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sábado, 4 de septiembre de 2021

LA PERVERSIÓN DE LAS CAUSAS JUSTAS, LA MANIPULACIÓN




A la búsqueda de nuevas causas justas

El totalitarismo actual se sienta a la mesa y ojea la carta de causas justas. ¿Qué nos queda en el menú? feminismo y ecologismo como platos fuertes, y quizá alguna causa más de guarnición (indigenismo, orientación sexual, sufrimiento terminal, animalismo…). No rebajo un ápice el vigor y la justicia de cada una de estas causas. Son los actuales herederos del totalitarismo quienes lo hacen, quienes las toman a título meramente instrumental. A ellos se sigue sumando buena parte de la intelectualidad y del mundo del arte, con la (vana) esperanza de poder fijar su impronta sobre el mundo. Y, desde que la causa social ha decaído y no supone ya amenaza para las grandes fortunas, también se añaden a esta partida algunos de los mega-ricos del planeta, quienes buscan, después del dinero, el poder de configurar el mundo de la vida.

Todas las señaladas más arriba son causas justas. No obstante, cada una de ellas puede ser pervertida y puesta al servicio de un designio totalitario, especialmente en territorios donde aun tiembla a lo lejos el eco de alguna campana. El feminismo nació como una reivindicación de voto y de acceso a la enseñanza y, en el fondo, de igualdad ante la ley para todas las personas, sin discriminación de sexo. La causa no puede ser más razonable e imperiosa, pues, todos nacemos libres e iguales. Es decir, es una reivindicación que se apoya en la naturaleza humana y en la ley natural.

El cambio de la causa feminista

El aroma del primer feminismo era nítidamente liberal. Sin embargo, se dan hoy intentos de secuestro de dicha causa por parte de grupos de inspiración totalitaria. De este modo, una causa justa está siendo convertida en un vector de dominación. Se esgrime para ejercer la censura en los medios y en la academia, para establecer y financiar estructuras clientelares de vigilancia y control, para repartir salvoconductos culturales, para expulsar de las manifestaciones feministas incluso a las mujeres que discrepan de la nueva ortodoxia.

La apelación a esta causa, en principio justa, puede resultar interesada y acabar perjudicando precisamente a las mujeres, del mismo modo que fue hipócrita en su día el ardor obrerista de Lenin, que acabó con la libertad y la vida de tantos obreros, o la lucha campesina de Mao que a tantos paisanos mató de hambre. Sucede así, por ejemplo, cuando ciertos grupos de poder se fijan más en minucias gramaticales de las lenguas europeas que en la desigualdad sin cuento que sufren las mujeres en algunas dictaduras islámicas.

Y es que aquí, sobre los rescoldos de una civilización cristiana, todavía se puede manipular una causa justa como herramienta de poder. Es en estos territorios en los que un feminismo mal entendido, transformado en ideología de género, podría servir para acabar con la presunción de inocencia, con la igualdad ante la ley, con la división de poderes, con el derecho a un juicio justo, con la libertad de cátedra y con el derecho que tienen los padres (o sea, las madres y los padres) a orientar la educación de sus hijos. Podría valer, en suma, para pavimentar el camino al totalitarismo.

Ecologismo

Algo análogo habría que decir del ecologismo. El ecosistema que nos alberga y nutre merece cuidado y reparación. Las primeras voces de alerta en este sentido partieron de algunos pensadores y activistas norteamericanos que podríamos muy bien situar en las antípodas de cualquier tentación totalitaria, algunos de ellos inspirados incluso por la idea cristiana de creación. El mundo, como obra de Dios y causa de admiración, habría de ser respetado. Se trataba, en principio, de poner cierta cordura y moderación en el afán de progreso que cundió durante el siglo XIX y comienzos del XX. Se buscaba la conservación del medio ambiente, la preservación de ciertos espacios en estado natural, la limpieza de las aguas, los suelos y la atmósfera.

