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domingo, 14 de abril de 2019
Victimology: Rousseau’s status as a victim is secure, so long as society is responsible for his portion, and he is not
Tratamientos transgénero en menores: ¿un experimento de masa?
«The Times» desafía el discurso LGTBI y desvela el riesgo de los tratamientos transgénero en menores
En la clínica británica más importante que trata la disforia de género "se está llevando a cabo un experimento de masa sobre menores". Es la denuncia realizada a toda página este lunes por el diario británico The Times, tras una investigación que resume Caterina Giojelli para Tempi:

"Hay en marcha un experimento en masa sobre niños, los más vulnerables". Es la denuncia del Times, que el lunes dedicó un gran artículo de investigación, publicado en primera página, al abuso de las terapias hormonales para el bloqueo de la pubertad por parte del GIDS [Gender Identity Development Service, Servicio de Desarrollo de la Identidad de Género], perteneciente a la Fundación Tavistock & Portman, la controvertida clínica del NHS inglés [National Health Service, Servicio Nacional de Salud], que se ocupa de "tratar" a los menores que sufren de disforia de género, y de la que se han despedido voluntariamente 18 médicos en tres años.
The Times ha hablado con cinco de ellos. Todos dejaron su trabajo en la clínica por razones de "conciencia": "Este tratamiento experimental se realiza no sólo sobre niños, sino sobre niños muy vulnerables, que han tenido problemas de enfermedades mentales, abusos, traumas familiares. Sin embargo, a veces estos factores son, sencillamente, encubiertos", ha dicho uno de ellos.
Celebrar la nueva identidad trans
Según estos médicos, que formaban parte del personal que tenía que decidir si interrumpir con los bloqueadores hormonales el desarrollo sexual de los pacientes, algunos de ellos jovencísimos, en los últimos tres años niños y adolescentes han iniciado el recorrido de transición sin que los expertos tuvieran tiempo de valorar las causas de su "confusión" de género. A menudo, historias personales complejas o una posible homosexualidad han sido totalmente ignoradas ante la prisa por aceptar y celebrar la nueva identidad transgénero del paciente.
También el profesor Carl Heneghan, director del Center of Evidence-based Medicine [Centro de Medicina basada en Pruebas] de la Universidad de Oxford, se ha hecho eco de las preocupaciones del personal del GIDS, y en un largo editorial ha manifestado su gran temor sobre la seguridad de las terapias farmacológicas utilizadas: "Dada la escasez de evidencias científicas que las apoyen, la utilización no autorizada de fármacos para usos no cubiertos por la licencia del mismo en el tratamiento de la disforia de género se traduce enun experimento en vivo, no regulado, sobre niños".
De 94 a 2519 niños, el más pequeño de 3 años
En 2010 fueron enviados a la clínica 94 niños; en 2018, 2519: el más joven tenía 3 años. Tres años: esto ha sido lo que ha mantenido en su trabajo en los últimos dos años a uno de los médicos con los que hoy habla el Times, ese "elevado número de niños en peligro. Me quedé para protegerlos de posibles daños". Los cinco médicos afirman que las organizaciones sociales transgénero, como Mermaids, tienen una responsabilidad fundamental en la promoción, entre los padres, de la transición de género como única "cura" para sus hijos. Los médicos también denuncian presiones por parte de la clínica, que empujaba a los jóvenes a los tratamientos, a pesar de que los médicos consideraran que estos no eran en el mejor interés de sus pacientes.
