre que la literatura sea “esclava de la verdad”. Sin embargo también cree que el arte puede ser callado por el poder…

Antes de partir de Rusia se publica en el Samizdat “La fuerza de la verdad - Vivir sin mentira” que luego encontrará su lugar también en el Washington Post el 18 de febrero de 1974. Allí destaca la lucha contra la mentira como método de lucha contra la violencia, que quizás sea un más profundo enemigo de la paz que la propia guerra: “La violencia no vive en soledad y no es capaz de vivir sola: necesita estar entremezclada con la mentira. Entre ambas existe el más íntimo y el más profundo de los vínculos naturales. La violencia halla su único resguardo en la mentira y el único soporte de la mentira es la violencia. Cualquier persona que ha hecho de la violencia su método, inexorablemente debe elegir a la mentira como su principio. En sus inicios, la violencia actúa abiertamente y hasta con orgullo. Pero, ni bien se vuelve fuerte y firmemente establecida, siente la rarefacción del aire que la circunda y no puede seguir existiendo si no es en una neblina de mentiras revestidas de demagogia. No siempre, no necesariamente aprieta abiertamente los cuellos; es más frecuente que exija de sus súbditos solamente un juramento de lealtad a la mentira; solamente una complicidad en la falsedad.”

Los hombres deberían defender la verdad siempre, pero por lo menos deben comprometerse a no mentir:

“¡El simple paso de un simple hombre valiente es no participar de la falsedad, no apoyar falsas acciones! Que la mentira ingrese al mundo, que incluso reine en el mundo – pero no con mi ayuda. No obstante, los escritores y los artistas pueden lograr más: ¡pueden vencer a la falsedad! ¡En la lucha contra la falsedad el arte siempre ha vencido y siempre vence! ¡Abiertamente, irrefutablemente para todo el mundo! La falsedad puede ofrecer resistencia a muchas cosas en este mundo, pero no al arte.”

Tres años después del Nobel, Solzhenitsyn dirige un discurso al mundo occidental en territorio de los trabajadores (AFL-CIO Junio de 1975). Comienza identificándose como uno de ellos – “¡Hermanos! ¡Hermanos en el trabajo!” – y lanza al mundo occidental una advertencia sobre la naturaleza del comunismo y sus recomendaciones para una necesaria “distensión” sentada sobre bases sólidas apoyadas en los principios morales que se sitúan por encima de la ley, y donde debe estar bien clara la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. En ese momento en el mundo hay un doble proceso: uno de concesiones y entrega de los países occidentales al comunismo, y otro –de liberación- que proviene de los países que no sacrifican su conciencia bajo la caparazón comunista, liberan su espíritu y no pactan con el mal. Exhorta a los Estados Unidos a sumarse al segundo proceso.

En Junio de 1978 pronuncia el célebre discurso de Harvard en el que lejos de “retar” a Occidente, enumera una serie de características de la sociedad moderna occidental, entre las cuales se destacan:

1.      Problema humano: hay una falta de coraje cívico para encarar los problemas de fondo de la sociedad

2.      Objetivo de grandes masas de población: es el hedonismo y la búsqueda de placer

3.      Normas de gobernabilidad: el “estado de derecho” se basa en un “contrato social” manipulado por políticos y dirigentes

4.      Fuentes del derecho: evolucionan constantemente, y reposan en una cada vez más expansiva y costosa concepción de “los derechos y los deberes de los pueblos”

5.      Los procesos constructivos virtuosos son difíciles de llevar a cabo: es barato el costo de la destrucción y muy elevado el costo de los procesos creativos

6.      El hombre moderno focaliza más en los procesos que en las personas: para la resolución de los problemas sociales no se piensa tanto en el hombre como en los procesos de ingeniería social

7.      La opinión pública como herramienta de manipulación: se construye la “opinión pública” como si fuera la expresión libre y autónoma de los pueblos, y no lo es

8.      No hay liderazgos personales: Frente a problemas cada vez más complejos, hay cada vez menos líderes y más pequeños

9.      La civilización occidental: pese a los avances tecnológicos, es frágil y débil

10.  Relación entre progreso material y moral: el humanismo racionalista y el antropocentrismo “irreligioso” no alcanzan

11.  El materialismo: sea dialéctico o consumista, sigue vigente

12.  Occidente carece de claridad y “focalización “respecto de su destino y función en el mundo: y le resulta difícil establecer y mantener una sólida posición estratégica,  política,  militar y económica y una política estabilizadora de alianzas

13.  La libertad sin sentido: el Oeste no tiene claro cuál debe ser el fin de la propia libertad, ni el costo necesario de recorrer un camino -en subida- para pasar a una etapa superior.

Entre 1980 y 1993 también continúa haciendo públicos sus mensajes.

En 1980, en Febrero y Abril, en dos artículos en medios nacionales de los Estados Unidos en Foreign Affairs y en Time, Solzhenitsyn vuelve a señalar el error de Occidente de no distinguir en política internacional entre “un país dominado por el comunismo” y “una nación subyacente bajo una caparazón comunista”, y de tener como interlocutores válidos a las autoridades oficiales y no a los pueblos oprimidos. También analiza el futuro en cuanto a las relaciones con Rusia y con China.

En la International Academy of Philosophy, Liechtenstein, el 14 de septiembre de 1993 Solzhenitsyn le pide a Occidente que no pierda sus valores ni la estabilidad que brinda el estado de derecho que garantiza a los ciudadanos un espacio para su vida privada y la elaboración de su futuro, valores que –constata- no brotaron automáticamente a la caída del Muro de Berlín en los países del Este. Este discurso complementa el de Harvard.

Invitado a la Conmemoración de la resistencia de la Vendée, el 25 de septiembre de 1993 asiste a la inauguración de un monumento a los mártires de la Vendée y destaca a la revolución francesa como antecedente de la rusa y compara la resistencia de los mártires franceses con la de los cosacos en la revuelta de Tamblor, también ahogada en sangre.

Sobre las relaciones entre el mundo ruso y el mundo occidental pronuncia un discurso en Zúrich, en la recepción del “Cliché d´Oro” el 31 de mayo de 1974 y en una entrevista para Forbes Magazine  en Vermont (1994). [1]

Realiza sus últimas reflexiones públicas el 1 diciembre de 2006. A los 87 años, el escritor se pregunta: “¿Dios quiso que todo esto suceda? ¿Dios quiso que las cosas pasaran así? Dios nunca nos quitó la libertad de elección que nos fue dada desde antaño. Nosotros mismos creamos nuestra propia historia, nosotros mismos nos empujamos hacia el hoyo. La respuesta es que “La revolución bolchevique de octubre de 1917, fue una consecuencia directa y absolutamente inevitable de la revolución de febrero. Y lo necesario o absurdo de los sufrimientos depende de la capacidad de la gente y de los pueblos que extraen las lecciones que surgen de los hechos. Para hablar de la historia del mundo en general, considero que, si la revolución rusa no se hubiera producido, otra revolución semejante habría estremecido inevitablemente el mundo, como prolongación  de la Revolución Francesa del siglo XVIII. Porque los hombres no pueden evitar de tener que pagar por la pérdida del sentido de auto restricción, del dominio de los propios deseos y exigencias; por la codicia sin mengua de los poderosos y de los ricos (no solamente la de los hombres sino también la de los estados); por el agotamiento de los sentimientos de bondad humana.” Entrevista del Figaro de 1 de diciembre de 2006

Solzhenitsyn y la revolución

Durante diez y siete años en Vermont el autor trabaja en su gran libro sobre la revolución: La Rueda Roja. Solzhenitsyn busca y espera que Rusia vuelva a resurgir en lo mejor que pudo ser en la historia y se recupere, como lo hizo después de grandes crisis. Habrá que leer (y estudiar) la versión final de esta monumental obra.

Para Georges Nivat, en la Rueda Roja parece prevalecer como conclusión una cierta impresión “de desparramo, de vacío”, como si se tratara de una obra enorme sin conclusión definitiva: “La razón se perdió hace mucho tiempo, y ha dejado de gobernar al mundo, y sobre todo a Rusia. El perdón se ha implorado, incluso se ha acordado, pero no ha sido escuchado. Eso no-perdón es la herida secreta de ese inmenso cuerpo. Las derrotas han forjado antaño las epopeyas, pero no más ahora, no aquí: solo desparramo y vacío… Ni la razón ni el perdón gobiernan el mundo. El relato se rompe. Y nosotros quedamos sobre la ruptura de ese fracaso genial.” Georges Nivat: “El fenómeno Solzhenitsyn”.