A pasar de estos nobles antecedentes, la causa ecologista, tan legítima en su origen, corre hoy el riesgo de caer en manos de algunos grupos totalitarios. Algunos la emplean sin rubor para instar las subidas de impuestos y las normativas más minuciosas de control. Apelan de nuevo a grandes estrategias de planificación estatal -o incluso mundial- a largo plazo, contrarias a la iniciativa social y privada, ajenas a toda idea de humildad intelectual. Se entrometen hasta el extremo en la vida cotidiana de las gentes usando como coartada la salud de la Tierra. Pocos de ellos quieren recordar Chernóbil o el mar de Aral, por citar tan solo un par de casos en los que la planificación totalitaria condujo al desastre ecológico.

La madre Tierra

En su versión contemporánea, el totalitarismo ha encontrado en la sensibilidad ecológica de nuestra población una disculpa perfecta para la restricción de libertades. La maniobra ahora consiste en poner todo el peso ontológico, no en las personas, sino en la totalidad de la naturaleza. Así, por ejemplo, los regímenes populistas que mandaban hasta hace poco en Ecuador y en Bolivia empleaban como señuelo la idea panteísta de la Pachamama. Dado que la naturaleza en su conjunto (o el ecosistema o la Tierra o Gaia o como se quiera llamar) no puede representarse a sí misma, no sabe hacer valer en foro público y mediante la palabra sus recién recibidos derechos, alguien tiene que hacerlo en su nombre. Y ese alguien, esa especie de tutor de la biosfera -sea comisión o cargo unipersonal-, ha de ser elegido, por supuesto, entre el comisariado del régimen.

Indigenismo

Podemos observar una estructura análoga en otros muchos tópicos. Así, la causa de los indígenas es perfectamente justa, como estableció hace siglos Bartolomé de las Casas en la llamada Controversia de Valladolid. De ahí, a través de la Escuela de Salamanca, nacen las bases filosóficas de los derechos humanos. Se puede, por supuesto, torcer esta causa justa al servicio de las intenciones totalitarias. No hay más que diluir a la persona en la tribu, asignando derechos solo a los colectivos.

Igualdad

Hay justicia y razón también en reclamar igualdad para todas las personas, al margen de la orientación sexual de cada cual. Pero hay quien pretende convertir esta reivindicación justa en una cuña para debilitar la institución familiar, que históricamente ha funcionado como lugar de resistencia frente a los abusos del poder político. De nuevo, cabe temer que las personas más vulnerables, una vez utilizadas para la campaña totalitaria, sean olvidadas y acaben resultando damnificadas.

La lucha contra la crueldad con los animales

La evitación de la crueldad para con los animales también resulta ser una causa justa. San Francisco de Asís constituye un precedente señero de la misma. Otros pensadores cristianos, como Tomás de Aquino e Immanuel Kant, también escribieron con tino contra este tipo de crueldad. Ahora bien, la justa indignación moral que suscita un trato cruel puede ser manipulada para acabar borrando toda diferencia entre las personas y el resto de los animales, para hacernos olvidar la dignidad de los seres humanos y así ponerlos con mayor facilidad a los pies de cualquier poder totalitario. Los ejemplos podrían seguir, ahora bien, con lo dicho es suficiente para ilustrar el esquema de comportamiento de las diferentes oleadas totalitarias.

¿Qué hacer? Palomas y serpientes

Muchas personas quisiéramos ponernos al servicio de las causas justas sin sacrificar por ello nuestras libertades a ningún designio totalitario. De hecho, el intento de erradicar el mal por imposición totalitaria produce un mal mayor, la ausencia de libertad y, con ello, la anulación de la posibilidad de todo bien.

Muchos preferimos vivir en sociedades abiertas, con división de poderes, en países que respeten la vida de las personas y su dignidad como bienes intocables, sagrados. Queremos habitar allá donde se proteja a las familias, donde rija la seguridad jurídica y la igualdad ante la ley, donde la propiedad privada quede a salvo de la arbitrariedad política y donde todo el mundo tenga derecho a un juicio justo. Digámoslo en clave ontológica: queremos vivir allá donde cada uno reconozca a los demás como personas y sea reconocido en esos mismos términos por todos los demás y por los diversos poderes; donde los seres humanos no sean tomados como meras pieza de una entidad mayor. Entonces, ¿qué podemos hacer? Si quisiéramos volver al principio, podríamos decir, en términos de Popper, que tenemos que evitar la estupidez para así proteger la genuina bondad.

