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jueves, 27 de junio de 2013

EE.UU: PIDEN REDOBLAR LOS ESFUERZOS PARA DEFENDER EL VERDADERO MATRIMONIO

Los obispos dicen que la sentencia del Supremo sobre el matrimonio homosexual marca «un día trágico para la nación»


«El Tribunal se equivocó. El gobierno federal debe respetar que el matrimonio es la unión entre un varón y una mujer, aun cuando los Estados no lo hacen. La preservación de la libertad y la justicia requiere que todas las leyes, federales y estatales, respeten la verdad, incluida la verdad sobre el matrimonio»

La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos sostuvo que la decisión de la Suprema Corte de igualar los derechos de las parejas del mismo sexo con las heterosexuales marca «un día trágico para el matrimonio y la nación», aunque animó a «redoblar esfuerzos para defender la verdad del matrimonio». Asimismo, afirmaron que la Justicia debe respetar el enlace entre un varón y una mujer, ya que es la única institución que proporciona a cualquier niño «una base sólida» en la que desarrollarse.

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Leer aquí: infocatolica.com/

lunes, 24 de junio de 2013

The institution of marriage is the only one that binds men to their children, the only one that can keep them under the same roof

Less marriage, less fathers


In this day and age, we are being told to come to terms with the fact that marriage is on the decline. What we don’t often hear about however is one huge consequence, as pointed out in an article by author and director of the National Marriage Project at the University of Virginia, Bradford Wilcox: and that’s the decrease of genuine and holistic fatherhood.

Why’s this? Wilcox points out that as society retreats from marriage, there’s a growth in fatherless families. With cohabitation, these couples are already more likely than married couples to end up on the rocks. But the institution of marriage is the only one that binds men to their children, the only one that can keep them under the same roof. Statistics make it clear that while the number of married middle-aged women in America fell from 82 per cent in 1970 to 62 per cent today, the share of children living in fatherless homes has doubled from 14 to 28 per cent.

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Read more: www.mercatornet.com

Brasil - Los radicales usan el descontento para presionar a la presidenta, Dilma Rousseff, para que adopte políticas más estatistas

Detrás de la agitación social en Brasil

por Mary Anastasia O'Grady


Que nadie le venga a decir que la agitación social de las últimas semanas en Brasil es una rebelión espontánea contra un gobierno poderoso y corrupto.

Existen reclamos en contra de una mala gestión del gobierno y la corrupción, eso nadie lo duda. Pero los manifestantes necesitan organizadores y mis indagaciones sugieren que los adversarios políticos de Dilma Rousseff en la izquierda radical están trabajando a sol y sombra para poner en práctica la famosa frase de Rahm Emanuel, el ex jefe de gabinete del gobierno de Barack Obama: nunca desperdicie una crisis.

La respuesta de Rousseff determinará si Brasil se mantiene fiel a la evolución emprendida hace varias décadas hacia un capitalismo democrático o vuelve a caer en los años 70. Sería bueno que recuerde las palabras de la primera ministra británica Margaret Thatcher, que decía que quienes se quedan parados en el medio de la carretera son arrollados.

Durante los ocho años que el presidente del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) Luiz Inácio Lula da Silva gobernó Brasil (2002-2010), personas ajenas se maravillaron de la moderación del ex líder sindical amigo de los Castro. Hugo Chávez convirtió a Venezuela en un pantano socialista. Pero Lula, quien alguna vez propuso que Brasil debería caer en una cesación de pagos de su deuda externa y otras perogrulladas socialistas, respetó el poder de los mercados internacionales de capital.

Lula trató de asegurarles a los inversionistas de que Brasil estaba listo para hacer negocios. La estabilidad cambiaria, una política energética que permitía la participación de empresas extranjeras y ganancias competitivas en agricultura le dieron a Brasil la apariencia de un país que empezaba a despertar del letargo de un Estado omnipresente. Gestores globales de dinero le dieron el visto bueno. Con una clase media en crecimiento, Brasil se convirtió en la niña mimada de Wall Street.

Los constituyentes de Lula en la izquierda radical no estaban conformes. Habían esperado mucho tiempo para que su candidato llegara al poder. Lo que no lograron con las balas en los días de la guerra de guerrillas, lo obtuvieron en las urnas, librando al país de cualquier semblanza de capitalismo, o al menos eso fue lo que creyeron. Lula no cumplió tales promesas, lo que fue interpretado como una traición.