Mientras tanto, parece necesario “contextualizar” el análisis de la revolución, que no solo es solo un proceso histórico sino multidimensional: la revolución se plantea como “partidas en simultáneo” de ajedrez.
  
Por un lado, la revolución es territorial: europea, francesa, rusa, universal, islámica (se imponen quienes saben lo que quieren y van por ello: Robespierre - Lenin)... “Con la razón o por la fuerza”. Pero también puede ser cultural, sexual y “cósmica”, y puede ir reemplazando en los pueblos las “certezas clásicas” por las “certezas revolucionarias”, aún sin cambio violento de régimen. Cualitativamente, ¿es también revolución la cultural, la sexual? ¿y 1968? (Mayo francés), ¿y Gramsci?. La Revolución ¿es “para ser libres” o “para que un gobierno imponga una ideología utópica”?.

“Como los demonios entraron en la piara de cerdos”  Dostoievski 

La actualidad de la cuestión es clara. Caído el muro, la revolución siguió avanzando... y es posible que al comenzar el siglo XXI, el mundo occidental no está a salvo de  la revolución, tanto geográfica como cultural.

Por eso se impone un “reframing”, y arrancar por el ´principio, y preguntarnos ¿qué es una revolución? Veremos que “la revolución” no empieza y termina sino que se transforma y adapta, y se constituye como instrumento de una lucha de todo tiempo y lugar por la íntegra y continua reformulación de la vida de las personas y de la sociedad.

Para reconocerla veremos que exhibe generalmente la creación de una o muchas “contra instituciones” dentro de las existentes y establecidas, la generación de “nuevos estados dentro del estado” con sus propias normas en ruptura con las vigentes, la arbitrariedad, el miedo y el terror son legitimados como métodos de conducción y de gobierno, también vemos como se producen la ruptura y la caducidad del sistema y del orden jurídico anterior y los revolucionarios se apropian arbitrariamente de la representatividad del “pueblo”. Otro aspecto es que la revolución reviste un carácter internacional, pasando por encima de las fronteras y las leyes de los países, y provoca normalmente una explosión en el campo cultural y en las costumbres impresas en la naturaleza humana desde sus orígenes.

El problema es que como afirmaba alguien “los estados que no son capaces de transformar la realidad, provocan ellos mismos las circunstancias que dan lugar a las revoluciones.” (¿Tocqueville, Chateaubriand?). Con lo que los mismos enemigos de la revolución la provocan por su ineficacia y sus errores.
Un punto clave es que la revolución no triunfa en el momento de tomar el poder, sino cuando logra reemplazar a aquel que reemplaza de modo integral e irreversible. Cuando se da el “¡nunca más! del anterior régimen, sus normas y valores, la revolución ha logrado uno de sus mayores logros.

Las revoluciones han cambiado, precipitado o reemplazado ideas, personas o grupos dirigentes y procesos políticos, han modificado el contenido y la práctica de los fundamentos sobre los que se han construido y mantenido las naciones y las civilizaciones, han provocado la destrucción del estado de derecho, de la propiedad privada, de la libertad económica, de la educación, de la estructura de la administración  estatal (burocracia), de las tradiciones, de la religión, y de la pérdida de respeto por la vida y la familia.

Las ideas, personas y procesos revolucionarios, han sometido las sociedades al arbitrio de un poder omnímodo, sin tener sus promotores y partisanos la necesidad de rendir cuentas a nadie. En Rusia, luego de setenta años de revolución, a nadie se le ocurrió hacer el equivalente del juicio de Núremberg…
Para Stalin, la revolución significaba algo “… como un desarrollo donde se pasa de insignificantes y ocultas transformaciones cuantitativas a cambios cualitativos fundamentales; cambios que nos se producen paulatinamente, sino en forma rápida, repentina, como saltos de transición de una situación a otra”

Revolución y civilización

Todas las familias felices son iguales;  cada familia infeliz es infeliz a su manera
León Tolstói (Ana Karenina)

Aplicando la analogía, podría decirse también que las civilizaciones se parecen en sus características generales, pero las revoluciones tienen sus peculiaridades. Parecería que en realidad lo opuesto de la revolución es la civilización. La civilización y la revolución se ocupan de las mismas realidades, pero con signo opuesto: donde una suma, la otra resta... El desafío permanente, y por lo tanto de actualidad es el de Revolución vs. Civilización

Se reconoce un proceso creativo civilizador (el verdadero progreso de las naciones) cuando abarca los aspectos sociales, culturales y morales de la sociedad y cuando prevalecen la armonía y el orden social, la disciplina económica, la burocracia no es paralizante, hay buena educación, los cimientos culturales son valorados, se percibe la fortaleza de la tradición, las creencias espirituales ocupan un lugar central, y hay una  visión teocéntrica de la realidad, se práctica la religión y hay una valoración y defensa de la vida humana.

Por otra parte se reconoce el proceso destructivo de la revolución cuando prevalecen la decadencia social, cultural y moral de la sociedad, y hay sectores de significación que procuran la anarquía y el caos, la destrucción de la economía, la burocracia es influyente, hay deterioro educacional, decadencia cultural, se da una preeminencia de una hermenéutica de la ruptura, reina el materialismo y la inmoralidad a gran escala, hay una supremacía del agnosticismo y del ateísmo y una desconsideración por la vida humana.

Lo interesante es que lo contrario de la Revolución no es la Contrarrevolución, sino la misma civilización. Y que tampoco el problema es “geográfico”.

Hace pocos meses, Roger Scruton pronunció un discurso con motivo de recibir una mención honorífica, y su planteo muestra una salida posible al enfrentamiento geográfico. En “The Last Speech: “A Thing Called Civilization””, Sir Roger Scruton. Si bien el tema no es “la revolución”, lo que afirma sirve a nuestra reflexión. Habla del “problema de la invasión del mundo académico e intelectual por parte de grupos activistas que no se toman la molestia de aprender lo suficiente como para saber a qué se enfrentan, pero sin embargo definen su posición en términos de agendas políticas.”

Su conclusión es magistral: “mi mensaje final es que no debemos desesperarnos respecto de la civilización occidental. Solo debemos tener cuidado en reconocer que no estamos hablando de algo estrecho y de mentes pequeñas llamado Occidente. Estamos hablando de algo abierto, generoso y creativo llamado civilización.” (Septiembre 19, 2019 ISI – Struton murió el 12 de enero de 2020)

... Y aunque Solzhenitsyn no llegó a una “séptima vida” de síntesis, no cabe la menor duda del lugar que ocupó entre “revolución y civilización”. Volviendo a Solzhenitsyn, en “La revolución de 1989 treinta años después”, afirma Daniel J. Mahoney que “la experiencia de la revolución ideológica nos enseña que todas las formas de maniqueísmo que afirman saber con certeza quién es la víctima y quién es el victimario, carecen de auto-conocimiento, de prudencia política y de sabiduría espiritual. Solzhenitsyn en El Archipiélago Gulag transmite palabras de sabiduría y muy relevantes para todos los tiempos. En un pasaje memorable escribe que “la línea que separa el bien y el mal no pasa a través de los estados, ni entre las clases, ni entre los partidos políticos, sino a través de cada corazón humano, y a través de todos los corazones humanos. Esta línea cambia. Dentro de nosotros, oscila a través de los años... Es imposible expulsar el mal del mundo en su totalidad, pero es posible reducirlo dentro de cada persona””

Su pensamiento se dirigía tanto a Occidente como a Rusia y a toda la humanidad. El creía que el verdadero progreso no es el de un sistema político ni el de un país o un estado, o una clase, sino que es el resultado de la suma de “acciones individuales” que actúan como una invisible “correa de transmisión”  por las que se transmite el bien a la sociedad. Decía el autor que no veía “ninguna salvación para la humanidad fuera de la auto restricción de cada individuo y de cada pueblo”.  La idea está desarrollada en su escrito sobre “El arrepentimiento y la moderación como categorías de la vida de las naciones”, donde afirma que “no se puede construir una buena sociedad sobre malas relaciones entre la gente; no se puede construir una buena humanidad sobre las malas relaciones, sobre relaciones malhumoradas entre las naciones. … Se trata de introducir en las relaciones entre los estados, las reglas de la moral individual: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Estas apreciaciones, se entienden solamente en el marco de una transformación de la sociedad entera, necesariamente solo posible en el largo plazo.