Defender las verdaderas causas justas y denunciar su manipulación

En primer lugar, es crucial la cuestión de la iniciativa. Hay que tomar la iniciativa en la defensa de las causas justas desde un espíritu de libertad, como en su día lo hicieron Santo Tomás de Aquino, San Francisco, Bartolomé de las Casas, la Escuela de Salamanca, Immanuel Kant, Martin Luther King o Ghandi, las primeras feministas o los primeros conservacionistas…

En segundo término, es importante no dejarse llevar del ronzal y denunciar el uso torticero de las causas justas siempre que este se produzca. Y es importante, sobre todo, porque de dicho uso torcido se siguen siempre los mayores males para los más vulnerables.

Lo que hay que hacer tal vez se podría resumir en la fórmula magistral que aporta el propio Evangelio: “prudentes como serpientes, sencillos como palomas” (Mt 10, 16). No se trata de que uno haya de ser astuto como sierpe para manipular a los demás. Obviamente, no es eso. Lo que indica el texto es que uno ha de ser sencillo, inocente, y al mismo tiempo prudente, para que nadie pueda manipularle con facilidad en su inocencia. La prudencia, aquí, está para proteger la inocencia. Quien detecta y denuncia prudentemente la manipulación totalitaria de las causas justas está ya poniendo su grano de arena a favor de una buena resolución de las mismas.

Pedro Motas. Veterano de España

3 septiembre 2021

Vagues migratoires incontrôlées = risque terroriste

 « Les vagues migratoires incontrôlées augmentent le risque terroriste ! »


par Alexandre Del Valle


Ces Afghans épinglés par les services de renseignement pour leurs affinités avec les Talibans sont l’arbre qui cache la forêt.
 
Beaucoup de migrants issus de pays musulmans n’auraient jamais dû entrer en France !


https://youtu.be/o49np7_FxPs

Biological sex, more than a “social construct” ...

Congress ignores biology, human nature, and decency in moving to make women draft-eligible

by Quin Hillyer

The House Armed Services Committee abused daughters and granddaughters this week by voting that young women should be required to register for the military draft.

Four Republicans joined committee Democrats in voting for this provision, already approved in a Senate vote, which should be seen as anathema. In doing so, they subject women to conscription into the horrors of war and, if captured in combat, the abject terror and indecent violations entailed in forcible rape — also with, of course, the possible result that no man can experience, that of pregnancy.

It is one thing, deservedly controversial in itself , to allow women into front-line combat roles. At least up until now, the choice to enter the armed services was voluntary. It is quite another thing to require that women, as it is with men, be forced to make themselves available for military duty. Except for in a tiny nation whose very survival depends on being able to muster every healthy adult for national defense, the act of forcing women, effectively at the point of a gun, to wield arms against their will should be seen as not just wrong but barbaric.

Perhaps this position runs against the zeitgeist . The confused elite culture insists that “equality” means equal bearing of burdens, all burdens, as well as of opportunities. In this oh, so exalted viewpoint, the differences between men and women are so negligible as to be unworthy of serious consideration. After all, goes the sentiment, we’re all just “assigned” a “gender” at birth, right? Biological sex? Nothing more than a “social construct.”

Some of us troglodytes still are sure this viewpoint is arrant poppycock. Men and women are different. On average, men are taller, heavier, and have more muscle density, strength, and speed. Science shows that, again in the aggregate but nonetheless by significant margins, men’s and women’s brains tend to function differently — and not by nurture but by very nature. This isn’t to say the brain circuitry of one sex is better than the other, but only that in most cases, they are considerably distinct. As one researcher described it, there is “too much data pointing to the biological basis of sex-based cognitive differences to ignore.”

All the cultural superstructure that once attended the actual celebration of different societal roles for men and women weren’t just some sort of evil work by patriarchy — they were based on clearly observed, biological differences. Human nature itself favors some such distinctions. That’s why, for example, notions of chivalry developed and why chivalry remains admirable no matter how many of the “woke” brigades and ardent feminists object.

And, of course, while captured men can be tortured, the particular sex-based ramifications of the torture, as indicated above, can be very different.

