jueves, 6 de diciembre de 2012

A los 15 años había quemado la Biblia. La inevitabilidad de su muerte, así como la constatación de la riqueza del cristianismo, le condujeron a un paso decisivo


Peter, hermano del célebre ateo Christopher Hitchens,
se convirtió ante un cuadro del Juicio Final

Sara Martin




Una tarde de primavera de 1967, Peter, de quince años, salió a jugar al campo de su colegio en Cambridge. Sacó la Biblia de su mochila y le prendió fuego, en un acto simbólico y real de rechazo contra todo lo que, a lo largo de su infancia y adolescencia, su familia le había animado a creer. Pero la Biblia no ardió con rapidez y fiereza, como él esperaba. Sólo después de soplar un buen rato consiguió que el libro se inflamara del todo, aunque, lamenta, se quedó «con un desagradable y medio carbonizado lío, y todo mi público se había marchado antes de que eso sucediera». 

Esta historia podría ser quizá una de tantas si no fuera porque quien la cuenta es hermano de uno de los ateos más conocidos y reputados de las últimas décadasChristopher Hitchens, fallecido hace apenas un año y autor de libros como Dios no es bueno: alegato contra la religión, ¿Es el cristianismo bueno para el mundo? o Dios no existe. El hermano de Christopher, Peter, siguió sus pasos rápidamente como respuesta a su ambiente familiar. «Me comprometí con una rebelión completa y perfecta contra todo lo que había sido educado para creer», explica. 

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