Los problemas y las soluciones del mundo residen en el interior de cada persona.



[1] Pero también habla y escribe para su país. Destacamos como mensajes significativos  a Rusia:  Una carta a los dirigentes de Rusia del 5 de septiembre 1973 en que da sus “sugerencias” para el futuro. Habla de principios, régimen político, autoridad, importancia de la verdad, consenso, religión y estado, política exterior… Finalmente de vuelta en casa, pronuncia tres discursos en la Universidad de Rostov (20.9.1994), en la Duma (28.10.1994) y en la Universidad de Sarátov (13.9.1995) Entre otros temas siempre plantea el futuro de Rusia, pero también propone la descentralización gubernativa y restauración del zemtsvo, funcionamiento de la economía, la conducta moral de los diputados que debería servir de ejemplo, el problema de la representatividad, las fronteras de Rusia, entre muchos otros temas. En una entrevista a Vesti Nedeli (2005) habla sobre la democracia, sobre la dictadura de los partidos políticos y de los profesionales de la política, sobre el autogobierno, sobre el desmembramiento de la URSS, el surgimiento de los nuevos ricos, las privatizaciones…

sábado, 14 de marzo de 2020

Conferencia de Pablo López Herrera sobre «Solzhenitsyn y la Revolución»



Debido a la delicada situación de contagio a que nos expone el coronavirus, como medida preventiva de cuidado entre todos, VAMOS A CANCELAR LA CONFERENCIA PRESENCIAL sobre Solzhenitsyn Y LA REEMPLAZAREMOS POR LA MODALIDAD ONLINE VÍA LIVE-STREAMING, en el siguiente link https://youtu.be/3ssEEczQfsY. 

Los esperamos entonces en el espacio virtual, para compartir juntos la conferencia de Pablo López Herrera sobre «Solzhenitsyn y la Revolución - Un ejemplo de vida. Mensajes para el siglo XXI» el martes 17 de marzo próximo, a las 18.30. 

Recuerden que el lugar es:


Será esta una ocasión en la que podremos convertir la adversidad en oportunidad. Pueden aprovechar para invitar a sus amigos a unirse a distancia.

Flyer Pablo CONFERENCIA ONLINE.png

Instituto Acton
Buenos Aires - Argentina
www.institutoacton.org

Gulag: una historia soviética

Gulag: una historia soviética
...es un documental en francés de 2017, realizado por Patrick Rotman, disponible ahora en la red. 

Gulag es un acrónimo en ruso, formado en 1930, para Administración Central de Campos, un universo comunista de campos de concentración para disidentes dispersos por toda la Unión Soviética, que nunca tuvo menos de dos millones de presos. 

Lenin diseñó el Gulag en 1918 y alcanzó su cénit en tiempos de Stalin, acogiendo además, a partir de 1945, miles de prisioneros de guerra. Durante décadas, la izquierda occidental ocultó, ignoró o justificó la existencia del Gulag, hasta que la obra del Premio Nobel de Literatura (1970) Alexander Solzhenitsyn Archipiélago Gulag, publicada en Francia en 1973, hizo insoslayable esa realidad. 

Esta primera parte, Los orígenes (1917-1933), abarca los inicios leninistas hasta que en 1922 Stalin asume la dirección de la represión. Un periodo en el que las principales víctimas son los campesinos y pequeños propietarios odiados por los bolcheviques, hombres y mujeres enviados por millares a realizar trabajos forzados en obras públicas y alejados para siempre de su hogar en la helada Siberia. 

La segunda parte, La proliferación de campos (1934-1945), describe la conversión del Gulag en una auténtica industria penitenciaria a base de mano de obra esclava que ya no se nutre solo de personas real o supuestamente anticomunistas, sino también de víctimas de las purgas internas dentro del mismo partido. A raíz del pacto de Stalin con Hitler y de la invasión de Polonia por ambos, al Gulag llegaron polacos, ucranianos, estonios, letones, lituanos, moldavos..., y posteriormente, tras la Segunda Guerra Mundial, alemanes. 

La tercera parte,Apogeo y agonía (1945-1957), cuenta la expansión del Gulag con la Guerra Fría y su lento declive, más por falta de rentabilidad económica que por humanidad. Al morir Stalin en 1953 empezó a desinflarse, sin desaparecer del todo. La represión comunista solo cambió de forma, según el principio que un responsable del Gulag llegó a expresar a los deportados que llegaban a Siberia condenados a trabajos forzados hasta que reventasen: «Vuestro trabajo me es indiferente. Lo que me interesa es vuestro sufrimiento». 

https://www.religionenlibertad.com/video/121738/Gulag-el-rostro-del-comunismo-real.html

martes, 10 de marzo de 2020

L’ennemi, c’est l’État!


L’ENNEMI, C’EST L’ÉTAT!



par Lambert Christian



L’ennemi, c’est l’État!

Alors qu’il devrait être, pour le citoyen, le protecteur, celui qui aide et qui rassure. En réalité, l’État fait en France exactement le contraire de ce qu’il faudrait qu’il fasse. Il ne protège pas les bons Français – il y en a encore pas mal en France. Il les abandonne à la pègre. Il cherche à les spolier jusqu’à la ruine en les tourmentant sans arrêt pour leur faire payer les 360 impôts et taxes en vigueur et leur faire respecter les 10 500 et les 127 000 décrets sur lesquels veillent 618 384 élus dont beaucoup sont confortablement indemnisés.

La criminalité et la délinquance sont telles que la presse en parle tous les jours. Ce matin, j’ouvre le journal et je lis: «15 mineurs maghrébins ont été interpellés dans les Yvelines, le plus jeune ayant 11 ans.» Il serait, à ce propos, intéressant de savoir comment vivent les 500 enfants abandonnés sur les trottoirs de Paris et qui passent la nuit dehors.

Comment vivent-ils? De quoi vivent-ils?

Et que subissent-ils? Je lis encore que des mineurs algériens «opèrent» à Bordeaux en toute tranquillité, le produit de leur vol étant remis à «l’entreprise familiale» …

Plus grave et malheureusement très courante est l’agression pour vol.

Un agriculteur victime de 25 cambriolages a fini par relever la tête et a décroché son fusil de chasse pour tirer sur l’agresseur. Que pensez-vous qu’il arriva? Des félicitations du commissaire de police? Pas du tout. C’est le contraire: le volé a été mis en prison. On ne fait pas justice soi-même, me dit-on. Mais, comme la justice ne fait pas ce qu’elle devrait faire, c’est l’anarchie qui finalement règne dans notre pays.

Plus personne n’ignore que les policiers eux-mêmes doivent faire preuve de compréhension pour ceux qui cherchent à les tuer. Tellement maltraités par l’état d’esprit de la hiérarchie qu’en 2018, 59 d’entre eux se sont suicidés. Comment qualifier cette politique? Pour moi, elle est criminelle.

À tout moment, un individu peut se précipiter sur vous le couteau à la main, au cri d’Allah le tout-puissant. Vous avez alors deux possibilités: vous laisser égorger ou, si vous en avez la force, retourner le couteau sur l’agresseur, mais alors vous irez en prison. Des cas comme celui-ci, on en trouve tous les jours en Europe, la France socialiste ouvrant la marche.

On est exposé aussi à la dénonciation calomnieuse et à la garde à vue qui peut en résulter. La police peut tout de même constater que vous êtes innocent et vous libérer en vous souhaitant une bonne journée, mais le préjudice aura été important et votre nom restera dans les archives de la police. «Mentez, mentez, il en restera toujours quelque chose.»

Que faire alors pour se protéger? Se cacher chez soi? Mais le fisc, lui, finira bien par vous trouver et vous faire payer, éventuellement en vous tourmentant pendant des années.

Virginie Pradel, avocate fiscaliste, a fort bien dépeint le tableau dans son dernier ouvrage: «L’absurdité fiscale française». «Conséquence de l’excès des prélèvements, beaucoup de Français, écrit-elle, ne s’en sortent plus financièrement. Les hausses successives sont devenues insoutenables. Certains ne peuvent plus vivre dignement du fruit de leur travail. À cela s’ajoute l’excès de prélèvement sur la consommation, TVA, taxe carbone, etc. L’État prélève quasiment la moitié de la richesse nationale annuelle. Nous payons ainsi plus de 1 000 milliards d’impôts, de taxes et de cotisations chaque année.»