El problema de los socialistas radicales fue que los brasileños empezaron a prosperar gracias a las políticas de cuasi-mercado de Lula. La baja inflación y un nuevo programa de asistencia social para los más pobres erosionaron el atractivo del radicalismo. Mientras el capital seguía llegando a raudales a Brasil, el real se mantuvo fuerte y el futuro lucía prometedor. Las expectativas se elevaron.
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Leer aquí: online.wsj.com/

El 38% de la riqueza que crean los brasileros va a parar a manos del gobierno.

Brasil y el diluvio que viene

por Carlos Alberto Montaner

Es un espectáculo raro. Usualmente, los brasileros sólo se lanzaban a las calles durante los carnavales. Ahora lo hacen para protestar. ¿Qué ha pasado? Todo comenzó por un aumento de las tarifas del transporte público, pero ésa sólo fue la coartada. Había mar de fondo. La verdad profunda es que una buena parte de la sociedad está fatigada de la corrupción, la impunidad, la intrincada burocracia y la mala gestión que realiza el gobierno.

En Brasil se pagan impuestos de primer mundo, pero se reciben servicios de tercero. Eso irrita mucho. El 38% de la riqueza que crean los brasileros, el famoso PIB, va a parar a manos del gobierno. En Canadá, donde el Estado educa, cura y administra satisfactoriamente, es el 37.3. En España el 35.9. Los suizos, han construido uno de los Estados más prósperos con sólo el 33.6. Pero desde la perspectiva brasilera tal vez lo más hiriente es el vecino Uruguay: el sector público uruguayo apenas consume el 28.9 del PIB y el país está bastante más organizado y es notoriamente más habitable que su enorme vecino.

Claro que el PIB brasilero es pequeño o grande, según como se mire. Brasil tiene la sexta fuerza laboral del planeta con 107 millones de trabajadores. Por su tamaño, es la octava economía del mundo, pero cuando se divide la producción (US$2374 billones, o trillones si lo decimos en inglés) entre el conjunto de la población (201 millones de angustiados sobrevivientes), el país pasa a ocupar el mediocre puesto 106 del mundo. Incluso, seis países hispanoamericanos tienen mejor per cápita que Brasil, sin contar otra media docena de islas caribeñas que también lo superan.

En Brasil la burocracia es torpe hasta la crueldad y, con frecuencia, es corrupta. El transporte público es malo. La justicia resulta desesperantemente lenta. Las cárceles son un horror. En general, la educación y la salud pública son mediocres. La seguridad es una vaga ilusión desmentida por el acoso constante de los maleantes y el sonido de los disparos en las favelas. No hay una sola universidad brasilera entre las primeras 100 del planeta y sólo hallamos dos en la lista cuando analizamos 500. Apenas se publican investigaciones científicas originales. El país marcha a remolque de los centros creativos del mundo.
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Leer aquí: www.elnuevoherald.com

Argentina - La gran patología que presenta la política argentina desde la crisis del año 2001

Massa, la nueva simulación del PJ
para retener el poder

por Carlos Pagni
Néstor Kirchner intentó que su liderazgo se sostuviera sobre tres asociaciones a las que concedería un rango monopólico. Para administrar la relación con las audiencias buscó una alianza con Clarín. Para garantizar el orden entre los trabajadores ensayó un pacto con Hugo Moyano. Y para encolumnar al electorado detrás de su gobierno se apropió del aparato bonaerense. El primer ensayo fracasó con él en vida. La alianza con Moyano quedó cancelada en 2011, cuando su viuda alcanzó la reelección. El tercer divorcio acaba de producirse. La lista que encabeza Sergio Massa es la demostración de que la disciplina del PJ de la provincia de Buenos Aires se ha quebrado. Ese distrito ha sido la base territorial del kirchnerismo desde que la Presidenta se impuso sobre los Duhalde, en el año 2005.

Algo no está funcionando bien en los mecanismos de percepción de la Casa Rosada. Para aceptar que Massa presidiría una lista disidente debieron esperar a que Ignacio de Mendiguren comunicara a un ministro que había aceptado su candidatura a diputado. Fue el sábado, a primera hora. Hasta entonces, el entorno de Cristina Kirchner seguía confundido por las señales contradictorias que enviaba Massa. Pero el intendente de Tigre había confirmado su candidatura a su familia seis días antes, en la fiesta de cumpleaños de su hijo Tomás. Por supuesto, su secretario Ezequiel Melaraña y el secretario de Gobierno de Tigre, Eduardo Cergnul, conocían desde hacía rato que el paso sería dado. Son su sombra.