Nobody seriously argues that women should be discriminated against or denied opportunities their own free will and work can secure. There is every reason, however, to be discriminate, in the adjectival sense of the word meaning to “make nice distinctions,” in what the law mandates from men and women. That which is allowed ought not necessarily be required, and in some cases, it absolutely should not be.

Every Democrat on the committee made a bad vote on the draft, as did Republican Reps. Michael Waltz of Florida, Jack Bergman of Michigan, Liz Cheney of Wyoming, and Patrick Fallon of Texas. All of them, indeed every member of Congress, should reconsider. Getting women “out of the kitchen” is perfectly fine, but pushing them forcibly into the hell’s kitchen of warfare is a sign of a society that has lost its logical, moral, and very human bearings.

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Turkish Imperialism

Turkish Imperialism: Erdoğan's "Second Conquest" of the Christians

by Anne-Christine Hoff


In a blow to the secularist legacy of modern Turkey, the high court declared Istanbul's famous Hagia Sophia museum to be a mosque. President Recep Tayyip Erdoğan called the move the "second conquest of Istanbul." (Photo: Arild Vågen

On July 10, 2020, Turkey's high administrative court annulled a 1934 cabinet decision that had turned Istanbul's famous Hagia Sophia mosque into a museum, dealing a further blow to the secularist legacy of modern Turkey's founding father Mustafa Kemal Atatürk. Shortly afterward, a presidential decree transferred the site's ownership from the ministry of culture to the directorate of religious affairs (diyanet), and two weeks later, President Recep Tayyip Erdoğan made a nationally televised speech where he lauded the move as the "second conquest of Istanbul" and a major step to the "liberation" of the al-Aqsa mosque.

What does this Islamist grandstanding mean for Turkey's 175,000-strong Christian community?[2] Does it herald the looming demise of this community just as the 1453 Ottoman conquest of Constantinople and the conversion of its grand Hagia Sophia cathedral to a mosque signified the destruction of Eastern Christendom?

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Turkish Imperialism: When Will Turkey Annex Northern Syria?

by Rauf Baker

In its quest to fulfill its expansionist ambitions, Turkey is pursuing a systematic Turkification policy in areas under its control in northern Syria. This takes various forms—demographic, economic, educational—and even the orchestration of environmental extermination. Fundamental to this strategy is the ethnic cleansing of hundreds of thousands of indigenous Kurds and the resettling of Arabs and Turkmen in their place.

Ankara's Turkification package includes, among other things, historic claims and changing the names of villages and public squares. Turkey and its proxies provide various essential services for the locals with the eventual object of linking Syrian cities and towns to Turkish provinces and making their inhabitants completely dependent on Turkey.

Ultimately, Ankara seeks to impose a fait accompli, possibly aiming to redraw borders at some point in the future. How long will the international community shut its eyes to this creeping neo-Ottoman imperialism?


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The Constitution is not enough.

How America Abandoned Decentralization and Embraced the State


By David Gordon

Political decentralization in modern times has shown itself to be the most potent intellectual restraint on the growth of Leviathan. The Constitution is not enough.

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Chaining Down Leviathan: The American Dream of Self-Government 1776—1865. 
By Luigi Marco Bassani. 
Abbeville Institute Press, 2021. 

Marco Bassani is a historian of European political thought and it is from the perspective of his discipline that he looks at the American political system that came to an end in 1865. As he sees matters, the United States from its inception as an independent country resisted the dominant trend of nineteenth-century Europe, the rise of the all-powerful state. Before the Civil War, the United States, as its plural name suggests, was federal and not central in form, and sovereignty resided ultimately in the people of the several states, taken separately, rather than in a unified entity. Bassani’s book is rich and complex, and, rather than attempt of a summary of its many valuable ideas, I’ll discuss only a few of them.

The state, he tells, us is a modern invention. “In fact, the state is modern. Indeed, the term ‘modernity’ itself makes very little sense politically except in relation to the state. . .The state is European in the sense that it originated and developed in Europe (thought it then became highly exportable). It is modern because it began its history during a period which more or less coincides with the modern age. And it is an ‘invention,’ not a discovery.” (pp. 12-13)

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Source: https://mises.org/


A version of economic fascism was in fact adopted in the United States in the 1930s and survives to this day

The Rise of Economic Fascism in America


By Thomas J. DiLorenzo

Virtually all of the specific economic policies advocated by the Italian and German fascists of the 1930s have also been adopted in the United States in some form, and continue to be adopted to this day.