Si, par malheur, vous faites l’objet d’un contrôle fiscal, vous pouvez en avoir pour des années. On vous demandera de fournir des précisions sur vos avoirs en 2014. Et si, en toute bonne foi, vous ne pouvez pas les retrouver, vous serez considéré comme un fraudeur et traité comme tel. Des milliers et des milliers de fonctionnaires sont employés à cette fin.

Ils sont payés par le produit de l’impôt et n’ont aucune raison de vous faire le moindre sourire. À ce propos, il est permis de poser une question: est-on bien sûr que les recherches de l’administration sont parfaitement neutres, sereines et impartiales ? La question peut être posée en particulier à Jean-Marie Le Pen.

Le ministère des Finances compte en France 140000 fonctionnaires pour 66 millions d’habitants. Aux États-Unis, ils sont 129 000 pour 316 millions d’habitants et en Allemagne 54 000 pour 80 millions! Dans sa folie fiscale, l’État dépense pour prélever certaines taxes plus que lesdites taxes ne rapportent. C’est Gribouille qui est le chef de service. Gribouille qui a quelques primes dans sa poche à distribuer aux «aviseurs» qui dénoncent les «riches». Et Virginie Pradel d’ajouter: «Qu’est-ce qui nous attend après une vie de travail qui a pu être harassante?

Eh bien, une retraite elle aussi surtaxée. Les retraités sont une cible fiscale rêvée pour le fisc. » On ne sera donc pas surpris par la date de « libération fiscale » fixée au 28 juillet en France. Cela signifie que nous devons travailler en moyenne près de 7 mois pour nous acquitter de l’ensemble des prélèvements imposés par l’État. Au Royaume-Uni, la libération est fixée au 28 mai. Oui, la France est, et de beaucoup, le pays qui impose le plus ses citoyens.

Elle les traque en permanence pour qu’ils remettent leurs revenus à l’État et savez-vous ce qu’il en fait, l’État, de vos revenus ? Si vous voulez en savoir davantage encore, lisez les ouvrages d’Agnès Verdier-Molinié, directrice de l’Ifrap: c’est un enchantement!

Et les guerres? Qui déclare les guerres? Ce n’est sûrement pas la congrégation des petites sœurs des pauvres. Ce sont des hommes politiques et, depuis 1815, vous savez quel en est le bilan? Les guerres napoléoniennes perdues, la guerre de 1870 perdue, la guerre de 1914 gagnée mais à un prix tel que la France ne s’en est toujours pas relevée, la guerre de 1939 perdue et honteusement perdue, la guerre d’Indochine perdue, la guerre d’Algérie perdue et l’actuelle guerre au Sahel africain en voie d’être perdue. Ainsi avons-nous des monuments officiels partout. Ce ne sont pas des arcs de triomphe, ce sont des monuments aux morts.

Dresser le bilan global de ces échecs et vous serez effrayés. Vous aurez honte et vous aurez peur.

Un mot encore sur les dépenses de santé. Elles sont en principe remboursées et par la Sécurité sociale en archi-déficit, «que le monde entier nous envie», et par des mutuelles. Or, si les grandes dépenses sont remboursées, les petites et moyennes ne le sont pas, ce qui finit par chiffrer. Ainsi avons-nous des Français qui se privent de soin parce qu’ils n’ont pas les moyens de payer, notamment les soins dentaires.

Alors que faire? Où se réfugier? Je connais le cas d’un Français victime de ce système qui a renoncé à la nationalité française. Il a acquis celle d’un pays d’Extrême-Orient et il vit en Suisse avec son nouveau passeport: il s’y trouve très bien mais, confie-t-il, j’aimerais tant revenir dans mon pays. Pour cela, il faudrait que la France soit bien gérée. Il peut attendre longtemps !


Source: www.les4verites.com

Apliquemos la memoria histórica a todo o a nada


LA CONDENA DEL COMUNISMO Y DEL NAZISMO

por Ignatius

El pasado 18 de septiembre el Parlamento europeo aprobó una resolución (2019/2819 RSP) en donde se condena expresamente los horribles crímenes cometidos por los comunistas y los nazis en toda Europa sin excepción e insta a los gobiernos los países miembros a que hagan una evaluación clara y basada en principios de los crímenes y los actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas. La resolución se produce en el aniversario del Tratado internacional entre Ribbentrop y Molotov, esto es, entre los nazis y los comunistas para repartirse Polonia en 1939, agresión que dio origen a la Segunda Guerra Mundial, la guerra más devastadora de la historia de Europa. Es una resolución histórica pues se trata de la condena del comunismo y del nazismo poniendo a ambas ideologías en el mismo lugar.

EL COMUNISMO, UNA MÁQUINA DE MATAR

Ninguna ideología ha matado tanto como el comunismo. Ni siquiera el Nacional Socialismo de Hitler con 17 millones de muertos a sus espaldas se acerca ni de lejos a los más de 100 millones de víctimas que ostenta el comunismo. A pesar de este terrible bagaje aun el comunismo subsiste y tiene sus defensores incluso entre algunos de los actuales políticos españoles. Hoy, las únicas dictaduras totalitarias que aún permanecen en el mundo son comunistas: Cuba, Corea del Norte, China, comunismo de corte tradicional, Venezuela, Nicaragua con el mal llamado comunismo del siglo XXI. Políticos españoles aun apoyan o son condescendientes con estos regímenes que aun perpetran asesinatos políticos y menoscaban las libertades de sus ciudadanos. Las naciones europeas del este que sí conocen en su pasado el azote de esta ideología y la han sufrido en sus carnes, tienen en cambio en sus respectivos territorios la prohibición de existencia de partidos comunistas.

Investigadores como el sueco Per Ahlmark o el demógrafo politólogo Rudolph Rummel han estimado los asesinatos políticos cometidos por los regímenes comunistas en todo el mundo en el periodo 1917-1987 en 110 millones de personas. Esto supone que dos de cada tres personas asesinadas en el siglo XX por motivos políticos o religiosos lo fueron en países comunistas. Posteriormente y a lo largo de los años, otros autores e historiadores como Stéphane Courtois, Nocilas Werth, Jean Louis Panne… han confirmado esta cifra. Uno de los mayores asesinos de la historia fueJosef Stalin, secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética entre 1922 y 1952 y que desencadenó a partir de 1930 la llamada Gran Purga o Gran terror de Stalin, una serie de campañas de represión y persecución con millones de víctimas ejecutadas por delitos políticos muertos en gulags y en reasentamientos forzosos. Deportaciones masivas por razones políticas, étnicas o religiosas, con millones de muertos durante los traslados. En total, se le atribuyen aproximadamente 23 millones de muertes al líder comunista ruso. Precisamente los gulags o campos de concentración comunistas fueron la inspiración de los posteriores campos de la Alemania nazi. Otros líderes comunistas que exterminaron a su población fueron Mao Zedong en China (76 millones) o Pol Pot en Camboya, que torturó y asesinó a una cuarta parte de la población de ese país.

Volveremos más tarde con la figura de Stalin, el verdadero instigador del Frente Popular que propició la guerra civil española mediante dos golpes de estado y asesinatos masivos entre los años 1933 y 1939.

EL TERROR ROJO EN ESPAÑA Y EL ORIGEN DE LA GUERRA CIVIL

A George Orwell, autor de la novela política de ficción distópica «1984» se le atribuye la frase de que “la historia la escriben siempre los vencedores”. Durante 40 años de dictadura franquista la historia la escribió el régimen pero en la actualidad, la memoria histórica socialista pretende reescribirla en sentido opuesto. Nos quiere hacer creer que en 1936 se vivía una idílica y pacífica República y una mañana del 18 de julio unos curas “carcas” y unos militares fascistas se levantaron con el pie cambiado y dieron un golpe de estado, de ahí a una guerra civil y casi 40 años de gobierno autoritario. Pues no fue así. La realidad es que el Frente Popular de la II República, es decir socialistas, comunistas y sindicalistas, todos revolucionarios, con sus actos criminales propinaron un golpe de estado y una cruel represión y propiciaron el posterior levantamiento. De hecho, los padres espirituales de la República como Ortega y Gasset y Unamuno, defendieron el levantamiento de 1936 al ver la deriva que había tomado la República que iba derecha hacia una sanguinaria dictadura comunista impuesta y dirigida desde Moscú directamente por Stalin el genocida. Vamos al detalle:

La II República nace tras la dictadura de Primo de Rivera y la caída de la monarquía. Ya desde 1931 y durante el gobierno de Azaña se producen ya quemas de conventos, iglesias y bibliotecas en un clima anticlerical muy marcado e importado directamente desde Moscú. En las imágenes podemos ver las quemas de la iglesia y residencia de los Jesuítas en Mayo de 1931, de las monjas maravillas y de las mercedarias en Madrid. De ahí viene la famosa frase, tan de moda en manifestaciones de izquierda, de “arderéis como en el 36”. Se dice así para que rime ya que la quema de iglesias y conventos comenzó en 1931.