Se han "tratado" a niños gais o autistas
Ahora la clínica se atrinchera detrás de los eslóganes: "En el centro de nuestro trabajo está el bienestar de los jóvenes", "Un número cada vez mayor de estudios internacionales ha demostrado que a día de hoy 'hay pocas evidencias de daños'", dice el director Polly Carmichael, que está controlando los progresos de 44 jóvenes que iniciaron en 2011 el bloque hormonal de la pubertad, garantizando que toda la documentación científica disponible ha sido discutida con las familias. Y sin embargo, los médicos aseguran que muchos niños han aceptado cambiar de sexo tras haber sido objeto de acoso homofóbico, ya que muchos de ellos no estaban seguros de su orientación sexual. The Guardian ya se había ocupado de este tema: un informe del año pasado, firmado por el ex jefe de personal de la clínica Tavistock, David Bell, había puesto en evidencia el hecho de que algunos niños habían asumido una identidad trans como solución "a múltiples problemas como abusos en el ámbito familiar, el luto, la homofobia y una incidencia muy significativa del trastorno del espectro autista", a menudo tras haber tenido acceso a "recursos online". Unos meses más tarde, el psicoanalista Marcus Evans dimitió de la clínica porque consideraba que los médicos ofrecían como "solución rápida" a cualquier problema la reasignación de género,opinión que compartía un grupo de padres convencidos de que la clínica empujaba a los jóvenes "a decisiones que les cambian la vida sin valorar antes, plenamente, su historia personal".
Sesiones de tres horas
Pero en los testimonios recogidos por The Times hay mucho más. Los médicos consideran que algunos niños gays o con identidad sexual confundida han sido, por defecto, diagnosticados como "transgénero" y dirigidos al tratamiento con bloqueadores hormonales a partir de los dieciséis años. Un tratamiento "reversible" según la clínica, dado que basta suspenderlo para que el cuerpo retome su desarrollo. Sin embargo, nadie conoce el efecto que tiene a largo plazo sobre el desarrollo del cerebro: el mismo GIDS, paradójicamente, lo confirma cuando afirma que el enorme aumento de jóvenes que quieren someterse a tratamientos de género es de los últimos años; antes, los números eran muy bajos y era difícil "recoger pruebas suficientes para valorar de manera exhaustiva los recorridos terapéuticos". (Pincha aquí para leer la aportación de Michael Cook sobre esta cuestión.)
Por su parte, el departamento de Sanidad asegura que la clínica está sujeta a "inspecciones, monitorización y regulación". Pero, ¿por qué el número de estos jóvenes ha aumentado tan vertiginosamente? Antes, explican los médicos a The Times, los terapeutas tenían a su disposición meses para intentar comprender y resolver los problemas antes de tomar la decisión sobre la intervención médica a realizar; hoy, en cambio, la regla es iniciar la terapia hormonal en niños y adolescentes muy jóvenes después de sesiones de tres horas.
En su opinión, se trata de niños sanos, medicados a causa de las presiones del lobby transgénero y la angustia de los padres. Un medico habla, incluso, de "terapias de conversión para los niños gays": "A menudo he tenido casos en los que un paciente ha empezado a identificarse como trans después de haber sufrido actos de acoso homofóbico".
"No soy lesbiana, soy varón"
En el pasado, eran casi todos varones; hoy miles de mujeres jóvenes tiene una repentina crisis de identidad de género: "Muchas jóvenes lesbianas se sentían la última rueda del carro hasta que descubrieron que podían ser más populares si se identificaban como trans", siguen los médicos.
"Un montón de chicas entran en la clínica diciendo: 'No soy lesbiana. Me he enamorado de mi mejor amiga, pero luego me he conectado con internet y he comprendido que no soy lesbiana, sino que soy un chico. Uff'".
Para algunas familias "es más fácil traernos a sus hijos diciendo: 'Este es mi hijo, por favor, arréglenlo', que afrontar un problema de homosexualidad".
Según los médicos, en la clínica Tavistock los cuerpos de los niños son dañados ni más ni menos que para "tratar los problemas de la sociedad". A este respecto, recuerdan el caso de un niño de trece años cuyos padres insistían para que recibiera los bloqueadores hormonales de la pubertad. Ante la negativa del médico, uno de los padres, abogado, escribió cartas amenazadoras a la clínica y el niño, al final, inició la terapia. "En el futuro habrá un montón de trans que desearán 'detransicionar', sentirán su cuerpo mutilado y se preguntarán: '¿Por qué habéis dejado que me haga esto?'".
Entre consentimiento informado y YouTuber
Los cinco médicos han manifestado su preocupación por el escaso conocimiento que tienen los jóvenes y sus familias sobre el impacto que tendrá la terapia hormonal en la fertilidad y la función sexual cuando sean adultos: en el GIDS no es posible hablar de "consentimiento informado", porque discutir de las consecuencias futuras es un tema tabú.
