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"Dios nos contempla en Cristo como hijos adoptivos", continuó Benedicto XVI, y ese "designio de benevolencia" de la carta a los Efesios, que San Pablo llama también "designio de amor" y "misterio de la voluntad divina", permaneció escondido hasta que se manifestó "en la persona y la obra de Cristo".
"Pero ¿cuál es la finalidad última de este designio misterioso? ¿Cuál es el centro de la voluntad de Dios?". Aquí el Papa evocó a su antecesor Giuseppe Sarto (1903-1914): "Tal vez alguno de vosotros recuerde la fórmula empleada por el Papa San Pío X para la consagración del mundo al Sagrado Corazón de Jesús, Instaurare omnia in Cristo[Instaurarlo todo en Cristo]", eco del paulino "reconducir a Cristo todas las cosas" (Ef 1, 10).
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