De hecho, ya en 1933, tras dos años de gobierno republicano-socialista nefastos y violentos se convocan unas elecciones que arrojan una victoria aplastante de la derecha por 5 millones de votos contra 3 de la izquierda. En estas elecciones pudieron votar por primera vez las mujeres en España, a pesar de la oposición del PSOE a que lo hicieran. Tras esta derrota, los partidos de izquierda con el partido socialista a la cabeza se decanta entonces por la revolución violenta haciendo caso omiso de los resultados, con la honrosa excepción de Besteiro. Con el socialista Largo Caballero, como instigador de las revueltas, aunque apoyado por toda la izquierda incluido el propio Azaña, se produce entonces un asalto al legítimo gobierno de Alejandro Lerroux que culmina en la mal llamada insurrección de Asturias ya que en realidad se extendió al resto de provincias españolas aunque sólo en Asturias triunfó arrojando un balance de 1400 muertos en 15 días. Un golpe de estado de la izquierda que algunos historiadores consideran el verdadero comienzo de la guerra civil pues estos acontecimientos no se pueden desligar de la posterior insurrección de Mola y Franco. Tras el fracaso de la citada intentona golpista, el Frente Popular “gana” unas elecciones cuyo recuento de votos nunca se llevó a cabo y destituye al presidente de la República Alcalá Zamora a la par que la quema de cientos de Iglesias, asesinatos de religiosos y de políticos y de votantes de derechas se suceden. En un mes fueron deliberadamente incendiados más de una treintena de iglesias y monasterios por parte de grupos de izquierda y las quejas de diversos medios fueron lo que provocaron la famosa respuesta de Manuel Azaña: «Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano».

Toda esta violencia desatada por la izquierda culminó con el asesinato del principal líder de la oposición Calvo Sotelo por milicianos socialistas. El otro líder de la oposición, Gil Robles, se salvó de ser asesinado ese mismo día por no estar en casa. La documentación aportada por el socialista Francisco Vázquez así como los documentos que quedaron de la instrucción del caso (los quemaron), demuestra que las milicias de los partidos de izquierda, al mando de los principales dirigentes de las formaciones políticas, prepararon el asesinato de Calvo Sotelo, José María Gil Robles y Antonio Goicoechea desde el mismo momento en el que el Frente Popular llegó al poder.

Pero del carácter violento y revolucionaro del líder socialista del PSOE Largo Caballero dan fe la correspondencia mantenida con Stalin donde éste último insistía en que la vía en España podría ser la parlamentaria y la insistencia por el contrario de Largo Caballero en que la revolución y la violencia era la única vía. Largo Caballero abogó por el abandono de la «vía parlamentaria» en favor de la «vía revolucionaria» para alcanzar el socialismo mediante la violencia, desplazando a los más moderados como Besteiro de la dirección de la UGT y del PSOE, posición que se acentúa tras la derrota de la izquierda en las elecciones parlamentarias de 1933. En el discurso que Largo Caballero pronunció en la plaza de toros de Jaén el 5 de noviembre de 1933 durante un mitin electoral dijo lo siguiente:


“Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia´). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacía la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe prepararse… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista»

La postura en extremo violenta y guerracivilista de Largo Caballero le valió el sobrenombre de «el Lenin español».

Este era el clima de violencia y “democracia” en la II República y estos son los personajes que aun conservan devociones, calles y estatuas en la España actual y del que presumen algunos socialistas del PSOE. Este mismo clima propició el levantamiento de los generales Mola y Franco en medio de matanzas de políticos de la oposición, católicos, religiosos y militares afines a la derecha.

ASESINATOS DEL COMUNISMO EN ESPAÑA

En la España gobernada por el Frente Popular se vivió un proceso de terror político que terminará cobrándose la vida de 70.000 personas y no precisamente por la lucha en el campo de batalla.

El 19 de julio de 1936, domingo: José Giral, recién nombrado presidente del Gobierno de la II República, autoriza el reparto de armas al pueblo. El «pueblo» son las milicias organizadas por los partidos del Frente Popular: socialistas, comunistas y anarquistas. Para obtener un fusil no se precisa más requisito que exhibir la documentación de uno de estos partidos o sindicatos de izquierdas o, incluso, manifestarse simplemente simpatizante. El objetivo de este reparto de armas no es el frente del recién alzado General Mola, ya que éste está muy lejos mientras que Franco, en África, lo está aún más. Ni los socialistas ni los anarquistas se movilizarán para el combate con esas armas que se distribuyen lejos del frente. De hecho, hasta la caída de Toledo, no se movilizará militarmente a estas milicias socialistas y anarquistas de Madrid. ¿Qué hicieron hasta entonces? Torturar y asesinar a civiles por sus ideas políticas o creencias religiosas. Exactamente lo mismo ocurrió en Barcelona. En Cataluña el Frente Popular con el apoyo del nacionalista Lluis Companys disponían de 78.000 fusiles que no fueron al frente y que distribuyeron entre sus militantes para matar «fascistas» en las calles y en las casas.

Los “fascistas” eran religiosos de cualquier condición, políticos de la derecha, propietarios e industriales, militares sospechosos… Pero en muy poco tiempo, en un vértigo de sangre, la lista se amplía: ya no sólo los religiosos consagrados, sino también los ciudadanos de fe manifiesta; ya no sólo los políticos de la derecha, sino también sus votantes; ya no sólo los grandes propietarios, sino también el labrador, el comerciante, intelectual o periodista o el profesional liberal que vota a la derecha o incluso los republicanos demócratas. Aquí tienen una relación de solo algunos intelectuales, algunos de ellos republicanos demócratas, asesinados por el frente popular: PSOE, PC, UGT y ERC.

Pero no solo Madrid y Barcelona fueron objeto del terror del Frente Popular. En los trece días que van desde el 18 de julio hasta el final del mes las cifras de asesinatos en toda el área controlada por el Frente Popular son escalofriantes. Aragón, Cataluña, Levante, Murcia, Baleares, Andalucía, Extremadura, La Mancha, Asturias, Santander, País Vasco…

Los casos de ensañamiento salvaje serán relativamente numerosos en las áreas rurales, donde los comités de milicianos del Frente Popular se convirtieron en el único poder.

Hay un cierto consenso en que los fusilados, no en el frente, sino por sus ideas religiosas o políticas en la zona controlada por el Frente Popular oscila entre las 60.000 y 70.000 personas. Y no fueron solo en los años posteriores al levantamiento de Mola y Franco. Como hemos dicho, los asesinatos comenzaron antes incluyendo el del ya comentado líder de la oposición Calvo Sotelo el 13 de julio de 1936, el cual fue amenazado de muerte por la líder comunista Dolores Ibárruri «La pasionaria» en el propio congreso apenas 1 semana antes. Todavía ni Mola ni Franco se habían levantado y de hecho lo hicieron como consecuencia de este clima de violencia extrema. Ya ven ustedes que el PSOE y el PCE en su historia también tienen y mucho de lo que avergonzarse.

En la imagen pueden ver cadáveres de religiosos en las calles de Madrid




O religiosas siendo detenidas para llevarlas a las «Checas» y aparecer días más tarde violadas y asesinadas.




Solo en Madrid había más de 300 “chekas”, lugares de torturas y asesinatos a civiles simpatizantes del otro bando o personas cuyo único delito era ser católicos. En Barcelona casi 200 “chekas” son conocidas.

Veremos si el nuevo Alcalde de Madrid, Martínez Almeida, y en base a esta resolución europea, no inaugura el Memorial a los Chequistas comunistas en el Cementerio de La Almudena, Memorial que iba a ir acompañado, por voluntad de los anteriores comunistas gestores de la Capital de España, con multitud de placas con los nombres grabados de los cientos de asesinos, torturadores y violadores de las Checas que aterrorizaron al Pueblo de Madrid, en el periodo de 1936 a 1939 durante el horrible terror rojo.