A menudo, los jóvenes entraban entusiasmados tras haber seguido a Alex Bertie, un transexual YouTuber, y visto My Life: I Am Leo [Mi vida: soy Leo], un documental sobre un adolescente transexual emitido por la CBBC, convencidos de que la transición es fácil e indolora, como en una serie de televisión. Pero, "¿somos un servicio para niños con disforia de género, un trastorno médico, o somos un servicio para 'niños transgénero'?"
"¿Un chico vivo o una chica muerta?"
Por alusiones, Mermaids, el grupo de presión transgénero más importante, insiste en afirmar que no "favorece", "incita" o "empuja" a los jóvenes que se identifican como transgénero a someterse a una intervención médica. Lo mismo vale para las asociaciones Gendered Intelligence y Gender Identity Research and Education Society (Gires).
Sin embargo, los médicos, que han valorado a miles de jóvenes que se han dirigido al GIDS, aseguran que las familias, aconsejadas por los activistas, pedían sistemáticamente que sus hijos fueran dirigidos a los tratamientos hormonales: "Mermaids siempre les dice que es una cuestión de vida o muerte. '¿Prefieren un chico vivo o una chica muerta?': el discurso de Mermaids está en todas partes", afirma un ex empleado, que acusa al grupo de explotar la angustia de los padres para promover su agenda.
"No son un grupo de apoyo, es un grupo de presión. Durante las sesiones se sentaban en la sala de espera del exterior". Los médicos denuncian las presiones ejercidas por las organizaciones transgénero a los miembros del personal de la clínica, hablan de cartas de reclamación, todas iguales, que parecen escritas por la misma mano (Mermaids ha admitido apoyar a las familias en los procesos de reclamación).
"Experimento no autorizado sobre niños"
Durísimo ha sido el comentario del profesor Carl Heneghan en relación a los fármacos para niños que "a menudo requieren un uso no autorizado, es decir, un uso para el que el fármaco no ha sido aprobado"; "los niños no son adultos pequeños. Su fisiología crea desafíos únicos que aumentan los riesgos, y un uso no autorizado de un fármaco puede tener consecuencia graves y potencialmente letales".
Según Heneghan, dada la escasez de pruebas científicas que lo apoyen, el uso no autorizado de los fármacos que se verifica en la disforia de género se traduce, en la mayoría de los casos, en "un experimento en vivo, no regulado, sobre niños". Las pruebas que hay a disposición, explica el profesor, proceden de estudios pequeños, son más bien retrospectivas más que prospectivas, y han perdido un número considerable de niños en el seguimiento de control.
"La falta de pruebas en la disforia de género no me sorprende. Lo que sí me sorprende, es que hayamos delegado la responsabilidad de la toma de decisiones que cambian la vida en una clínica y en unos médicos sin que haya directrices nacionales en vigor. Y que hayamos aceptado que personas que se enfrentan a situaciones angustiosas que cambian la vida estén mal informadas".
¿Y en Italia?
Mentes adultas en cuerpos infantiles: por ahora este es el único efecto seguro de los bloqueadores hormonales de la pubertad. E Italia no puede decir que esté exenta de una reflexión sobre la triptorelina, el fármaco que acaba de ser incluido en el servicio sanitario nacional, a pesar de la falta de estudios clínicos y de seguimiento a largo plazo.
Eliminada la co-morbilidad que acompaña a la disforia de género (ansiedad, depresión, falta de aceptación de uno mismo, actitudes de autolesión, tendencias suicidas, trastornos del espectro autista) como mera "consecuencia negativa de una falta de transición, o de una transición demorada", la triptorelina, creada para bloquear la pubertad precoz o patológica, ahora será utilizada, gratis, para bloquear la pubertad fisiológica en niños de 12 años a los que se les haya diagnosticado disforia de género. Hasta los 16, cuando chicas sin pecho o menstruación, o chicos sin vello, con el volumen de los genitales reducido o sin nuez de Adán, podrán decidir a qué género "sienten" que pertenecen.