La expectativa por esta nueva oferta es otro síntoma de la gran patología que presenta la política argentina desde la crisis del año 2001: su baja competitividad, derivada de un llamativo desequilibrio de poder. La hegemonía que la señora de Kirchner alcanzó en las últimas elecciones, cuando ganó por 54 por ciento sacando sobre su segundo 37 puntos de ventaja, no se ve afectada por un desafío externo, sino por la descomposición de su propia arquitectura. Massa no es un remedio. Es una vacuna. En su composición lleva una dosis de aquello que pretende eliminar. Sólo así puede ofrecerse al peronismo como el agente de una nueva metamorfosis para retener el poder. El fenómeno habría hecho sonreír a José Ingenieros, quien hace 110 años escribió una tesis titulada La simulación en la lucha por la vida.

Massa quizás esté más dotado que otros para intentar esa transición. A diferencia de Daniel Scioli, Francisco de Narváez o Mauricio Macri, proviene de las entrañas del sistema.
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Leer aquí: www.lanacion.com.ar/

Comment imaginer qu’on puisse armer les rebelles alors que tout le monde connaît la porosité de la rébellion syrienne avec les milieux islamistes liés à Al Qaïda ?

« Syrie ça suffit ! »


PAR MARC FROMAGER



SYRIE : guerre civile et minorité chrétienne



Depuis deux ans, la Syrie est exposée à la vindicte internationale et nous sommes priés d’assister silencieusement à l’anéantissement d’un des plus anciens pays au monde. Le dossier étant complexe et l’unanimité imposée, il est vrai que les voix discordantes étaient forcément mal vues. Or aujourd’hui, avec la décision américaine d’armer les rebelles et le suivisme européen et notamment français en la matière, le temps est venu de mettre fin à cette mascarade.

Au nom de la population syrienne, toutes confessions confondues, cette opération de destruction doit s’arrêter. Oui, ça suffit !

Certes, le dossier est complexe, le régime est autoritaire, mais depuis quand cela autorise-t-il la communauté internationale à décider de la destruction d’un pays ? La Syrie est-elle la seule dictature de la région ? Ne devrait-on pas également s’en prendre à l’Arabie Saoudite et au Qatar pour ne citer que ceux-là ? Et en quoi la pulvérisation du pays peut-elle le rendre plus épanoui ?

Il y a deux ans, la Syrie avait un taux de croissance économique de plus de 8 % et c’était, hormis le Liban, le pays le moins contraignant du Moyen-Orient pour les chrétiens. Aujourd’hui, avec plus de 90 000 morts et des centaines de milliers de réfugiés à l’intérieur et à l’extérieur du pays, l’évidente amélioration du sort de la population syrienne saute aux yeux, un peu comme l’ineffable service que nous avons rendu à la population irakienne depuis 10 ans…

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Lirela suite: www.aed-france.org/

" We value these things not because they are triumphant and invincible but because they are precious and vulnerable; because they weren’t fated to happen, and they’re not certain to survive."

Conservatism and Gratitude



Upon accepting one of the four Bradley Foundation prizes on June 12, 
Ethics and Public Policy Hertog Fellow Yuval Levin spoke about
 conservatism and gratitude. Excerpts from his speech follow.




Like every American, I’ve had the privilege of living in a country made better by the causes that Bradley champions — from welfare reform to school choice to the intellectual defense of American ideas and institutions: the conservation and the strengthening of America’s promise.

I want to say a few words about that project of conservation and strengthening. For some of us, it’s a project that goes by the name of conservatism and has an eye on politics and policy. For others, it may be first and foremost a cultural project, to secure the preconditions for human flourishing and renewal. For others it might be above all a moral calling — to defend the defenseless and help those in need. For others still it’s an educational cause, instilling civic virtue and a sense of history and purpose in the next generation.

Many conservatives do all of that at once, because these different facets are deeply connected, and these different names for the work we are engaged in are all ways of expressing the sentiment that drives so much of what we do but that we don’t often enough name: gratitude.

To my mind, conservatism is gratitude. Conservatives tend to begin from gratitude for what is good and what works in our society and then strive to build on it, while liberals tend to begin from outrage at what is bad and broken and seek to uproot it.

You need both, because some of what is good about our world is irreplaceable and has to be guarded, while some of what is bad is unacceptable and has to be changed. We should never forget that the people who oppose our various endeavors and argue for another way are well intentioned, too, even when they’re wrong, and that they’re not always wrong.

But we can also never forget what moves us to gratitude, what we stand for and defend: the extraordinary cultural inheritance we have; the amazing country built for us by others and defended by our best and bravest; America’s unmatched potential for lifting the poor and the weak; the legacy of freedom — of ordered liberty — built up over centuries of hard work.

We value these things not because they are triumphant and invincible but because they are precious and vulnerable; because they weren’t fated to happen, and they’re not certain to survive. They need us — and our gratitude for them should move us to defend them and to build on them.

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