Paralelamente se produce ya durante la guerra, un expolio durante la presidencia de Largo Caballero y a instancias de su ministro de hacienda Negrín, la entrega de una gran parte del oro del Banco de España, que entonces era una de las mayores reservas del mundo, a Stalin el genocida comunista, siendo este posiblemente el mayor robo perpetrado al pueblo español de toda su historia.

PARACUELLOS

La noche del 6 al 7 de noviembre de 1936, daba comienzo en la zona republicana la mayor matanza perpetrada en la Guerra Civil Española. Unos 5.000 hombres, mujeres y niños fueron asesinados fríamente y arrojados a fosas comunes. Entre esa noche y el 4 de diciembre de 1936, bajo las órdenes del dirigente comunista Santiago Carrillo, entonces consejero de Orden Público, y bajo la responsabilidad del gobierno republicano, unos 5.000 hombres, mujeres y niños (276 menores) fueron sacados de varias cárceles de Madrid y llevados a Aravaca, Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz, donde fueron asesinados y enterrados en fosas comunes. El procedimiento era maquiavélico: los sicarios Andrés Urresola o Agapito Sainz se presentaban en la prisión con una «orden de libertad» firmada de puño y letra por Serrano Poncela, lugarteniente de Carrillo, pero después esos reclusos eran llevados en autobuses de dos pisos hasta las afueras donde delante de una zanja eran fusilados sin conmiseración para luego ser enterrados, algunos de ellos aún vivos.

QUÉ PIDE LA UNIÓN EUROPEA

La resolución que condena el comunismo señala que “en algunos Estados miembros siguen existiendo en espacios públicos (parques, plazas, calles, etc.), monumentos y lugares conmemorativos que ensalzan los regímenes y personajes comunistas.” Ello apunta directamente a España pues aquí se mantienen homenajes y reconocimientos a organizaciones y figuras claramente comunistas y estalinistas como fueron las Brigadas Internacionales, Santiago Carrillo, Dolores Ibarruri, Largo Caballero, Juan Negrín e Indalecio Prieto, entre otros muchos.

Llegado a este punto quiero analizar el impacto que esta resolución va a tener en la propia España, pues aquí son los jaleadores del comunismo más radical los que llevan la voz cantante en lo que es Memoria Histórica y sus suculentas subvenciones, y para ellos sin duda la resolución supone una sonora bofetada ante la cual ni siquiera han podido o sabido responder ocultándose a la opinión pública española tan relevante noticia. No esperen que La Sexta, el País, TVE, la Vanguardia o la Cuatro hagan “un especial” sobre las matanzas provocadas por los comunistas en Europa y en España tras esta resolución del Parlamento Europeo. Ya hemos hablado en este blog del sesgo de lo «políticamente correcto» en los medios y la condena del comunismo no lo es, la del fascismo si.

EFECTOS DE LA RESOLUCIÓN EN ESPAÑA

El Parlamento Europeo “pide a todos los Estados miembros de la Unión, incluida España, que hagan una evaluación clara y basada en principios de los crímenes y los actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas”. Pide también a todos los estados miembros que “conmemoren el 23 de agosto como Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo”, Por tanto insta a los Estados miembros, incluida España, para que adopten medidas relacionadas con esas declaraciones.

Aunque jurídicamente no es vinculante, el Tribunal de justicia de la Unión Europea ha declarado que las Jurisdicciones nacionales deben tener en cuenta este tipo de declaraciones al interpretar las disposiciones nacionales para asegurar su puesta en práctica.

Dudo mucho sin embargo que en esta España donde la ley de la memoria histórica impone una visión sesgada del pasado y donde los principales medios de comunicación tienen un claro sesgo de izquierdas, la citada resolución tenga ninguna consecuencia. Prueba de ello es que a diferencia de Europa, en España ha habido una escasísima repercusión de la resolución condenatoria del comunismo a pesar de que, como hemos comentado, aquí también el comunismo tiene en su haber decenas de miles de muertos.

Si, hay que condenar el fascismo, pero no menos el comunismo que cuenta con más de 100 millones de muertos a sus espaldas. Apliquemos la memoria histórica a todo o a nada. Calles, plazas, monumentos dedicados en España a Santiago Carrillo, la Pasionaria, Lluis Companys o Largo Caballero tendría que ser tan retirados como los dedicados a Mola, Franco o cualquier figura franquista. Homenajes como el recientemente dedicado al Che Guevara (asesino y homófobo comunista) por parte de Pablo Iglesias tendrían que estar tan prohibidos como el enaltecimiento del franquismo, lo contrario es hacer lo que hicieron los franquistas durante 40 años pero al revés: reescribir la historia por los vencedores.

La constitución del 78 supuso mucho más que un nuevo régimen jurídico. Supuso la reconciliación de un pueblo. El perdón de unos y otros plasmado en la ley de amnistía de 1977, el cierre de unas heridas que llevaban abiertas casi 50 años. Dejémoslas cicatrizar. Dejen la historia a los historiadores y que los políticos no intenten reabrir viejas y dolorosas heridas. La memoria histórica ha de ser una memoria de perdón y olvido y de reconciliación sin rencor.



Fuente: elreydesnudo.es

viernes, 14 de febrero de 2020

The willingness to suffer for the truth is at the core of the final message


Among The National Conservatives


ROD DREHER
FEBRUARY 4, 2020

I thought I would report a lot of big political ideas from the big National Conservatism conference in Rome today. But not what we’re at the end of the day, that’s not what sticks out in my mind.

There were some big ideas there. I really liked the speech that Marion Maréchal gave, though my European (especially French) conservative friends here were cooler on it than I was. This is because the sort of integral conservative points she made are fairly normal in continental Catholic conservative circles, though still pretty radical by American standards. For example, she talked about the importance of protecting the environment, and agriculture, and human dignity by opposing transhumanism, etc. She said all this at her CPAC speech last year, I was reminded, so it didn’t make as big a splash with those who were already familiar with these ideas. Still, I thought she was marvelous. Maybe it’s because this is the only time I’ve heard an actual conservative politician advocate the kinds of traditionalist things that I talked about in my 2006 book Crunchy Cons.

Viktor Orban was great, as usual, and about a thousand times smarter and shrewder than anybody else. The difference between the actually existing Orban and the Orban presented in the Western media is really remarkable. Douglas Murray is as lovely a speaker as he is a writer. He’s a gentle man, so much so that you would never guess how completely brave he is. He really is one of the most courageous men in British public life, but to spend time with him, you think he’s just this kind, friendly guy.

That was a sign for me about the meaning of this conference. For me, by far the most interesting part of the day was what I learned from conversations among people attending this meeting. I met men and women from all over Europe. Everybody had a story. I met Mattias Karlsson, a leading politician in the Swedish Democrats party — the so-called “far right.” I didn’t know who I was talking to at first when we met at the bar. He told me he was from Sweden, and a politician. One reason he got involved in politics was because he was sick and tired of hearing stories about women in his life being raped by immigrants — and this being denied by official Swedish culture, because the facts were politically incorrect. When he sat on a panel at the conference, Karlsson spoke briefly about how he loved “the beauty of old, diverse institutions, for me, that is Europe.” And: “Without pride, we cannot restore anything.” He was talking about simple love of Swedish things, the things that Swedes have built over the centuries. He was talking about a plain love of Home, and a desire to defend it.

Here’s the thing: there was nothing angry or cruel about Mattias Karlsson and the things he said. It was normal. This is how the Left is today: they pathologize and demonize normal things like loving your own home, and the ways of your people. Before I knew who Mattias Karlsson was, I thought, he sounds like the kind of decent guys I grew up with.

I met a lot of people like that today. In fact, I wish people had talked more about this kind of thing than about sovereignty, which was by far the dominant topic in all the panels and speeches. After all these private conversations, I thought about how weird it is that all these people — Italians, Croats, Swedes, Germans, English, and so on — have been deemed as dangerous far-right weirdos by the media, often simply because they love their homes, and do not understand why they must hate themselves and their cultural inheritance to prove their virtue.

I heard stories today that would shake most of you up. I can’t give details, because they were said in confidence, but look, I can tell you that I spoke to people who are living with, or who have lived with, astonishing persecution from the Left in their home countries. One young man told a story about how he intervened in a particular case to tell a foreign person that what they were doing in that moment was against the rules of the place where they were. It turns out that the foreigner, an ethnic minority, was the son of a wealthy, powerful dignitary back home, and accused the young man (white) of racism. The white man cleared his name, but not after undergoing two investigations, including one by the local police, on a hate crimes accusation. This, simply for saying, “I’m sorry sir, but you can’t do that here.”