Todo a cargo del Estado, con la aprobación del Aifa, el organismo de vigilancia farmacológica nacional, y del Comité nacional de Bioética, que ha aprobado la institución de "un estado natural de primera pubertad, un limbo", como lo llaman los expertos, con un solo voto en contra, el de la profesora Assuntina Morresi.
miércoles, 3 de abril de 2019
There is an alarming growing epidemic of gender dysphoria
Transgender tyranny is the next terrible step in the sexual revolution
by Fr. Shenan J. Boquet
Disturbing new data from the U.S. Centers for Disease Control (CDC) highlight the grave dangers that the transgender ideology poses to children. A new survey of 131,901 public school students has found that nearly 2 percent of students in grades 9–12 identify as "transgender." That translates into a staggering number of teenagers suffering profound confusion about their identity and all the accompanying psychological and physical risks.
Disturbing new data from the U.S. Centers for Disease Control (CDC) highlight the grave dangers that the transgender ideology poses to children. A new survey of 131,901 public school students has found that nearly 2 percent of students in grades 9–12 identify as "transgender." That translates into a staggering number of teenagers suffering profound confusion about their identity and all the accompanying psychological and physical risks.
While reliable statistics about the rates of transgenderism among high school students across time are hard to come by, more and more data suggest that there is an alarming, and rapidly growing epidemic of gender dysphoria (the clinical term for this psychological disorder) among young people.
The Canadian Broadcasting Corporation (CBC), for instance, recently reported that children's clinics in Canada are seeing an "exponential growth" in cases of teenagers "who don't identify as the sex they were born with." A doctor at one leading children's hospital, CHEO in Ottawa, told the CBC that ten years ago the clinic might see one or two children a year seeking to "change" their gender. Last year, they saw 189 such children. In 2013, British Columbia's Children's Hospital saw 20 children seeking transgender "treatments." Last year they saw 240.
Similar increases are being seen in other countries. In the UK, officials are investigating the reasons behind a stratospheric increase in teenagers seeking "treatments" to become another gender in the past 10 years. According to The Telegraph, in 2009–10, there were just 40 girls seeking transgender "treatments" in the UK. In 2017–18, that grew to 1,806, an increase of 4,500%. Meanwhile, "referrals for boys have risen from 57 to 713 in the same period," reports The Telegraph — an increase of 1,250%.
However, instead of seeking to identify environmental factors that may be causing this rapid increase, many clinics and doctors are instead rushing to "treat" these children using drastic, and in many cases irreversible interventions.
CHEO Hospital in Ottawa is just one hospital engaging in macabre experimentation on children suffering gender dysphoria. As the CBC reports: "At the clinic, patients from eastern Ontario and western Quebec are seen by a team of doctors who treat them with hormone blockers, hormone therapy and, in some cases, surgery to transition from one gender to another."
In other words, the clinic is taking children and teenagers who have either not yet gone through puberty, or who have but are still coming to terms with their sexuality (a confusing process at the best of times!) and interfering with their natural biological processes or mutilating their bodies in irreversible ways — confirming these children in an identity that is associated with a host of negative physical and psychological outcomes.
Transgender Pressure as Child Abuse
A recent report from the UK has raised serious red flags about the speed with which one children's clinic — the Tavistock Gender Identity Development Clinic — is prescribing these drastic, unproven and unstudied "treatments" for children, often without making any substantial effort to identify or treat underlying problems that may be contributing to the child's experience of gender dysphoria.
The report was compiled by David Bell, a staff governor at the Tavistock and Portman NHS Foundation Trust, which has oversight of the clinic. According to The Sunday Times, the report found that many children "take up a trans identity as a solution" to "multiple problems such as historic child abuse in the family, bereavement ... homophobia and a very significant incidence of autism spectrum disorder." The report provides several examples of cases where the patient's gender dysphoria could reasonably be traced to factors in their environment, and that could be addressed with normal psychological treatments. In one case, for instance, a girl felt so guilty after the death of her brother that she decided to give her parents "their son back" by transitioning.
