Pánico en la Casa Rosada
por James Neilson
por James Neilson
Hay que sentir piedad por quienes sirven al gobierno nacional. Para mantenerse en sus puestos, todos, desde el ministro más encumbrado hasta el ordenanza a cargo del té presidencial, tienen que complacer a una jefa que es terriblemente exigente y que no tolera la más mínima desviación del libreto que ella misma ha escrito. Por lo demás, parecería que es bastante caprichosa, proclive a cambiar de opinión por motivos misteriosos, lo que obliga a sus dependientes a procurar adivinar lo que quiere de ellos.
Habrá sido por eso que, al acercarse el día calificado, con espíritu belicista, de "7D", la fecha fijada por el gobierno para el desmembramiento definitivo del monstruo que se llama Clarín, los soldados de Cristina se han prestado a una extraña competencia para ver cuál de ellos puede proferir la barbaridad más impactante y de tal modo anotarse algunos puntos en la interna oficialista. El enemigo a derrotar ya no es Clarín, es la Justicia.
Habrá sido por eso que, al acercarse el día calificado, con espíritu belicista, de "7D", la fecha fijada por el gobierno para el desmembramiento definitivo del monstruo que se llama Clarín, los soldados de Cristina se han prestado a una extraña competencia para ver cuál de ellos puede proferir la barbaridad más impactante y de tal modo anotarse algunos puntos en la interna oficialista. El enemigo a derrotar ya no es Clarín, es la Justicia.
- ¿Ganará el ministro correspondiente, Julio Alak, por haber aseverado que una eventual medida cautelar que no le agradara equivaldría a un "alzamiento"?
- ¿Se impondrá el diputado Carlos Kunkel, un personaje que se hubiera sentido a sus anchas en la Unión Soviética de Stalin, por advertirnos que la maldita "corporación judicial" está preparando un "golpe institucional para romper la continuidad de la democracia en la Argentina"?
- ¿O logrará otro militante oficialista, alguien como el temible Aníbal Fernández, derrotar a sus rivales diciendo algo que sea aún más apocalíptico?
Para Cristina, la tibieza es síntoma de deslealtad, de suerte que los deseosos de merecer su aprobación, aunque sólo fuera por un par de días, no tienen más alternativa que la de llamar la atención a su presunto fervor anticlarinista y antijudicial.
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