This really resonated with me. It reminded me of stories I heard from people who had lived through communism. They had talked about how civil society was not possible, because you lived in total fear of other people. You never knew who you could trust, and who might report you to the police on the basis of a single comment.

Someone who wasn’t here, but whose story totally fit in with these narratives, is this Finnish politician:

https://twitter.com/PaiviRasanen/status/1224757614669705216

This is persecution, straight up. A man I spoke with this evening told a story about how the tax authorities in his country moved against his political organization based on information that a leftist sympathizer within the government leaked. The man’s organization prevailed in court, but their defense cost them three times what they won in damages. These kinds of things are happening all over.

Today a British friend at the conference whispered to me, as a warning, “There’s a Guardian reporter going around trying to get people to say outrageously right-wing things.” I saw the reporter behind him. I know better than to speak to a Guardian reporter, but I appreciated the heads-up. Here’s the insane story that the Guardian printed about the conference today. I heard everything this MEP said, and it was perfectly normal. This is a vicious case of left-wing smearing by association. Marion Maréchal’s grandfather is Jean-Marie Le Pen! Daniel Kawczynski is appearing under the same roof as Viktor Orban, who is a Bad Person! I mean, honestly, that’s all these nitwits have. When I tell you that you cannot trust a thing that the Western media say about the “far right,” I’m talking from personal experience. The Left operates on shaming people. We know this. There is real power in refusing to be shamed. People stood up and cheered for Viktor Orban today, and I have to think that is in part because he does not care what the respectable European establishment thinks. He just keeps going.

Walking back to my hotel from today’s events, I was thinking about the meaning of loyalty. That is the overall impression I got from today: that the people in that hotel ballroom were a fairly diverse lot, and some of them were contradictory, some were eccentric, and some were maybe even sort of a mess. But I tell you, it was a coalition of the normal. A Brit told me that he was standing in a big crowd in London on Brexit night, amid a throng singing, “God Save The Queen” and “Rule, Britannia!”, and how great it was to feel that it was okay to love his country, and to be proud of it.

Why is this wrong?

It’s not wrong. It’s not wrong at all. I’m leaving Rome proud to know these people and their stories. I am sure that somewhere in that crowd today, there were unsavory people. But all the people I talked to were just more or less ordinary people who realized that there was nothing wrong with them at all, no matter what the establishments in their own countries say. Yes, there were big ideas talked about on the stage today, but for me, the sense of solidarity gained from meeting and talking with people face to face, and hearing, in one form or another, “Oh, it happened to you too, did it?” — that is priceless.

I gave the keynote address, which I’ve pasted in below. I’ve got to tell you something neat that happened as I stood in the wings waiting to be introduced. A Croatian-American came over and said hi, reminding me that we had met at a Notre Dame conference a couple of years earlier. He knew that I was going to talk about what we have to learn from people who had lived under communism. He said that his father had escaped communist Yugoslavia with the help of a Catholic priest. He started talking about this priest, who his family knew and loved until the old priest died, and I thought, “Surely he doesn’t mean Father Kolakovic.”

The man said, “The priest’s name was Father Tomislav Poglajen, but he changed his name to Kolakovic.”

I told the man that I knew all about him, and that I dedicate my forthcoming book to Father Tomislav Kolakovic, the man who made the Slovak Catholic resistance possible. “I’m about to give a speech where I talk about him!” I said.

Two minutes later, I walked up onto the stage to give the speech below. I should tell you that the Croatian man put me in touch via e-mail with his 92 year old dad, who lives in America, and the father and I will be talking next week about this hidden hero of the anti-communist resistance.