Staff at the clinic reported, however, that they often couldn't even attempt to address potential underlying causes, since the pressure to "affirm" the child in his new "gender identity" is so strong. In many cases, they reported, children have clearly been "coached" by transgender activists what to say. As a result, says the report, the clinic is providing "woefully inadequate" care, with some staff members expressing "very serious ethical concerns" about the fact that children are being pushed towards dramatic and irreversible procedures with little knowledge about the long-term impact. According to report, in some cases children were being prescribed hormones after just a single session at the clinic.
The clinic, as reported by The Times, "is exposing young patients to 'long-term damage' because of its 'inability to stand up to the pressure' from 'highly politicised' campaigners and families demanding fast-track gender transition[.]" In other words, weak-kneed doctors and health care workers are perpetuating child abuse because of the political pressures they are under.
On the other hand, staff members have very good reasons to be afraid of this "pressure" from "highly politicised" campaigners. Transgenderism is the new sacred cow of liberal progressivism. A decade ago most people had never even heard of transgenderism, or if they did, they scarcely gave it any thought. Now, we are immersed in it, and even to question the flagrantly anti-scientific and extremist transgender ideology is to risk immediate and public consequences, including loss of jobs, public shaming and — increasingly — visits from the police or even arrest.
In one horrific recent case, a Canadian judge ruled that a father couldn't prevent doctors from giving his daughter hormones to help her "transition" to become a boy against his wishes. In another case, a construction worker was arrested for laughing at a "transgender woman" — i.e. a biological man dressed as a woman. Then there's the case of a 38-year-old woman who was arrested in front of her children for arguing with a transgender activist on Twitter. Then there's tennis legend Martina Navratilova, a feminist who is fully on board with the LGBT agenda — except for one thing. Recently, she dared to question whether biological men should be permitted to compete in women's sports. She was promptly kicked off the board of Athlete Ally — a leading homosexual activist organization — and vilified by LGBT activists and media.
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martes, 2 de abril de 2019
La prohibition de la discrimination: le droit se voit corrompre par cette éthique de l’intention
Le livre de Thibault Mercier :
pouvoir discriminer ou se dissoudre et disparaître
Par Michel Janva
Le livre de l’avocat Thibault Mercier Athéna à la borne. Discriminer ou disparaître ? (Editions Pierre-Guillaume de Roux, 2019) affronte bille-en-tête le totem peut-être le plus sacré de notre société, la prohibition de la discrimination ; cette faculté, comme la définissait le Larousse d’avant normalisation linguistique, de discerner et de distinguer. On ne saurait reprocher à ce livre que d’être parfois un peu court : il y a tant à raconter et instruire !
Il commence par un historique de la mise en place de la législation antidiscriminatoire, avec, bien sûr, la loi dite « Pleven » de 1972 qui inscrit pour la première fois ce principe dans le droit pénal français, au titre de quatre critères : l’ethnie, la nation, la race, la religion. La Nation française, à ce titre, ne peut donc plus distinguer le citoyen de l’étranger. Autrement dit, la fin de la préférence nationale. Mais à quoi peut donc bien servir la Nation si elle ne préfère pas ses citoyens ? Bien évidemment, comme pour toute la législation sur la discrimination, la réalité n’est jamais entièrement conforme : le droit de vote est bien (encore) discriminatoire entre Français et étrangers (avec quelques applications d’une citoyenneté « européenne ») ; et on n’aura jamais connu une telle floraison de concepts « citoyens » (grand débat, initiative, participation, démarche…) que depuis que l’effectivité de son contenu a été en partie vidée de son sens…
Le législateur a ensuite obsessionnellement enrichi l’article 225-1 du Code pénal et les critères retenus pour combattre l’hydre discriminatoire, le petit dernier étant « l’identité de genre » ajouté en 2016, Hollande regnans. Prenons notre souffle :
« Constitue une discrimination toute distinction opérée entre les personnes physiques sur le fondement de leur origine, de leur sexe, de leur situation de famille, de leur grossesse, de leur apparence physique, de la particulière vulnérabilité résultant de leur situation économique, apparente ou connue de son auteur, de leur patronyme, de leur lieu de résidence, de leur état de santé, de leur perte d’autonomie, de leur handicap, de leurs caractéristiques génétiques, de leurs mœurs, de leur orientation sexuelle, de leur identité de genre, de leur âge, de leurs opinions politiques, de leurs activités syndicales, de leur capacité à s’exprimer dans une langue autre que le français, de leur appartenance ou de leur non-appartenance, vraie ou supposée, à une ethnie, une Nation, une prétendue race ou une religion déterminée ».
