martes, 15 de octubre de 2013

Cristina, como los personajes de Sófocles, huye hacia adelante como si buscara un destino catastrófico que no se siente capaz de evitar.


El derrumbre de la era Kirchner


por Álvaro Vargas Llosa



La política argentina es ininteligible sin sopesar el factor trágico, en el sentido helénico, con su carga de crimen y castigo, de caída del héroe que desafía a los dioses. La repentina operación de Cristina Kirchner por un problema cerebrovascular, fruto de un traumatismo sufrido en agosto y que se había mantenido oculto, es un episodio profundamente argentino. Como lo es la permanente sensación, ampliada con este episodio, de que Cristina, como los personajes de Sófocles, huye hacia adelante como si buscara un destino catastrófico que no se siente capaz de evitar.

Todos los elementos de una tragedia sofocliana están ahí: la jefa de la tribu peronista y presidenta del país, que hace apenas dos años resultó reelecta con 54 por ciento de los votos, se ve obligada a operarse y guardar reposo por varias semanas en el preciso momento en el que todo se derrumba: las relaciones exteriores, las finanzas, las encuestas y la tercera elección consecutiva. Todo en ella tiende a la desmesura, al apocalipsis, nada puede ser normal. Y la sucede, bajo una forma ambigua que nadie entiende del todo, un vicepresidente, Amado Boudou, que es objeto de causas judiciales por corrupción, de marginación política a manos de los propios kirchneristas y del desencanto de la mandataria, que lo colocó allí a partir de una decisión inconsulta de cara a los últimos comicios. Tan es así que es y no es presidente interino, es y no es encargado temporal de la presidencia.

Este es el escenario estrambótico en el que se desarrollarán los días finales de la campaña electoral que el 27 de octubre, y a menos que la tragedia griega derive en teofanía (para seguir con el símil helénico), sepultará la era Kirchner en las urnas, cancelando de forma definitiva toda posibilidad de perpetuación en el poder.

El peronismo, como recuerdan de tanto en tanto diversos analistas, perdona la traición, pero no la derrota. Por eso poco antes de que, en agosto pasado, las primarias relacionadas infligieran un castigo electoral a la presidenta, empezaron a ser evidentes las movidas de muchos peronistas para buscarse un futuro “post-Cristina”. La mandataria, a pesar de la adulación de que es objeto entre sus fieles, transmitía una imagen de creciente aislamiento. La pregunta es: ¿acelerará la relativa salida de circulación de la presidenta este proceso o la frenará?
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