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Conclusions:

Virtually all of the specific economic policies advocated by the Italian and German fascists of the 1930s have also been adopted in the United States in some form, and continue to be adopted to this day. Sixty years ago, those who adopted these interventionist policies in Italy and Germany did so because they wanted to destroy economic liberty, free enterprise, and individualism. Only if these institutions were abolished could they hope to achieve the kind of totalitarian state they had in mind.

Many American politicians who have advocated more or less total government control over economic activity have been more devious in their approach. They have advocated and adopted many of the same policies, but they have always recognized that direct attacks on private property, free enterprise, self-government, and individual freedom are not politically palatable to the majority of the American electorate. Thus, they have enacted a great many tax, regulatory, and income-transfer policies that achieve the ends of economic fascism, but which are sugar-coated with deceptive rhetoric about their alleged desire only to “save” capitalism.

American politicians have long taken their cue in this regard from Franklin D. Roosevelt, who sold his National Recovery Administration (which was eventually ruled unconstitutional) on the grounds that “government restrictions henceforth must be accepted not to hamper individualism but to protect it.”40 In a classic example of Orwellian doublespeak, Roosevelt thus argued that individualism must be destroyed in order to protect it.

Now that socialism has collapsed and survives nowhere but in Cuba, China, Vietnam, and on American university campuses, the biggest threat to economic liberty and individual freedom lies in the new economic fascism. While the former Communist countries are trying to privatize as many industries as possible as fast as they can, they are still plagued by governmental controls, leaving them with essentially fascist economies: private property and private enterprise are permitted, but are heavily controlled and regulated by government.

As most of the rest of the world struggles to privatize industry and encourage free enterprise, we in the United States are seriously debating whether or not we should adopt 1930s-era economic fascism as the organizational principle of our entire health care system, which comprises 14 percent of GNP. We are also contemplating business-government “partnerships” in the automobile, airlines, and communications industries, among others, and are adopting government-managed trade policies, also in the spirit of the European corporatist schemes of the 1930s.

The state and its academic apologists are so skilled at generating propaganda in support of such schemes that Americans are mostly unaware of the dire threat they pose for the future of freedom. The road to serfdom is littered with road signs pointing toward “the information superhighway,” “health security,” “national service,” “managed trade,” and “industrial policy.”

Originally published in The Freeman, June 1994



L’importance de Taïwan dans le jeu géopolitique entre les Etats-Unis et la Chine

Taïwan, le prochain repli stratégique de l'Occident ?

par Barthélémy Courmont


Taïwan a un rôle stratégique dans le jeu géopolitique entre les Etats-Unis et la Chine. Protégé par les Etats-Unis, l'Etat insulaire a néanmoins conscience de la différence entre dialogue stratégique et engagement militaire

Atlantico : The Atlantic souligne l’importance de Taïwan dans le jeu géopolitique entre les Etats-Unis et la Chine. Qu’est-ce qui rend cette île si stratégique ?

Barthélemy Courmont : Cette importance n'est pas nouvelle, mais elle fut soumise à des réévaluations. A partir des années 1950, en marge de la guerre de Corée, Taïwan est perçue aux Etats-Unis comme un rempart face à l'expansion du communisme en Asie orientale. Ce sont surtout les élus républicains, dans l'administration Eisenhower, qui souscrivent à l'idée qu'il faut défendre Taïwan coûte que coûte face aux pressions qu'exerce la Chine continentale. Cette importance stratégique, scellée par des accords entre les deux pays, se prolonge jusqu'à la fin de la Guerre froide, y compris après la reconnaissance de la Chine populaire par Washington. Ainsi, le Taiwan's relation act de 1979 prolonge le partenariat stratégique entre les deux pays. Après la fin de la bipolarité, l'intérêt accordé à Taïwan évolue. La démocratie s'y est installée et consolidée dans les années 1980, et le gouvernement de Taipei incarne la défense de la démocratie face aux régimes autoritaires, et dans le même temps Taïwan est devenue un acteur important de l'économie internationale. La Chine a de son côté coupé court aux espoirs de démocratisation avec Tian Anmen, et les deux Chine se sont ainsi engagées dans un rapide décolage économique (Taïwan précédant la Chine continentale sur ce point) mais en prennant des trajectoires politiques opposées, creusant un fossé qui s'est depuis élargi.