23 critères !
Le Défenseur des droits, Jacques Toubon ex-RPR nommé par François Hollande –tiens, encore lui- et illustration emblématique et concomitante du syndrome de Stockholm et de la vieillesse-qui-est-un-naufrage, fournit la généalogie de la constitution de cet arsenal dans son rapport 2016. Selon lui, toutes catégories confondues, en 2017, « on frisera la trentaine de critères. Cette profusion fait basculer le concept de critère prohibé de discrimination, fondé sur une caractéristique fondamentale de la personne protégée par l’Etat de droit, vers un inventaire de situations particulières ». Comme le démontre à l’envi la prolifération quasi-cancéreuse du sigle créé par les homosexuels : LGBTQIA+… (QI n’ayant rien à voir avec quotient intellectuel, ni IA avec intelligence artificielle).
Bien évidemment, cette logorrhée se duplique dans les divers textes et jurisprudences internationaux auxquels la France aime s’assujettir. L’auteur rappelle ainsi cet arrêt de 2011 de la Cour de justice de l’Union européenne enjoignant les assureurs automobiles de ne plus accorder de tarifs moins chers aux femmes (moins accidentogènes que les hommes), au titre d’une pratique clairement discriminatoire à raison du sexe ; comme si toute l’activité assurantielle n’était pas fondée sur l’analyse parfaitement discriminante des facteurs de risque.
Le livre donne des éléments de réflexion intéressants sur les conséquences de cette passion et de la législation associée sur le corps social.
- La sexualisation et la racialisation de la société: on ne voit plus qu’à travers le sexe et la race. Le mètre-étalon en est la célèbre remarque de Mme Ernotte, présidente de France Télévisions en septembre 2015 : « On a une télévision d’hommes blancs de plus de 50 ans et cela, il va falloir que ça change ». Egalement, le commentaire du président Macron, en mai 2018 après la remise d’un plan Borloo pour les banlieues : « Que deux mâles blancs ne vivant pas dans ces quartiers s’échangent l’un un rapport, l’autre disant ‘on m’a remis un plan’… Ce n’est pas vrai. Cela ne marche plus comme ça ». Sexe et race (même si l’on sait que la race n’existe plus (cf chronique sur le Salon beige du 17 octobre 2018) sont devenus obsessionnels. Ainsi que la diversité (sous-entendu sexuelle et raciale). Il n’y a que le grand remplacement qui est interdit de séjour…
- La traque à, et la présomption de discrimination. Tout propos, tout écrit sont maintenant systématiquement passés par le crible des pourchasseurs de discriminations, l’élément déclencheur étant souvent le soupçon d’une stigmatisation. Dont le travail a été rendu plus facile par la possibilité d’ester en justice qui a été accordé aux associations comme à la possibilité plus récente d’actions de groupes. Et sans compter les travaux du Défenseur des droits ou de la DILCRAH : Délégation interministérielle à la lutte contre le racisme et l’antisémitisme, créée en 2012 et élargie à la lutte contre la haine et les discriminations anti-LGBT en 2016 (Hollande toujours). Et travail enrichi tant par les prises de positions à jet continu sur les chaînes d’information permanente que par l’usage des réseaux sociaux.Et le mis en cause est maintenant coupable de présomption de discrimination selon le processus du renversement de la charge de la preuve acté par le conseil de l’Union européenne du 27/11/2000.