That seemed providential. Here’s my speech. It seems sketchy to me, but I was only given 20 minutes to talk. I was happy to give notice to James Poulos’s Pink Police State coinage, which is exactly right:
Five years ago, I received a phone call from an American physician, who was rather alarmed. He told me that his mother emigrated to America from Czechoslovakia. When she was young, she served six years as a political prisoner because she was part of the underground Catholic resistance to communism. Now, as an old lady living with her son and his wife, she said to her son: “The things I am seeing in this country today remind me of when communism came to my homeland.” 
She was talking about the growing intolerance, even hysteria, from the Left against anything that conflicts with their ideology. I knew that political correctness was a big problem, but this sounded exaggerated to me. Maybe she is just a frightened old woman, I thought. 
But over the next few years, I began talking to immigrants from the Soviet bloc – men and women who once lived with communism, but who escaped to the West. I would ask them: “What are you seeing today? Is this old Czech woman correct?” 
Over and over, I heard the same thing: YES! It really is happening here. We can feel it in our bones. Almost all of them are quite frustrated and angry that no American believes them. 
I understand the skepticism. I was skeptical too when the doctor first called me. Today, though, after interviewing a number of these people, and spending much of the last year traveling throughout the former communist countries of the East to interview former dissidents and political prisoners, I am convinced that they are right. Aleksandr Solzhenitsyn said:
“There always is this fallacious belief: ‘It would not be the same here; such things are impossible.’ Alas, all the evil of the twentieth century is possible everywhere on earth.’” 
It is not only possible here in the liberal democratic West, but it’s taking form right now. People who lived through communist totalitarianism are trying to sound the alarm. They are trying to wake the rest of us up before it is too late. As Marek Benda, a Czech politician who comes from a dissident family told me last year in Prague: “The fight for freedom is always with us. Only one generation divides us from tyranny.” 
The fight against the new totalitarianism is the fight of our generation. It is here. It is now. And it cannot be avoided.
Before we go further this morning, let’s define our term. What is totalitarianism? 
In her classic 1951 study “The Origins of Totalitarianism,” Hannah Arendt examined both the Nazi and communist movements in an attempt to discern why they appealed to the masses. Totalitarianism makes every aspect of life political. It not only seeks obedience from the people, but it attempts to force everyone to welcome their own oppression. We have to internalize the ruling ideology, and make it our own. As George Orwell put it, the goal is for everyone to learn to love Big Brother. 
Many of the conditions that Arendt saw as the seedbed of totalitarianism are present today, in our decaying liberal democracies. Here is a short list of Arendt’s pre-totalitarian signs that we see very strongly in our society: 
• Widespread loneliness and social atomization• Loss of faith in institutions and hierarchies• A desire to transgress• A rise in the power of ideological thinking• The increased use of propaganda• The value of loyalty – to a person or to an ideology – more than expertise• The politicization of everything 
As I see it, we have two basic things that distinguish us from pre-communist Russia and pre-Nazi Germany 
First, the all-consuming ideology among us is not racist nationalism or Marxism-Leninism, but rather a globalist, victim-focused identity politics, often called “social justice.” The revolutionary class is not the German volk or the international proletariat, but the “marginalized” and “oppressed” – the Sacred Victim. Like Bolshevism, social justice is a utopian political cult. It sounds like a political platform, or maybe a therapeutic management system, but the best way to understand it is as a fanatical religion. 
Second, the technological environment today is vastly different from a hundred years ago, when the twentieth century’s totalitarianisms emerged. The most important difference is that we now render all human life and experience as digital data that is storable, searchable, and that can be exploited by surveillance states and the surveillance capitalists of Google, Amazon, and others. The People’s Republic of China, for example, now has the capabilities and the will to surveil and to control its own people to a degree of which that Mao, Stalin, and totalitarian tyrants of the twentieth century could only have dreamed. 
Here’s why many of us have been very slow to appreciate the totalitarian nature of contemporary liberalism. It’s because the emerging totalitarianism is not going to be a version of the grim scenario imagined by George Orwell in Nineteen Eighty-Four. Rather, it is going to be more like the alternative dystopia imagined by Aldous Huxley in “Brave New World.” Orwell imagined a world much like Stalin’s Russia, where the state controlled society by fear, pain, and terror. By contrast, Huxley imagined a world where the state controlled the masses through managing pleasure and comfort. 
Western people will surrender political power to a state, and to authorities, who promise to protect their therapeutic desires – especially maximizing sexual freedom. It will do this through some version of China’s social credit system, where one’s freedom in society is decided by an algorithm that rewards or punishes one based on one’s beliefs, one’s friends, and so forth. As in “Brave New World,” the most important values will be “safety” and “well being.” If religious and political liberties threaten either, then they will have to be eliminated. This is already happening within universities and other institutions that, in a very Soviet way, are stigmatizing dissent as pathological. 
This is what the American social critic James Poulos calls the “Pink Police State.” The Pink Police State – which entails the government, academic and cultural institutions, as well as large corporations — is the form that the new totalitarianism is taking. 
So, how do we resist? The good news is that there are people who retain living memory of communist totalitarianism. They have seen this kind of thing before. They are warning the rest of us that we are walking into a trap. We need to hear them. 
You will hear today speeches and comments by my colleagues who will speak of the resistance in political terms. This is important. But let us begin by talking about the cultural resistance, without which political resistance cannot succeed. 
First, we have to reclaim and defend cultural memory. 
When the Nazis invaded Poland, their ultimate plans were not simply to rule Poland, but to destroy the Polish nation. The Germans sought to do this the way all totalitarians do: by controlling the cultural memory of the Polish people. They had to make the Poles forget their history, and forget their religion. 
A young Polish actor, Karol Wojtyla, committed himself to the patriotic resistance. But he didn’t pick up a gun! He and his theater friends wrote and performed underground plays on religious and historical themes. These theatrical events happened in secret. If the Gestapo had discovered them, all the actors and all the audience would have been shot. Wojtyla and the theater company literally put their lives on the line to keep alive the cultural memory of their nation. 
We have to do the same in our time. The globalists try to make the nations ashamed of their heritage, in the same way the communists did to the masses they wished to control. We have to refuse this! We do not have to believe in a triumphalist myth of a golden age. We only have to look around us with eyes of gratitude for the good and beautiful things that our ancestors have given to us – and defend them as our own. 
I should add that the ideology of consumer capitalism also tries to disconnect us from our past. If we are nothing but individuals defined by our desires, it’s easier to sell us things. We of the Resistance must declare that some things are not for sale! As John Paul the Second said, man is not made for the market; the market is made for man. 
Second, we must establish and defend solidarity. I am not talking specifically about the Polish trade union. I am talking about something more intimate: the bonds among small groups of people.
In every postcommunist country I visited, I heard the same thing from former dissidents: that the strong bonds of solidarity with others gave them the courage to fight back. Last year, I stood in a secret underground room in Bratislava, where Catholic samizdat was printed for a decade. My guide was Jan Simulcik, a historian who, in the 1980s, was part of the underground who distributed that samizdat. He told me that like everybody else in the movement, he was afraid – but the camaraderie of his friends gave him the courage to keep going. 
Dr. Vaclav Benda, a hero of the Czech resistance, worked to bring Czech people together, face to face, to remind them that they were actually a people. The state demoralized the masses by making them feel isolated and alone. As Dr Benda saw, the simple act of rebuilding social solidarity was counterrevolutionary. In our time, the state doesn’t force us to choose loneliness and isolation behind a glowing screen; we do it to ourselves. We can fight back by rebuilding the bonds of community in practical ways. 
Third, we must strengthen our religion. I don’t simply mean that we must go to church more. Rather, we have to be far more radical than that. In my book “The Benedict Option,” I write about St. Benedict of Nursia, the 6th century Christian who responded to the collapse of the Roman imperial order by creating a parallel society dedicated to disciplined prayer and service to God. Over the next few centuries, the Benedictine monks played an absolutely key role in civilizing barbarian Europe. It began, though, with St. Benedict developing a Christian way of life that was resilient in the face of the extraordinary stresses of the early medieval period. 
This past Sunday I made a pilgrimage to the cave in Subiaco where Benedict lived alone for three years as a hermit, praying and fasting and seeking the will of God. From that little hole in the side of a lonely mountain grew a seed of faith that, over the next centuries, would rebuild Western civilization. If you feel powerless and despairing, go to Subiaco and see what God can do with a single man who puts the search for Him above everything else. 
We now live in a post-Christian civilization. Right now, while there is time, Christians at the local level must commit themselves to creating new ways of living out old truths. Every one of the anti-communist dissidents I interviewed were strongly believing Christians. Pawel Skibinski, a biographer of John Paul the Second, told me that humanity is like a kite. As long as it is connected to the earth by a string, it can fly very high. But if the line is cut, the kite falls to the ground. 
We are the kite. The line is our connection to God. Without the God of the Bible, we will not be able to resist both the coming totalitarianism, or the parallel temptation to embrace evil forms of resistance. 
Here’s what I mean. In 1939, the English poet W.H. Auden was living in Manhattan. He went to see a movie in a part of the city where lots of German immigrants lived. As a newsreel came on describing the Nazi invasion of Poland, German-speaking members of the audience leaped to their feet and began shouting, “Kill them! Kill them!”
Auden was deeply shocked by the nakedness of the evil displayed by the Nazi sympathizers. And he understood that mere humanism would not be enough to defeat it. After this dark epiphany, Auden returned to the church. 
Finally, we must do the must counterrevolutionary thing of all: embrace the value of suffering. This strikes at the heart of the Pink Police State and its therapeutic totalitarianism. 
If you are not willing to suffer the loss of social status; if you are not willing to suffer the loss of a job; if you are not willing to suffer the loss of freedom – and, if it comes to it, even your life – for the sake of the truth, then you have already surrendered to evil. This is the lesson we learn from the anti-communist resistance. The essence of their Christian hope was that suffering has ultimate meaning, if it is joined to the transformative passion of Jesus Christ. 
The willingness to suffer for the truth is at the core of the final message Aleksandr Solzhenitsyn gave to the Russian people on the eve of his 1974 exile, in an essay titled, “Live Not By Lies!” A few years, later, the Czech dissident Vaclav Havel urged his readers to “live in truth.” Havel told a fable about a greengrocer who has the sign “Workers Of The World, Unite!” in his shop window – not because he believes the slogan, but because he doesn’t want trouble.
One day he removes the sign from his window because he wishes to live in truth. And he will suffer for it, says Havel. He might lose his business. He will not be able to travel. His children might not get into universities. The pain will be real. But his act will have ultimate value. The humble greengrocer will have shown that it is possible to refuse to conform to the official lies. It is possible to live in truth. 
The life of Vaclav Havel, the first president of a free Czechoslovakia, and the other anti-communist dissidents shows that those who are willing to suffer for the truth might, in the end, triumph. Very few dissidents expected communism to end in their lifetime. They resisted communism because that was the right thing to do. What about us? What will we do in our time and place? 
The Pink Police State is kindlier than its totalitarian predecessors, but in its ideology of globalist homogenization and technological reach, it is no less a threat to the existence of religion, of families, of tradition, and of peoples. Yes, we must fight it politically when we can, but we must also fight it inside ourselves. 
I want to close by telling you about a hidden hero who deserves to be rediscovered. In 1943, a Croatian Jesuit named Father Tomislav Poglajen was organizing Catholic anti-Nazi resistance in his home country. When he learned that the Gestapo was going to arrest him, the priest fled to his mother’s country, Czechslovakia. He adapted his mother’s last name, Kolakovic, and began to organize Catholic anti-communist resistance. 
Why anti-communist resistance? Father Kolakovic knew that the Germans were going to lose the war. But as he told the young Slovak Catholics who gathered around him, communism would ultimately come to power in their land. And that, he prophesied, would mean horrible persecution for the Church. 
Father Kolakovic did not sit around waiting for it to happen. Instead, he organized cells around the country – groups of young Catholics who gathered for prayer, Bible study, and lectures. They also learned the arts of resistance – for example, how to survive an interrogation. They established resistance networks across the Slovak region. When the communist dictatorship installed itself in 1948, Father Kolakovic’s network was ready. It became the backbone of the underground church, which was the chief source of Slovak anticommunist resistance. 
Today we await a new Father Tomislav Kolakovic – a visionary who can read the signs of the times, and who builds the ways of life, and the social networks, capable of resisting the coming evil. 
My friends, one way to define hope is the marriage of MEMORY with DESIRE. If we can remember what we once had, and desire to have it again, we have something to hope for. There is no better place than Rome to ponder the cultural memory of our common civilization. From St. Benedict’s cave in Subiaco, to Wojtyla’s hidden theater under occupation, to the underground samizdat room in Bratislava – these are all part of our cultural memory. Let these memories shape our desires – for God, for truth, for liberty, and for home — and may they give birth to the joy of resistance.



Source: www.theamericanconservative.com