Au cours des deux dernières décennies, l'affirmation de puissance de la Chine, associée au repli progressif des Etats-Unis en Asie, s'est traduite par la crainte pour Washington de perdre toute influence dans la zone. Les alliés furent ainsi mobilisés pour composer une sorte de "front anti-chinois" mêlant affirmation de la démocratie, dialogue stratégique et mise en avant des risques liés à la montée en puissance chinoise. Washington a ainsi constamment réaffirmé son lien avec le Japon et la Corée du Sud, deux pays dans lesquels la présence militaire américaine reste très forte trente ans après la fin de la Guerre froide. Taïwan, qui ne bénéficie pas de reconnaissance diplomatique, reste de son côté, dans les intentions affichées du moins, sous la protection de Washington en cas de crise sécuritaire avec la Chine. Compte-tenu de la rivalité de plus en plus exacerbée entre Pékin et Washington, le "noeud" taïwanais (expression empruntée au politologue américain Richard Bush) est ainsi de plus en plus serré. S'il peut sembler excessif de qualifier Taïwan d'endroit "le plus dangereux du monde" comme le faisait The Economist au printemps dernier, il est indiscutable que l'importance stratégique de cette île de 23 millions d'habitants est aujourd'hui étroitement associée à la rivalité de puissance entre les Etats-Unis et la Chine, cette dernière la considérant, faut-il le rappeler, comme une province rebelle, et en revendique le territoire depuis la séparation de 1949.

Alors que les Etats-Unis se sont retirés d’Afghanistan dans la précipitation, les occidentaux pourraient-ils perdre aussi facilement leur influence à Taïwan ? Quel effet cela aurait-il ?

Cela est improbable, mais il convient dans le même temps de se montrer prudent. Improbable car le gouvernement démocratique taïwanais et l'écrasante majorité de l'île voit la Chine comme un rival stratégique et même une potentielle menace pour sa souveraineté. D'une certaine manière, la Chine est le seul ennemi de Taïwan, et Taïwan est le seul ennemi de la Chine. Face à cette menace, et compte-tenu d'un rapport de force militaire qui a basculé au cours des deux dernières décennies à l'avantage de Pékin (rappelons que les capacités militaires taïwanaises pouvaient lui permettre, jusqu'au milieu des années 2000, de dissuader la Chine), Taipei doit s'appuyer sur des partenaires stratégiques pouvant lui porter assistance. Le lien avec Washington est ainsi indispensable, de même que le dialogue avec le Japon ou des acteurs européens, mais aussi des pays d'Asie du Sud-est. L'influence stratégique de Washington reste ainsi très présente à Taïwan.

Dans le même temps, quelle crédibilité peut-on accorder à ce soutien stratégique américain, et surtout quelle perception en ont les Taïwanais ? Un épisode, souvent négligé, est très éclairant à ce titre. En 2005, la Chine adoptait sa "loi anti-secession" visant à dissuader Taïwan d'une déclaration d'indépendance, brandie à l'époque par le président Chen Shui-bian. En réponse, les Etats-Unis réaffirmèrent leur soutien stratégique à Taipei, tout en spécifiant que ce dernier n'est pas automatique, et ne saurait être invoqué en cas de "provocation" de Taipei. En d'autres termes, Washington se réserve le droit d'intervenir ou au contraire de rester en retrait, selon une évaluation liée à un évènement précis. Si la Chine attaque militairement Taïwan - probabilité qui doit nous renvoyer, au passage, à la théorie des jeux - les Etats-Unis jugeront à ce moment précis quel doit être leur niveau d'engagement. Et si c'est, dans la perception américaine, Taïwan qui a provoqué Pékin, il y a de fortes probabilités que cet engagement se réduise à des déclarations d'émoi. A Taïwan, on n'a pas attendu la déroute en Afghanistan pour prendre la mesure de la différence entre dialogue stratégique et engagement militaire.


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https://atlantico.fr/)