« Le droit se voit corrompre par cette éthique de l’intention qui ruine le libre arbitre intime. Il s’agit alors de changer les citoyens directement dans leur for intérieur, par la contrainte judiciaire et légale, mais aussi morale. Le juge n’est plus tenu de s’arrêter de lui-même au seuil de la conscience foncière de l’être qui devrait demeurer un refuge intime, arbitraire et inviolable. La faculté d’arbitraire, qui était l’apanage du sujet de droit est devenue par inversion l’apanage du juge »
(Dans un autre domaine, Jacques Toubon tweettait en novembre 2017 :« En cas de harcèlement sexuel, c’est à l’auteur des faits de démontrer devant la justice qu’il n’y a pas eu harcèlement »).
Ainsi, si « l’ancienne loi d’interdiction ne faisait que réprimer publiquement les conduites visibles considérées communément comme répréhensibles, désormais, la nouvelle loi d’autorisation se donne pour objectif, impossible à atteindre, d’obtenir de manière vérifiable la disparition des sentiments et jugements défavorables à l’égard de ces conduites. D’où la dérive inquisitoriale tant des juges que des médias qui somme chacun de manifester son approbation à quelque chose qu’il peut pourtant réprouver en son for intérieur. »
- Une dissolution des structures naturelles et de la loi au profit exclusif de l’individu: la personne était unique, singulière, différenciée, prise avec ses défauts et ses qualités multiples et particuliers qui la rendaient irremplaçable. Elle est remplacée par l’individu qui est, au sein d’un genre ou d’une espèce tout être vivant indépendant ayant les caractéristiques de ce genre ou de cette espèce. Sans plus aucune notion de différenciation ni d’humanité. L’obsession de la non-discrimination, c’est la négation de tout héritage, la dissolution de l’identité. La seule référence commune devient celle deconsommateur. De même, l’Etat se dissout également au profit de l’individu, voire des minorités. Et l’idée de nation se dissout dans celle de communautés. Emmanuel Macron lors de sa campagne présidentielle à Marseille avait dit : « Je vois des Arméniens, des Comoriens, des Italiens, des Algériens, des Marocains, des Tunisiens, des Maliens, des Sénégalais, des Ivoiriens ». Appliquée à la construction européenne, cette notion de dissolution est parfaitement traduite par Régis Debray : « À force de vouloir accueillir toutes les identités, l’Europe n’a plus d’identité » (Le Figaro, 30/03/2019). Enfin, le droit lui-même se trouve également dissous. La justice et le droit ne sont plus une affaire commune mais individuelle.
« Le droit ne se définissait pas à l’origine comme un ensemble de règles et de normes applicables à l’individu, mais plutôt comme un art visant à déterminer les moyens d’arriver à l’équité dans les rapports entre les personnes. Aujourd’hui, la loi supporte la conversion en « droit » de toute espèce d’exigence, de désir ou d’intérêt. Le droit s’en trouve ainsi bouleversé, contraint de s’adapter à toutes les situations exceptionnelles. …. On voit apparaître une des causes du délitement du lien social en Europe occidentale, l’avènement d’une génération composée d’individus qui considèrent que leurs droits individuels prévalent sur l’intérêt général. Chacun cherche à maximiser son intérêt personnel, chacun peut faire plier la nation sous le poids de son désir égoïste. »
In fine, le bien commun a été dissous au profit des désirs individuels.
- Les gens en sont-ils plus heureux ? Pas du tout, au contraire : nous vivons jour après jour la montée des antagonismes et la compétition victimaire, engendrant un sentiment persistant de mécontentement: la compréhension du corps social s’effectue à partir d’une analyse constante en termes de dominants/dominés, de bourreaux/victimes, d’oppresseurs/opprimés. Où règne le principe du « plus discriminé que moi, tu meurs ». Entre 2012 et 2017, le Défenseur des droits rappelle que la liste des critères a été étendue en créant en moyenne un critère de plus par an « pour répondre dans l’instant à diverses attentes ». Et d’où aussi le fait que chaque sentiment de discrimination est qualifié par la minorité adhoccomme étant « d’une exceptionnelle gravité » ; la passion antidiscriminatoire ignore tout d’un attribut pourtant essentiel de la vie sociale, le sens de l’humour.
De ce fait, on a vu monter la « haine », ce mot, guère employé avant les années 1980, qui est devenu le mantra de notre société. Tout est haine, tout est haineux. Conséquence explicite de l’interdiction d’exercer sereinement la faculté de discernement et d’en discuter.
La raison essentielle, depuis l’interdiction des discriminations jusqu’à la transformation des « droits de l’homme et du citoyen » en droits de l’individu (homme et citoyen ayant disparu dans cette grande dissolution), est la négation assidue de la réalité ; le refus obstiné de voir le réel, prégnant comme une idéologie. Plus de transcendance ni de la nation, ni de la famille. L’auteur constate cette « unité qui relie l’individualisme, le subjectivisme et le relativisme, conspirant à la négation du primat de la réalité ». Le réel est écrasé par la volonté devenue toute-puissante de l’individu. Et, pour revenir au niveau de la Nation, par ce droit qui devient celui de l’individu accouplé à la dictature des minorités, lesdroits de l’homme deviennent le droit pour l’étranger d’imposer ses mœurs et coutumes aux citoyens autochtones.
lunes, 1 de abril de 2019
According to Gramsci, “in politics, the ‘war of position’, once won, is decisive definitively.”
Antonio Gramsci: the Godfather of Cultural Marxism
by Bradley Thomas

Gramsci wrote in the 1930s of a “war of position” for socialists and communists to subvert Western culture from the inside. Gramsci viewed churches, charities, the media, and schools as organizations that needed to be invaded by socialist thinkers.
There’s little debate that modern-day American universities, public education, mainstream media, Hollywood, and political advocacy groups are dominated by leftists. This is no accident, but part of a deliberate strategy to pave the way for communist revolution developed more than eight decades ago by an Italian political theorist named Antonio Gramsci.
Described as one of the world’s most important and influential Marxist theorists since Marx himself, if you are not familiar with Gramsci, you should be.
The Italian communist (1891 – 1937) is credited with the blueprint that has served as the foundation for the Cultural Marxist movement in modern America.
Later dubbed by 1960s German student activist Rudi Dutschke as “the long march through the institutions,” Gramsci wrote in the 1930s of a “war of position” for socialists and communists to subvert Western culture from the inside in an attempt to compel it to redefine itself.
Gramsci used war metaphors to distinguish between a political “war of position”—which he compared to trench warfare—and the “war of movement (or maneuver),” which would be a sudden full-frontal assault resulting in complete social upheaval.
A Shift in Strategy
In the 1998 book The Antonio Gramsci Reader, edited by David Forgacs, Gramsci’s development of a new form of strategy for ushering in the socialist revolution is made clear.
Gramsci argued that the Bolshevik Russian revolution of 1917 worked because the conditions were ripe for such a sudden upheaval. He described the Russian revolution as an example of a “war of movement” due to its sudden and complete overthrow of the existing governing structure of society. Gramsci reasoned that in Russia in 1917, “the state was everything, civil society was primordial and gelatinous.”
As such, a direct attack on the current rulers could be effective because there existed no other significant structure or institutions of political influence that needed to be overcome.
In Western societies, by contrast, Gramsci observed that the state is “only an outer ditch” behind which lies a robust and sturdy civil society.
Gramsci believed that the conditions in Russia in 1917 that made revolution possible would not materialize in more advanced capitalist countries in the West. The strategy must be different and must include a mass democratic movement, an ideological struggle.
His advocacy of a war of position instead of a war of movement was not a rebuke of revolution itself, just a differing tactic—a tactic that required the infiltration of influential organizations that make up civil society. Gramsci likened these organizations to the “trenches” in which the war of position would need to be fought.
The massive structures of the modern democracies, both as state organizations, and as complexes of associations in civil society, constitute for the art of politics as it were the "trenches" and the permanent fortifications of the front in the war of position: they render merely "partial" the element of maneuver which before used the "the whole" of war, etc.Gramsci argued that a “frontal attack” on established institutions like governments in Western societies may face significant resistance and thus need greater preparation—with the main groundwork being the development of a collective will among the people and a takeover of leadership among civil society and key political positions.
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